Viacrucis del Peregrino
Por: Pbro. Claudio Murrieta
Magdalena de Kino, Sonora a 16 de agosto de 2026.- Río Asunción, en Tubutama, al Río Concepción, en Magdalena, han sido colocadas las dos primeras cruces del Viacrucis del Peregrino, que acompañará el sendero de peregrinación desde la misión de San Pedro y San Pablo de Tubutama hasta la misión de Santa María Magdalena, donde se venera a San Francisco Javier.

Hace más de 300 años, el sistema misional impulsado por el Venerable P. Eusebio Francisco Kino, SJ, buscó integrar a los pueblos como una cadena de comunidades que se sostuvieran mutuamente y favorecieran su desarrollo bajo los principios del Evangelio.
Fueron los ríos los que configuraron no solamente caminos, sino también una nueva geografía. En torno a ellos se asentaron las comunidades misionales y se fue construyendo un espacio de encuentro, donde la paz social, la dignidad de los pueblos y la solidaridad fueran también finalidad de la vida productiva.
A lo largo de la historia, estos caminos han sido lastimados e incluso rotos por episodios dolorosos. Sin embargo, ha permanecido aquello para lo que fueron trazados: el encuentro, el intercambio y la integración de los pueblos como signo de fortalecimiento regional.
Hoy, con este Viacrucis del Peregrino, encomendado a Nuestra Señora de la Asunción en su día, queremos resignificar este antiguo camino.
Cada cruz está cargada de símbolos que buscan despertar memoria y sentido de pertenencia.
La cruz es ya, por sí misma, un mensaje: es posible transitar del dolor a la esperanza.

En su interior abraza cuatro flores de cuatro pétalos, signo de la presencia de Dios, presente también en la iconografía de la Virgen de Guadalupe y en elementos ornamentales del templo misional de Tubutama.
Estas flores están elaboradas con herraduras que alguna vez dejaron huella en los caminos y pueblos de la Pimería Alta, donadas por rancheros que se han ido sumando generosamente a esta causa.
Al centro se encuentra una corona, signo del reinado de Cristo en la vida de nuestros pueblos: Reino de justicia, paz y gozo.
Al pie de cada cruz, la silueta del misionero a caballo recuerda al Venerable P. Kino, de quien heredamos la fe y una profunda tradición misional. La figura sostiene la placa que identifica cada estación del viacrucis. Su número está elaborado con clavos, signo de adhesión a la cruz y memoria del sufrimiento de tantas familias ante la violencia y la descomposición social que padecen nuestros pueblos.
Presentamos este Camino de las Cruces como una ofrenda en nombre de tantas familias y comunidades; como una señal visible de nuestra esperanza y de una certeza que queremos mantener viva: somos peregrinos y no caminamos solos.
