
Por: María del Carmen Figueroa Soto, Cronista Municipal
En la historia de Cananea existen personajes cuya trayectoria se encuentra profundamente ligada a la vida minera y al movimiento obrero de nuestra comunidad. Hombres que, desde diferentes responsabilidades, participaron en la construcción de una historia marcada por el trabajo, la organización sindical y la defensa de los derechos de los trabajadores.
Entre ellos se encuentra Don Agustín M. Pérez, considerado por el minero e historiador cananense Jesús Morales Tapia como uno de los obreros de la vieja guardia que vio nacer y desarrollarse el sindicalismo de los trabajadores de Cananea.
Morales Tapia, quien dedicó parte de su vida a investigar y escribir sobre la historia de nuestra ciudad, sus edificios y sus personajes, dejó escrita una semblanza titulada “Semblanza de un líder minero y destacado hombre de su tiempo”, en la que reconstruye buena parte de la trayectoria de Agustín Pérez.
Sus primeros años en la minería
Agustín M. Pérez nació el 31 de mayo de 1908, en Cucurpe, Sonora.
Su relación con la actividad minera de Cananea comenzó siendo muy joven. De acuerdo con la semblanza de Jesús Morales Tapia, el 23 de agosto de 1923 inició sus labores en el Campo Minero de Puertecitos, perteneciente a la Cananea Consolidated Copper Company.
Apenas unos meses antes, el propio Agustín Pérez había vivido un episodio que conservaría entre sus recuerdos durante toda su vida.
El Dr. José Alberto Durazo Díaz, en un trabajo publicado en 2017, recoge un relato atribuido a Don Agustín, en el que recuerda un accidente ocurrido el 2 de agosto de 1923, cuando viajaba en una góndola del tren de vía angosta que se dirigía hacia Puertecitos y La Campana.
Según su testimonio, el tren llevaba trabajadores y otras personas hacia los campos mineros cuando una de las góndolas se desprendió y comenzó a correr peligrosamente. Ante el temor de que el carro se precipitara al vacío, los pasajeros comenzaron a saltar. Agustín Pérez decidió hacerlo antes de llegar a una de las curvas y, al caer, recibió un fuerte golpe en la cabeza.
Años después recordaría aquel episodio con la particular manera de hablar que lo caracterizaba, incluso haciendo referencia humorística a la chalina roja con la que, según contó, lo cubrieron después del accidente.
Este testimonio tiene además un valor especial porque permite acercarnos al joven Agustín Pérez antes de convertirse en dirigente sindical: un trabajador que conoció desde muy temprano los riesgos y las condiciones de vida de quienes laboraban en los campos mineros.
Los primeros años como trabajador y sindicalista
Después de Puertecitos, Agustín Pérez trabajó para la misma empresa en Los Represos. En julio de 1926 ingresó al primer sindicato y, de acuerdo con el testimonio de Morales Tapia, fue separado de su trabajo por el superintendente de la Concentradora Vieja.
Temporalmente se ocupó entonces en una cuadrilla de miscelánea de la misma empresa. Después de sufrir un accidente profesional y recuperarse, enfrentó nuevamente dificultades para ser reincorporado.
Posteriormente trabajó como jornalero en el Departamento de Maderería, donde permaneció hasta 1929 como trabajador permanente. Ese mismo año volvió a ser reajustado, en medio de la depresión económica que afectaba a México y al mundo.
Más adelante trabajó de manera temporal en la reconstrucción de la Concentradora Vieja, pero nuevamente fue reajustado a finales de 1930.
Estos primeros años permiten comprender una parte fundamental de su posterior trayectoria. Agustín Pérez conoció personalmente los reajustes, los accidentes laborales, la inestabilidad del trabajo y las dificultades que enfrentaban los obreros para hacer valer sus derechos.
El nacimiento de un dirigente obrero
Su participación sindical comenzó a adquirir mayor relevancia a principios de la década de 1930.
El 3 de mayo de 1930, al constituirse el Gran Sindicato Nueva Orientación, Agustín M. Pérez fue designado secretario general, responsabilidad que desempeñó hasta finales de 1931.
