Arturo “El Oso” Rodríguez, Guardián de la memoria de Cananea

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Historiador y cronista cananense que dedicó parte de su vida a investigar, preservar y difundir la historia de su ciudad.

CANANEA, SONORA. — Hablar de la historia de Cananea también significa hablar de quienes, desde distintas épocas y perspectivas, asumieron la responsabilidad de investigar, conservar y transmitir la memoria de esta comunidad. Entre ellos ocupa un lugar especial Arturo “El Oso” Rodríguez Agüero, historiador y cronista cananense cuya labor estuvo estrechamente vinculada con la recuperación del pasado de esta ciudad minera.

¿Por qué “El Oso”?

El apodo con el que Arturo Rodríguez Agüero sería conocido cariñosamente por familiares y amigos nació, según recuerda su hijo Luis Rodríguez, cuando era apenas un niño.

Su madrina le regaló un abrigo de pelo que, por su apariencia, hacía que el pequeño Arturo pareciera un oso. La imagen quedó en la memoria familiar y, con el paso del tiempo, aquel sobrenombre terminó acompañándolo durante toda su vida.

Así nació “El Oso”, un apodo que dejó de ser solamente una anécdota de infancia para convertirse en el nombre afectuoso con el que muchos cananenses lo recordarían.

La información sobre su trayectoria y pensamiento ha sido compartida para esta nota por su hijo, Luis Gerardo Rodríguez Jerez, quien conserva y transmite parte de la memoria familiar de quien fuera su padre.

Arturo Rodríguez Agüero creció en un ambiente familiar donde la historia no era un asunto distante. Fue hijo del capitán José Arturo Rodríguez Robles, recordado como “Dorado de Villa”, y de Ernestina Agüero, vinculada al movimiento constitucionalista de la Revolución Mexicana.

En aquella casa convivían dos perspectivas distintas sobre un mismo periodo de la historia de México. Su padre era admirador de Francisco Villa, mientras que su madre defendía la causa constitucionalista. De acuerdo con el testimonio familiar, Arturo escuchó desde muy joven aquellas conversaciones y versiones diferentes de los acontecimientos.

Esa experiencia sería determinante años después en su manera de aproximarse a la historia.

El descubrimiento de la historia

Curiosamente, la historia no fue desde el principio su vocación. Fue después del fallecimiento de su abuelo, en 1985, cuando Arturo tuvo acceso a la biblioteca, hemeroteca y colección de objetos históricos que éste había reunido y conservado.

Comenzó entonces a leer, investigar y confrontar distintas versiones de los acontecimientos.

Al recordar aquel momento solía resumirlo con una expresión muy suya:

“Ahí me piqué.”

A partir de entonces comenzó una etapa que terminaría convirtiéndose en una parte fundamental de su vida.

Aquella experiencia le permitió comprender que acercarse a la historia no consistía únicamente en conservar documentos antiguos o repetir lo que se había escuchado durante generaciones. También implicaba investigar, comparar testimonios, revisar diferentes versiones y mantener una actitud crítica ante aquello que se consideraba verdadero.

Una enseñanza que, según el testimonio de su hijo, había aprendido también de su padre era precisamente la necesidad de conocer las distintas posiciones alrededor de un acontecimiento: tanto las versiones favorables como aquellas que pudieran resultar contrarias.

Ese principio acompañaría posteriormente su trabajo como cronista.

Investigar antes de contar

Para Arturo Rodríguez Agüero, escribir sobre historia implicaba una responsabilidad.

Antes de presentar un acontecimiento como verdadero, consideraba necesario buscar el tema, estudiarlo, analizarlo y confrontar las diferentes versiones disponibles.

Su interés se concentró particularmente en Cananea y en la necesidad de que las nuevas generaciones conocieran la historia de la ciudad en la que habían nacido.

Investigó aspectos relacionados con los primeros habitantes, el desarrollo minero, los movimientos sociales, personajes, familias y acontecimientos que forman parte de la identidad histórica de Cananea.

Su visión de la ciudad iba más allá de las fechas y los grandes acontecimientos.

Cananea era para él la mina y sus montañas, sus calles y edificios, pero, sobre todo, las personas que habían vivido, trabajado, luchado y formado sus familias en esta tierra.

La memoria familiar convertida en historia

Su trabajo como investigador también alcanzó a su propia familia.

Durante el XXXIV Congreso de la Asociación Nacional de Cronistas de Ciudades Mexicanas (ANACCIM), celebrado en Durango en julio de 2011, presentó un trabajo relacionado con la vida de su padre:

“Capitán José Arturo Rodríguez Robles ‘Dorado de Villa’ y con anécdotas de mi madre doña Ernestina Agüero”.

De esta manera, los recuerdos y relatos transmitidos dentro de su propia familia se convirtieron también en materia de investigación y divulgación histórica.

Asimismo, aparece identificado como historiador de Cananea en trabajos relacionados con la historia de la cuenca del río San Pedro, entre ellos “Historical Perspectives of the Basin”.

Su participación en espacios de cronistas permitió que la historia de Cananea encontrara también un lugar más allá de las fronteras de la comunidad.

El legado de “El Oso”

Arturo “El Oso” Rodríguez Agüero falleció en Cananea el 12 de mayo de 2012, acompañado por su esposa, Adelina Jerez, sus hijos y otros integrantes de su familia.

Tres años después, el 11 de julio de 2015, el Instituto Tecnológico Superior de Cananea rindió un homenaje póstumo a su trayectoria como historiador y cronista.

Como parte de ese reconocimiento, se otorgó su nombre a la sala de grabación de Radio Tecnológico. La placa conmemorativa fue recibida por su esposa Adelina y por su hijo Luis Rodríguez, el menor de sus hijos.

El homenaje representó el reconocimiento público a un hombre que había dedicado parte de su vida a investigar y difundir la historia de su comunidad.

Una memoria que continúa

A más de una década de su fallecimiento, el trabajo de Arturo Rodríguez Agüero continúa teniendo significado para Cananea.

Su legado no se encuentra únicamente en las investigaciones y relatos que dejó, sino también en la memoria familiar que sus descendientes conservan y en el interés de nuevas generaciones por recuperar fotografías, documentos, testimonios y relatos de quienes participaron en la construcción de esta ciudad.

Existe en ello una especie de cadena de memoria:

sus padres vivieron una parte de la historia;

él decidió investigarla y contarla;

y sus descendientes tienen ahora la responsabilidad de conservar aquello que recibieron.

Recordar a Arturo “El Oso” Rodríguez Agüero es, por ello, recordar también una manera de entender el oficio de cronista: con curiosidad, investigación, contraste de fuentes y respeto por las distintas voces que construyen la memoria de una comunidad

Porque las ciudades no solamente pierden su historia cuando desaparecen sus edificios.

También la pierden cuando dejan de recordar quiénes vivieron en ellos, qué hicieron y qué historias dejaron detrás de sí.

Y en ese sentido, Arturo “El Oso” Rodríguez Agüero fue, sin duda, uno de los hombres que dedicaron su vida a mantener viva la memoria de Cananea.

Compilación: María del Carmen Figueroa Soto

Con información y testimonios proporcionados por Luis Gerardo Rodríguez Jerez.

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