Cananea, Sonora, a 22 de junio de 2026.- Una investigación realizada por la Fundación Nueva Generación Sonora, una organización sin fines de lucro, revela que falta de juego y dependencia a pantallas afecta el desarrollo infantil, por lo que
buscan visibilizar la importancia del descanso y el esparcimiento en la vida de niñas, niños y adolescentes, así como la necesidad de que familias, escuelas, comunidades e instituciones reconozcan estos espacios como parte fundamental de su desarrollo integral.
El periodo vacacional es un momento muy importante en la vida de niñas, niños y adolescentes, porque les permite descansar, divertirse y vivir experiencias distintas a las de la rutina escolar. Durante las vacaciones cuentan con más tiempo libre para relajarse, recuperar energía, jugar, explorar sus intereses y realizar actividades que les resulten agradables.
También es una oportunidad valiosa para fortalecer los lazos familiares, ya que muchas familias pueden convivir más tiempo, compartir actividades y crear recuerdos significativos. Estos momentos de cercanía contribuyen al bienestar emocional de las niñas, niños y adolescentes, y les brindan seguridad, pertenencia y confianza.
Por ello, la Fundación Nueva Generación Sonora busca acercar a las familias sonorenses información sobre espacios y lugares que favorezcan la convivencia, la recreación y el tiempo compartido. De acuerdo con el Censo de Población y Vivienda 2020 del INEGI, en 15 municipios de Sonora se concentra el 90.9% de la población infantil y adolescente del estado, principalmente en Hermosillo con 30.4%, mientras que Cananea se ubica en la posición número 13, con 12,814 niños y adolescentes de entre los 0 y 17 años de edad.
En entrevista la Dra. Marcela Cecilia García Medina, psicóloga con especialidad en educación y desarrollo humano, doctora en Ciencias Sociales, señaló que el juego o actividades recreativas son una estrategia o medio para el desarrollo humano, pues permiten la activación y liberación de varios procesos, por ejemplo: fortalece la motricidad, fortalecimiento del sistema motor, libera neurotransmisores que se relacionan con la activación cerebral pero también la regulación emocional; y por supuesto, permite la interacción con otros en espacios determinado, que en conjunto hacen que existan procesos de autoregulación o ajuste de comportamientos funcionales.
En síntesis, ayuda al crecimiento y maduración, debido a que en el momento en el que se empieza el juego se comienza un proceso en donde identifican las reglas y lugar del juego, leen el contexto para ajustarse, activan su cuerpo, fortalecen el crecimiento físico y estabilidad biológica, confiando en que pueden hacerlo, discriminan el proceso de juego, madurado pensamientos que hacen diferenciar lo que hacen y/o dicen, y demás sienten, dado a que liberan sustancias en su cerebro y cuerpo que los hacen sentir bien; aportan a la construcción de su identidad, ante las experiencias creadas en cada situación de juego.
Como consecuencias de la falta de juego, la doctora mencionó cosas como falta de atención, dificultad para recordar cosas, carencia en la estructuración de ideas, inmadurez en motricidad y coordinación; y algunas otras desde las características físicas/biológicas, psicosociales y cognitivas. Consideró que la señal más significativa será la presencia de comportamientos no ajustados a las características de la situación/momento/o solicitud social que se haga, es decir, comportamientos de berrinche, de agresión, o todos aquellos que los adultos considerados como “se portó mal”, y no quiere decir con esto que el juego, descanso o recreación es la solución, sino que son actividades que le permiten regular el sistema y funcionamiento del cuerpo y cerebro.
Para tener un equilibrio entre las responsabilidades escolares, el uso de pantallas y el tiempo libre para garantizar el derecho al descanso y al esparcimiento, la psicóloga recomendó establecer rutinas familiares, en un sentido de ir probando formas de comportarse o reaccionar que les funciona o no, además de identificar que les hace sentir, que pueden tolerar y que no, o que pueden ir ajustando o resulte funcional. “Lo que estamos buscando es el equilibrio de elementos que conforman su vida (como lo es el juego, las pantallas, esparcimiento, etc.) para lograr la sensación de bienestar, y con ello, apostar a un desarrollo humano sano”, explicó.
Los miembros de la familia deben de encontrar los tiempos y recursos para los espacios seguros; un tiempo de lectura, un tiempo para colorear, una caminata para apreciar la naturaleza. Jugar en familia es una manera sencilla y poderosa de cuidar, educar y acompañar el desarrollo de niñas, niños y adolescentes. Cuando las familias dedican tiempo a jugar, no solo generan momentos de alegría, también construyen confianza, comunicación y seguridad emocional. UNICEF1 señala que la presencia física y la disponibilidad emocional de madres, padres, familiares y cuidadores son fundamentales para que niñas y niños crezcan sanos y felices.