El 2 de abril de 1932, esta organización se fusionó con otra asociación de trabajadores, dando origen al Gran Sindicato Obrero Mártires de 1906.
Agustín Pérez comenzó prestando sus servicios como oficinista dentro de la nueva organización, pero poco después asumió una responsabilidad de mayor trascendencia. El 21 de mayo de 1932 fue designado representante legal para atender y defender las demandas de los trabajadores sindicalizados.
El Lic. Francisco Córdova Romero, en su obra Perfil Histórico de Cananea, aporta otro dato fundamental para reconstruir esta etapa: señala que Agustín Pérez fue designado asesor jurídico por acuerdo de asamblea del 9 de julio de 1932.
A partir de entonces, el conocimiento de las leyes y particularmente de la legislación laboral se convertiría en una de las principales herramientas con las que defendería a los trabajadores.
Un autodidacta al servicio de los trabajadores
Jesús Morales Tapia destaca precisamente esta característica de Agustín Pérez. Lo describe como un autodidacta dentro de su profesión, conocedor de las leyes de México y, especialmente, de la Ley Federal del Trabajo.
Para él, el conocimiento jurídico no era solamente una preparación personal: era una herramienta para defender al trabajador. Su experiencia como minero, aunada a su conocimiento de la legislación laboral, le permitió desempeñarse como asesor, representante y gestor de los trabajadores durante varias décadas.
En diciembre de 1934, por designación de los trabajadores ferrocarrileros y mineros reunidos en una convención celebrada en Guaymas, Sonora, fue elegido representante del trabajo ante la Junta Federal de Conciliación número 1 de aquel puerto. Representación que concluyó el último día de 1935.
Posteriormente, en Cananea, continuó como asesor jurídico y, en julio de 1936, fue designado delegado regional del Comité Ejecutivo General del Sindicato Nacional de Mineros en el estado de Sonora, responsabilidad que desempeñó hasta junio de 1940.
Después regresó a la asesoría jurídica de la Sección 65.
También fue representante obrero suplente ante la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje, Grupo número 4, función que desempeñó durante los años de 1938 y 1939, ocupando frecuentemente la representación debido a las ausencias del titular.
Entre mayo de 1943 y los últimos meses de 1956 desempeñó simultáneamente las funciones de procurador de la Defensa del Trabajo y gestor obrero de la unidad sindical, responsabilidades que, de acuerdo con Morales Tapia, no eran incompatibles.
En 1960, por elección mayoritaria, asumió la Secretaría del Trabajo de la Sección 65, para posteriormente regresar nuevamente a su puesto de asesor jurídico.
Su participación en la vida sindical de Cananea
La influencia de Agustín Pérez no se limitó a la asesoría jurídica.
Jesús Morales Tapia le atribuye participación en la organización de grupos culturales vinculados con los trabajadores, señalando que tuvo intervención directa en la constitución de organismos que contribuyeron a fortalecer la vida sindical de Cananea.
Morales Tapia escribió que eran pocas las contrataciones colectivas de trabajo en las que no intervenía Agustín Pérez con sus conocimientos y consejos, generalmente en favor de la representación obrera.
Durante décadas, su experiencia fue puesta al servicio de distintas generaciones de trabajadores.
Su trayectoria también se extendió al ámbito de la justicia local. Se desempeñó como juez local suplente y posteriormente como juez propietario, cargo que asumió el 15 de febrero de 1965 y que desempeñó hasta el año de 1981.
Agustín Pérez y la visita del presidente Lázaro Cárdenas
Uno de los episodios más interesantes conservados en la memoria de Agustín Pérez corresponde a la visita del presidente Lázaro Cárdenas a Cananea, el 1 de junio de 1939.
Jesús Morales Tapia dejó por escrito un relato que le fue contado por el propio Agustín Pérez.
Según este testimonio, el general Cárdenas llegó al Palacio Municipal y posteriormente una comisión de mineros lo invitó a trasladarse a su recinto sindical, donde se encontraba reunida una asamblea.
Ya en la Sección 65, el secretario general propuso que se eligiera un presidente de debates. Los trabajadores propusieron al propio general Cárdenas y la asamblea respondió inmediatamente con su aprobación.
