José Encarnación Medina, “Chon”: recuerdos de un minero
Por: María del Carmen Figueroa Soto, Cronista Municipal
Hay historias que merecen ser recuperadas, no solamente por los datos que contienen, sino porque fueron contadas por quienes las vivieron.
En 2015 tuve la oportunidad de platicar con un querido vecino de Cananea Vieja, don José Encarnación Medina, conocido cariñosamente como “Chon”, compadre de mis padres y un hombre profundamente ligado a este antiguo sector de Cananea.
Don Chon falleció en 2020, pero antes de partir dejó un testimonio que hoy vale la pena volver a compartir, especialmente en un momento en que Cananea Vieja busca ser reconocida como Barrio Mágico.
Durante aquella conversación, me habló de su barrio y expresó una reflexión que permanece en mi memoria:
“A este barrio de Cananea Vieja no lo han tratado como se merece. Aquí hay mucha historia. Fue el primer asentamiento y lo han dejado en el olvido. Debiera ser considerado como una joya. Sin dudarlo… demasiada historia, grandes gentes”.
Sus palabras hablaban de un sentimiento compartido por quienes durante décadas han visto pasar el tiempo sobre las calles y construcciones de Cananea Vieja, mientras permanecen allí las historias de muchas generaciones.
José Encarnación Medina nació el 15 de abril de 1928, en Nacozari, Sonora. Estuvo casado con Lidia Acuña Galván, con quien formó una familia. Sus hijos fueron Ramón, Francisco, Alejandro, Norma, Irma, María Reyes y Encarnación.
Don Chon comenzó su vida laboral en la minería el 10 de abril de 1957. Tenía entonces 29 años. Sus primeros años transcurrieron en la mina subterránea de Cananea, donde conoció directamente las condiciones de trabajo y los sistemas utilizados para extraer y transportar el mineral.
En mayo de 2015, cuando conversamos, tenía 87 años y conservaba con extraordinaria claridad los recuerdos de aquellos años.
Recordaba que la entrada a la mina se encontraba dónde estaban las oficinas y que los trabajadores descendían mediante jaulas accionadas por motores.
Él trabajó en el frente número 50, donde había chutes para cargar las góndolas que transportaban el mineral. Estas eran arrastradas mediante motores eléctricos hacia las áreas donde el material continuaba su recorrido.
También recordaba las llamadas “bolsas”, estructuras de concreto utilizadas para recibir y almacenar el mineral, así como los malacates que permitían moverlo dentro de la mina.
Su explicación era la de un hombre que conocía aquel complejo sistema desde el lugar de trabajo y no desde los libros.
Hablaba de los diferentes niveles, de las frentes y de las dificultades que enfrentaban los trabajadores cuando las piedras quedaban atoradas en los chutes.
En esas circunstancias, los mineros tenían que realizar trabajos de gran riesgo para fragmentar las rocas y permitir nuevamente el paso del mineral.
Al recordar aquellos años, don Chon solamente dijo: “Hubo muchos accidentes. Yo, gracias a Dios, no sufrí ninguno”.
Entre sus recuerdos aparecían también los nombres de algunos de sus compañeros.
Recordaba a Pancho Rivera, quien operaba uno de los motores de mayor capacidad dentro de la mina y podía arrastrar hasta 15 góndolas de mineral. Mencionó también a Jesús Urrea y a otros compañeros con quienes compartió aquella etapa de su vida.
Entre sus jefes recordó a Leandro Fraijo, mayordomo general de la mina.
Son nombres que probablemente no aparecen en las grandes historias de la minería, pero forman parte de otra historia igualmente importante: la de los hombres que diariamente descendían a la mina para realizar un trabajo difícil y peligroso.
De la mina subterránea al Tajo Abierto
Uno de los aspectos más importantes del testimonio de don Chon es que vivió personalmente una transformación fundamental de la minería de Cananea.
La mina subterránea en la que trabajó cerró en 1962. A partir de entonces, la explotación continuó mediante el sistema de tajo abierto.
Don Chon no terminó allí su vida laboral.
Continuó trabajando en la actividad minera y permaneció en ella hasta 1986, de manera que su trayectoria permite seguir, a través de la experiencia de un solo trabajador, el tránsito de una etapa a otra de la minería cananense.
Comenzó descendiendo a las profundidades de la tierra y terminó formando parte de una nueva etapa de explotación a cielo abierto. La empresa le reconoció finalmente 30 años de servicio.
Entre sus recuerdos estaba también el de los niveles inferiores de la mina.
Don Chon hablaba particularmente del nivel 14 y del nivel 15, así como de una importante entrada de agua que, según recordaba, impidió continuar los trabajos en esa zona.
Explicaba que había bombas destinadas a controlar el nivel del agua y que una de las frentes fue posteriormente cerrada con cemento para contenerla. También recordaba que en aquella zona se encontraba mineral de gran riqueza.
Estos detalles forman parte de su testimonio oral, recogido en 2015, y deben entenderse como la memoria de un trabajador que conoció personalmente el interior de la mina.
“Ya casi no existen”
Quizá uno de los momentos más emotivos de aquella conversación fue cuando don Chon dejó de hablar de máquinas, niveles y mineral y comenzó a hablar de sus compañeros. Dijo:
“No he vuelto a ver a la mayoría de aquellos hombres con quienes trabajé en la mina subterránea”.
Había conocido a muchos trabajadores mayores que él. Para 2015, la mayoría ya había fallecido.
Él mismo pertenecía entonces a una generación que comenzaba a desaparecer.
Y ahí radica uno de los mayores valores de su testimonio: conservar la voz de quienes vivieron la minería desde el interior de la mina y no solamente desde la historia escrita sobre ella.
Cananea Vieja, una joya por descubrir
Han pasado once años desde aquella conversación.
Don Chon ya no está, pero sus palabras sobre Cananea Vieja siguen vigentes.
“Aquí hay mucha historia… debiera ser considerada como una joya”.
Hoy que se busca otorgar a este antiguo sector el reconocimiento de Barrio Mágico, vale la pena recordar que el valor de un barrio no está únicamente en sus edificios, sus calles o su antigüedad.
Está también en las personas que lo habitaron, en sus familias, en sus trabajadores y en las historias que se transmitieron de generación en generación.
José Encarnación Medina “Chon” fue parte de esa historia.
Fue vecino de Cananea Vieja, esposo, padre, minero y, sobre todo, testigo de una época que ya no existe.
Conoció la minería subterránea, descendió a sus niveles, trabajó entre motores, malacates, góndolas y chutes; vivió el cierre de aquella etapa y continuó su vida laboral cuando Cananea entró de lleno en la era del tajo abierto.
Hoy recupero aquella conversación con la certeza de que la memoria también es patrimonio.
Porque mientras existan personas dispuestas a contar lo que vivieron y cronistas dispuestos a recoger esas voces, Cananea Vieja seguirá contando su gran historia.
Testimonio de José Encarnación Medina “Chon”, recogido por María del Carmen Figueroa Soto en Cananea, Sonora, el 26 de mayo de 2015. Don José Encarnación Medina falleció en 2020.
