Por: María del Carmen Figueroa Soto, Cronista Municipal
4 de septiembre de 1952. Una fecha que enluto la historia minera de Cananea.
Hace 74 años, una tragedia ocurrida en la Mina Campo Frío cobró la vida de seis trabajadores mineros, quienes perdieron la vida en el cumplimiento de su deber:
Luis Ávila Valenzuela
Roque Aguirre Cruz
Matías Hernández
Juan Durazo Velarde
José Castro Arellano
Félix Acosta Araujo
sus respectivas actas de defunción indican que la causa de muerte fue por – Traumatismo Accidental Industrial-, todos los diagnósticos fueron realizados por el Dr. Jesús González G.
Después de los servicios fúnebres y de ser velados en las instalaciones del Sindicato Minero Sección 65, sus cuerpos fueron conducidos en solemne cortejo hasta el Panteón Municipal Severiano Moreno, donde fueron sepultados juntos, en una fosa común especialmente preparada para recibirlos.
Desde entonces, aquella tumba se convirtió en un sitio de memoria. Un lugar donde el paso del tiempo no ha borrado los nombres de quienes dejaron su vida en las entrañas de la mina.
Este 4 de septiembre de 2026, a 74 años de aquella tragedia, sus descendientes volverán a reunirse ante su tumba. No solamente para recordar una fecha dolorosa, sino para mantener vivo el vínculo con aquellos hombres y con una parte de la historia minera de Cananea que merece ser conocida y recordada por las nuevas generaciones.
En torno a aquella tragedia quedó también un testimonio escrito por el minero Gustavo Torres, oficinista del Taller Eléctrico, cuyas palabras conservan la dimensión humana de aquella pérdida:
“En la eterna lucha por la vida; en el cumplimiento del deber; estos compañeros pagaron el tributo a la tierra: muerte violenta, tributo prematuro.
¿Cuántas madres que los lloran; esposas que los llaman; hijos sin amparo nos llevan un paso? Así es la vida.”
“En esta mina subterránea se empezó a trabajar con mayor técnica y maquinaria, manteniendo su producción de 1940 hasta 1963 o 1964, cuando los pilares de los grandes estopes ya no soportaron el peso, y sobrevino la tragedia.” J. Morales Tapia (1973).
Hoy, 74 años después, sus nombres siguen unidos en una misma tumba y en la memoria de sus familias.
Porque mientras haya quienes recuerden sus nombres, la historia de aquellos seis mineros seguirá viva.