Durante la reunión, el presidente intervino en varias ocasiones y también participaron algunos integrantes de su comitiva, entre ellos el general Francisco J. Múgica.
Uno de los asuntos de mayor importancia tratados en aquella reunión fue el problema de los trabajadores afectados por silicosis, una enfermedad profesional particularmente grave entre los mineros.
De acuerdo con el relato transmitido por Agustín Pérez a Jesús Morales Tapia, los trabajadores plantearon directamente esta problemática al presidente Cárdenas y solicitaron su intervención. A partir de aquella gestión se acordó designar personal para atender el problema, en un proceso que contribuiría al reconocimiento de la silicosis como enfermedad profesional y a la atención de los derechos de los mineros afectados.
Al concluir la reunión, Agustín Pérez fue quien despidió al presidente Cárdenas y a su comitiva.
Este episodio permite apreciar la posición que para entonces había adquirido dentro del movimiento obrero de Cananea: no solamente como asesor, sino como uno de los hombres que participaban directamente en la interlocución entre los trabajadores y las autoridades.
También participó en la vida política
Su trayectoria sindical estuvo acompañada por una participación política que se remontaba, según Morales Tapia, a 1929, cuando formó parte del Partido Nacional Revolucionario.
Posteriormente perteneció al Partido de la Revolución Mexicana y, más adelante, al Partido Revolucionario Institucional, del cual Morales Tapia señala que fue fundador y para el que desempeñó diversas comisiones, entre ellas la de delegado del Comité Central Ejecutivo.
El reconocimiento a una vida dedicada al movimiento obrero
Agustín M. Pérez fue, ante todo, un hombre profundamente ligado a la vida de los trabajadores.
Su historia comenzó como la de tantos jóvenes que llegaron a los campos mineros en busca de trabajo. Conoció Puertecitos, Los Represos, Maderería y la Concentradora Vieja. Vivió reajustes, accidentes y dificultades laborales.
Pero aquella experiencia terminó convirtiéndose en conocimiento y compromiso.
Con el paso de los años se transformó en dirigente sindical, representante obrero, asesor jurídico, procurador de la Defensa del Trabajo, gestor, juez y consejero de varias generaciones de trabajadores.
Su muerte ocurrió el 31 de enero de 1992.
Jesús Morales Tapia escribió que aquel día fue de luto para el sindicato minero de Cananea y para los mineros que reconocían en él a uno de sus hombres más representativos.
Pero la historia de Agustín M. Pérez no terminó con su muerte.
En las instalaciones de la Sección 65 permanece una estatua erigida en su memoria. Allí, en el espacio donde durante décadas se discutieron los problemas de los trabajadores, se encuentra la representación de quien dedicó buena parte de su vida a defenderlos.
Su memoria también forma parte de la propia ciudad.
Hoy una calle de Cananea lleva el nombre de Agustín Pérez y se encuentra en la colonia Mártires de Cananea.
Este hecho adquiere un significado especial. En una ciudad cuya identidad se encuentra profundamente relacionada con la historia minera y con el movimiento obrero, el nombre de Agustín Pérez quedó incorporado al paisaje urbano junto a nombres que evocan a los Mártires de 1906.
No significa que Agustín Pérez perteneciera a aquella generación de 1906 —él nació dos años después de aquellos acontecimientos—, sino que su nombre quedó incorporado posteriormente a la memoria urbana de Cananea, compartiendo ese espacio con quienes protagonizaron una de las páginas más trascendentes de la historia obrera de nuestra ciudad.
De esta manera, una estatua y una calle mantienen viva su memoria.
Pero detrás de su nombre existe una historia mucho más grande: la de aquel joven que comenzó a trabajar en los campos mineros en 1923 y que, a través de su propia experiencia, estudio y esfuerzo, llegó a convertirse en uno de los dirigentes y asesores más importantes del movimiento obrero de Cananea durante el siglo XX.
Don Agustín Pérez fue un hombre de su tiempo, pero también dejó una huella que trascendió su época.
Hoy, al encontrar su nombre en una calle de Cananea y su figura en una estatua dentro de la Sección 65, encontramos también una parte de la memoria de los hombres que hicieron de la organización, el conocimiento y la defensa del trabajador una forma de vida.
