Después de un accidente que cambió su vida, Carlos Eduardo hace un llamado a conducir motocicleta con responsabilidad
“Antes de subirte a una motocicleta, piensa en todo lo que puede pasar”
Por: LC María del Carmen Figueroa Soto
Agosto, 25, 2026.- El 21 de enero de 2024, Carlos Eduardo Martínez Alvarado salió en su motocicleta por la carretera que comunica Agua Prieta con Esqueda. A la altura de Cabullona ocurrió el accidente que cambiaría su vida para siempre.
Carlos Eduardo reconoce que fue él quien se impactó contra un camión repartidor. No busca señalar culpables. Por el contrario, habla de lo ocurrido desde la responsabilidad y desde una experiencia que hoy quiere convertir en un mensaje de prevención para quienes utilizan una motocicleta.
“Quiero que la gente vea las consecuencias de lo que puede pasar si no somos precavidos”, expresa.
Originario de Cananea, después de 38 años de vivir fuera de su tierra natal decidió regresar. Al principio realizaba sus recorridos en motocicleta solo, pero posteriormente comenzó a compartirlos con otros motociclistas. Esa decisión, asegura, fue muy importante.
Sus compañeros utilizaban intercomunicadores para mantenerse comunicados mientras viajaban. El día del accidente, Carlos iba solo. En algún momento, sus compañeros escucharon una expresión suya a través del sistema de comunicación y decidieron regresar para saber qué estaba ocurriendo. Al encontrarlo, pudieron darse cuenta de la gravedad de la situación y auxiliarlo.
Para Carlos, aquella experiencia también dejó otra enseñanza: cuando se conduce una motocicleta, no solamente importa saber manejar; también es importante no estar completamente aislado y contar con compañeros que puedan reaccionar ante una emergencia.
El accidente fue grave. Debido a la condición en que se encontraba, tuvo que ser trasladado a Hermosillo, donde permaneció dos semanas en terapia intensiva y fue necesario inducirlo a un coma ante la gravedad de su estado. La primera vez permaneció hospitalizado durante 40 días.
Pero la historia no terminó al salir del hospital.
A dos años y medio del accidente, Carlos Eduardo ha enfrentado 14 cirugías, la más reciente apenas el pasado mes, y como consecuencia de las lesiones fue necesario amputarle el brazo izquierdo. Su recuperación ha requerido la atención de diferentes especialistas, entre ellos nefrólogo, traumatólogo y cirujano plástico, entre otros.
Ante esta experiencia, hay algo que Carlos considera que marcó una diferencia fundamental: haber adquirido años atrás un seguro de gastos médicos mayores.
Recuerda que los gastos derivados de las cirugías, hospitalización, especialistas y tratamientos fueron muy elevados y reconoce que, sin ese seguro, probablemente no habría podido enfrentar la atención médica que necesitaba.
“Uno piensa que esas cosas no le van a pasar. No tenemos la cultura de la prevención. Yo, de no haber tenido el seguro, no sé si estaría aquí”, señala.
Y es precisamente ahí donde encuentra otro de los grandes mensajes que quiere compartir: la prevención debe comenzar antes del accidente.
Carlos también recuerda que tiempo atrás fue donador voluntario de sangre. Durante su propia emergencia, esa solidaridad que alguna vez ofreció a otros regresó de alguna manera a él. Con el apoyo de familiares y amigos fue posible reunir las 14 unidades de sangre que necesitó durante su proceso de atención.
A lo largo de estos años, su familia ha sido otro de los pilares fundamentales. De manera especial reconoce a su esposa, cuyo acompañamiento considera crucial durante su recuperación.
Su apoyo —explica— fue fundamental para mantener el ánimo, enfrentar cada cirugía y continuar adelante. Para Carlos, la resiliencia no ha sido solamente una cuestión personal, sino también el resultado del amor y acompañamiento de quienes estuvieron a su lado.
Hoy, después de todo lo vivido, mira de manera diferente a quienes circulan en motocicleta.
Le preocupa especialmente observar personas que conducen sin casco o sin el equipo adecuado. También ha visto motocicletas en las que viajan varias personas, incluso familias con niños, situación que considera especialmente delicada por el riesgo que representa.
Su intención, aclara, no es juzgar a nadie, sino hacer una invitación a reflexionar.
“Hay que tomar muy en serio el equipo. No es un accesorio”, insiste.
Y su recomendación va más allá del casco. Considera indispensable que quien pretenda adquirir una motocicleta o comenzar a conducirla tome primero un curso de manejo, conozca las reglas de tránsito, aprenda a reaccionar ante diferentes situaciones y comprenda que conducir una motocicleta implica una responsabilidad mucho mayor que simplemente saber ponerla en marcha.
La preocupación de Carlos coincide con las recomendaciones que actualmente hace el Secretariado Técnico del Consejo Nacional para la Prevención de Accidentes (STCONAPRA), de la Secretaría de Salud, que señala la importancia de la capacitación y el entrenamiento específico para motociclistas, el respeto a las normas de tránsito y el uso de equipo de protección certificado. Entre las recomendaciones se encuentra utilizar casco certificado y un traje completo que incluya chaqueta, pantalón, guantes y botas con protecciones adecuadas.
Para Carlos Eduardo, el casco y el equipo no deben utilizarse porque “lo exige la autoridad”, sino porque pueden representar la diferencia entre regresar a casa o no hacerlo, y entre una lesión temporal y una consecuencia que cambie toda una vida.
Su propia historia es prueba de ello.
Han pasado más de dos años desde aquel 21 de enero de 2024 y todavía continúa enfrentando las consecuencias del accidente. Sin embargo, lejos de quedarse únicamente con lo doloroso de la experiencia, ha decidido compartirla.
Su mensaje es sencillo, pero profundo:
“Antes de subirte a una motocicleta, piensa en todo lo que puede pasar”.
Toma un curso. Utiliza casco certificado y el equipo adecuado. No excedas tus capacidades. Sé consciente de quién viaja contigo. No pongas en riesgo a tu familia. Considera contar con un seguro. Y, sobre todo, entiende que la motocicleta puede ofrecer libertad, compañerismo y grandes experiencias, pero también exige responsabilidad.
Carlos Eduardo sobrevivió a un accidente que cambió su vida. Hoy quiere que su experiencia sirva para que otros no tengan que aprender de la misma manera.
No esperemos a que nos pase algo para entender la importancia de prevenir.
