Por: Bulmaro Pacheco.
De cara a las próximas elecciones, el tránsfuga político se prepara para el siguiente salto y se pregunta a sí mismo: ¿Qué sigue para mí en el futuro inmediato? ¿Sabrán quienes me convencieron de abandonar a mi antiguo partido político que todavía valgo en el mercado de las machicuepas políticas? ¿Sabrán aquellos que operaron mi cambio de colores partidistas que todavía conservo nombre y algunas clientelas políticas?
El tránsfuga presume de sus libertades se sobrevalora a sí mismo e imagina una fuerza y un poder del que ya prescindió desde hace buen rato. Quienes en un tiempo lo utilizaron, quizá ya no lo necesiten y no lo promuevan. Es su drama, es su dilema.
Y son varias las razones que quizá el tránsfuga ignora: ya no son las condiciones que se dieron cuando se le invitó a cambiarse de bandera política. Los gobiernos que lo invitaron a cambiarse no salieron tan buenos como él lo imaginó. Lo que le prometieron no se cumplió y observa con terror la posibilidad de quedarse solo en los afectos de los que llegan y ser olvidado por los que se van. Lo peor es que aunque de promuevan, no los mencionan para nada entre los nuevos aspirantes a candidaturas.
Ignora quizá que lo utilizaron para debilitar a los adversarios políticos. Lo utilizaron para enviar señales de que el nuevo gobierno que llegó al poder desde el 2018 iba a capturar de todo lo que se pudiera entre las oposiciones para debilitarlas y tratar de postrarlas ante el poder.
En algunos casos lo lograron, en otros no. Hubo gobernadores que no tardaron en negociar con el mejor postor —opositor— a cambio de lentejas políticas que los exhibieron de cuerpo entero.
Legisladores que se prestaron para la integración de mayorías a cambio de canonjías y promociones políticas, así como de perdones por desfalcos, malos manejos u órdenes de aprehensión pendientes de ejecutar. Otros casos más visibles: los que se hicieron candidatos de otros partidos para afectar a los adversarios de la llamada 4T, quitarle votos a los de enfrente y hacerlos perder, para que se les perdonaran malos manejos y persecuciones por delitos de corte administrativo; es decir, rebajarse hasta niveles ínfimos de dignidad a cambio de seguridad y no persecución. Algo no visto en otras épocas con ese nivel de degradación.
Otros más, producto de la cultura del privilegio en materia de nombramientos y ascensos, no tuvieron empacho en cambiar de bandera política para autojustificarse y aparentar un cambio basado en una pureza imaginaria que se autoadjudican al pasar de un bando a otro, creyendo que con ese solo hecho, al bañarse en el Ganges de la política partidista «los purificó de cuerpo entero».
Venden modernidad y alegan autocrítica como una forma de promoverse. Utilizan las redes para seguido anunciar: «Aquí estamos» y también buscan posicionarse como aspirantes.
Los próximos comicios representan un verdadero dilema para los tránsfugas. Ya no son las mismas condiciones que los motivaron a la migración política; ahora hay nuevas reglas sobre el nepotismo y la reelección, y la Presidenta de la República está en camino de asumir la dirigencia política de su partido al promover los cambios recientes. Por lo pronto, ya le mandaron decir al boxeador Jorge «el Travieso» Arce que no será bienvenido en Morena a pesar del padrinazgo político que lo anunció con bombo y platillos.
También hay señales para la familia Monreal en Zacatecas, donde el hermano menor, Saúl, soñaba con la candidatura de Morena al gobierno estatal para sustituir a su hermano David, que a su vez ocupa el cargo que su otro hermano, Ricardo, desempeñó de 1998 al 2004. Pero a Saúl lo pararon en seco.El mismo ha dicho que lo va a pensar y que no descarta nada, tratándose de su derecho constitucional a aspirar, a pesar de que la dirigente nacional de Morena ya dijo que no lo postularán candidato.
El otro caso es el de Guerrero, donde Félix Salgado Macedonio aspira a relevar a su hija Evelyn en el cargo; este ya recibió el mensaje de que esa gubernatura está reservada para la exConsejera Jurídica de la Presidencia de la República, María Esthela Ríos González, quien al renunciar recientemente a su cargo anunció que se iba a hacer política a su tierra, Guerrero. Salgado Macedonio se resiste a aceptar y quizá veamos ahí una sorpresa.
El otro caso es el de San Luis Potosí, donde el actual gobernador José Ricardo Gallardo Cardona no ha dejado de impulsar a su esposa, la senadora Ruth Miriam González Silva, y ya declaró que irá de candidata por el Partido Verde Ecologista y que solos, sin aliados, pueden ganar la elección. En Morena guardan silencio y cuidan sus cartas para el mismo estado. Saben que de atacarlos pueden poner en riesgo la alianza que se cuarteó en el pasado inmediato.
El caso de Nuevo León es patético. Un gobernador como Samuel García, que ha gobernado en medio de escándalos, tratará de imponer a su esposa Mariana Rodríguez como candidata a la gubernatura estatal, y él —dicho por él mismo— se reserva el derecho a aspirar a la Presidencia de la República para el próximo 2030. Una verdadera crisis para Movimiento Ciudadano.
¿Nuevos estilos políticos o falta de control de los partidos sobre sus militantes? Constitucionalmente, nadie está impedido de aspirar a un cargo público. El problema es para los partidos y sus procesos internos que en Morena, ya con la intervención directa de Claudia Sheinbaum, se cierran más dejando inconformidades visibles.
Lo que se ve es desesperación por los tiempos. En el pasado, la gente veía que las candidaturas se repartían de acuerdo a los intereses de los grupos, más allá de los méritos, las encuestas y las capacidades. Ahora también.
Los que dijeron que iban a ser diferentes a los del pasado no lo han sido, —la transformación ha sido puro cuento—, y por eso sus crisis. Los procesos de decisión política son los mismos del pasado y los métodos no cambiaron. Muchos personajes ya no están dispuestos a hacer cola en las oportunidades a nombre de una exigua y cada vez más maltrecha disciplina de partido, y por eso manifiestan sus inconformidades y a veces amenazas veladas.
El problema tiene factores externos (los intereses regionales) e internos (los procesos internos de los partidos), y en eso están actualmente las tensiones, porque en el caso de las gubernaturas estatales —hablando de Morena— se repetirá el fenómeno que antes combatieron: la decisión presidencial combinada con la opinión de aquellos gobernadores que tengan cierta ascendencia con la jefa del Estado mexicano sin descartar la influencia de los compromisos asumidos con el crimen organizado que también querrá influir en las decisiones sobre todo donde ejerce control territorial.
Porque aún cuando importan las candidaturas a los gobiernos estatales, la verdadera manzana de la discordia será la integración de la nueva Cámara de Diputados por las facultades exclusivas que le señala la Constitución en materia de presupuesto de egresos. Ahi estará la gran batalla. Ya lo veremos.
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