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sábado, marzo 7, 2026

Jesús García Corona, la jornada trágica que lo convirtió en Héroe de Nacozari

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3ª parte

Por: L.C. María del Carmen Figueroa Soto, Cronista Municipal

Cananea, Sonora, a 27 de octubre de 2025.- En las dos entregas anteriores conocimos la vida de aquel joven maquinista sonorense que, con temple, disciplina y profundo sentido del deber, se ganó el respeto de sus compañeros y el cariño de su gente.

La vida transcurría en Nacozari de forma placentera y agradable, en un ambiente tranquilo y de sana diversión. Cuauhtémoc L. Terán (1943) narra cómo Jesús García mostró siempre gran capacidad y pericia en el desempeño de sus obligaciones, así como un alto sentido de responsabilidad, lo que le hizo acreedor al estímulo de los jefes de la empresa minera.

Por ese motivo fue seleccionado, entre otro grupo de trabajadores, para viajar a la Exposición de San Luis, Missouri, en el año de 1904. En ese viaje tuvo oportunidad de conocer una locomotora del tipo más moderno, y dejó sorprendidos a los peritos que la demostraban, por la facilidad con que pudo manejarla, a pesar de ser de una capacidad muy superior y de un modelo muy distinto a la pequeña locomotora de chimenea cónica que estaba acostumbrado a operar en el trayecto de Nacozari a El Porvenir.

“Para 1907, la disciplina de un empleo que exigía pericia, decisión y constancia había convertido a Jesús García en un operario maestro, un maquinista consumado que había dado innumerables pruebas de que dominaba el trabajo en todos sus aspectos, lo que era motivo de legítimo orgullo para sus familiares y amigos. García era el primer mexicano que alcanzaba el puesto y lo conquistaba por mérito propio e indiscutible”.

Aquel joven formal y pensativo, proveniente de Batuc, era ahora un hombre de constitución sana y de porte atractivo. Con su sombrero tejano echado hacia atrás, caminaba con garbo y soltura. (Cuauhtémoc L. Terán, 1943).

JORNADA TRÁGICA

Un pequeño patio contiguo a la concentradora era el punto de partida del tren de la mina rumbo a El Porvenir. Como a 500 metros, dando la vuelta al cerro y en pronunciada pendiente, se encontraba el “patio de arriba”, es decir, la pequeña estación denominada El Seis, donde había almacenes de materiales. Desde este punto, la vía hacia El Porvenir seguía por un corto tramo de planicie antes de internarse en la parte más escarpada de la sierra.

Antonio Elizondo, jefe de mecánicos, relató cómo ese día Jesús García llegó con su buen humor de costumbre, pidiendo paso para su tren, el cual estaba compuesto por cinco góndolas de cinco toneladas: dos carros con ciento setenta cajas de dinamita (con los detonantes al fondo), dos góndolas de pastura seca y una de materiales que conducía al cuarto de la concentradora, para terminar la formación de su tren y partir en el primer viaje de la tarde rumbo a las minas.

La tripulación del tren, además de García, estaba integrada por José Romero, Hipólito Soto, Agustín Barceló y Francisco Rendón, garroteros.

—¿Qué pasará con el viejo Biel? —comentó el fogonero cuando pasaban por los talleres.

—Avisó la Aurora que sigue enfermo —respondió García, agregando—: así que otra vez me toca a mí dar las órdenes.

El trenecito alcanzaba ya la parte superior del cambiavía cuando se escucharon los gritos del mayordomo Phelps, “El Panocha”, como lo apodaban. Gesticulando desesperadamente con los brazos y señalando los carros contiguos a la locomotora, gritaba:

—¡Oye, mira, hay humo en la pólvora!

El tren se dirigía al patio para tomar más carros, y los pasajeros estaban reunidos esperando la partida. Se detuvo el tren; García ordenó a la tripulación que tratara de sofocar la incipiente combustión. El fogonero levantó una de las cajas de pólvora en sus esfuerzos por apagar el fuego, pero esto provocó que surgieran llamas, haciendo la situación desesperada.

Los hombres comprendieron que aquello ya no se apagaba. Se veían desconcertados, sin saber qué hacer.

—Ya no se apaga —dijo uno, jadeante y sudoroso, volviéndose a Jesús para ver qué órdenes daba.

García comprendió la gravedad del momento. En el instante en que la lumbre alcanzara los detonantes en el fondo de la góndola, se produciría el desastre. Fue entonces, en ese momento de intenso dramatismo, cuando Jesús García, con decisión suprema y voz firme, gritó a la tripulación y al pasaje:

—¡Retírense todos, va a explotar la dinamita!

Corrió hacia su locomotora y agregó:

—¡Déjenme solo, voy a jugarme mi suerte!

De un salto tomó su puesto y, con movimientos precisos que respondían al impulso de una mente disciplinada, puso al tren en movimiento, imprimiéndole toda la velocidad que permitía la pendiente, en un esfuerzo desesperado por avanzar, ganar distancia, dar la vuelta al cerro y llevar su tren flameante lejos de Nacozari y de sus moradores.

Continúa en la 4ª parte…

Referencias:

Bibliografía:

Terán, C. L. (1943). JESÚS GARCÍA EL HEROE DE NACOZARI (J. O. H. M. E. C. T. de Félix y Armando, Ed.). Comercial Nadrosa, S.A.

Fotografía e imagen:  sin autor identificado. (s.f.). Jesús García Corona.

Crónica escrita por L.C. María del Carmen Figueroa Soto, Cronista Municipal, Cananea, Sonora.

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