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sábado, marzo 7, 2026

13 DE JULIO DE 1854, LA DEFENSA HEROICA DE GUAYMAS

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Por: Mtro. Jesús Faustino Olmos de la Cruz Cronista de la Ciudad de Guaymas

Guaymas, Sonora, a 13 de julio de 2025.- Las negociaciones que se efectuaban entre el Gral. José María Yáñez que era Ministro de Guerra y Marina y los franceses la mañana del día trece resultaron del todo inútiles, estos últimos pedían formalmente garantías que consistían en dotación de municiones, artillería y entregas de personas en rehenes. Si el Gral. se rehusaba cumplir con sus peticiones, se verían obligados a protegerse por la fuerza de las armas. Le concedían “unos cuantos minutos” para responder. Yáñez contesto que no tenia intenciones de atacarlos y que la superioridad numérica del batallón francés, era su más segura garantía.
Los delegados regresaron al cuartel llevando esa contestación a sus camaradas, que era precisamente lo que el Conde Gastón Raousset al mando de los franceses, deseaba y esperaba del comandante mexicano.
Yánez de inmediato se preparó para la defensa y esperó el ataque; quizá tenía esperanza de que su ofrecimiento a los franceses fuera aceptado, pero bajo las circunstancias, no estaba en condiciones de tomar la ofensiva, ya que sus fuerzas eran inferiores y bien dispuestas cubrirían la defensa.
El cuartel de Yánez, se encontraba situado al norte de la ciudad, habiendo entre el mismo y la bahía dos calles de por medio.
Raousset expidió su plan de ataque por la mañana y dirigió a los componentes del batallón francés cálidas frases de aliento, asegurándoles una fácil victoria. Los franceses tuvieron al medio día un consejo de guerra, que solo dio como resultado disputas entre Raousset y los oficiales del Batallón, de modo que en realidad la tropa se encontraba con mal ánimo para el combate.
Yánez por su parte dirigió la palabra a los trescientos valientes que mandaba exhortándolos al cumplimiento de sus deberes. Un solo grito de entusiasmo, presagio la victoria. La embestida de los franceses comenzó muy poco después de las dos de la tarde, los extranjeros al dejar su cuartel se habían dividido como lo disponía el plan de Raousset, en diversas secciones. Una de estas se dirigió hacia el mar como para tomar el fortín que domina el muelle y fue la primera que rompió el fuego haciéndolo sobre un bote, en el que se encontraba el comandante del batallón Don Manuel Maraboto, este fue pasado de una pierna y de los que lo acompañaban uno fue muerto y otro gravemente herido.
Los franceses cargaron con ímpetu extraordinario sobre la infantería y artillería mexicana, pretendiendo a todo trance arrollar cuantos obstáculos detenían su paso para penetrar hasta el cuartel. Ardía la calle con el vivísimo fuego que se cruzaba y el enemigo con arrojo digno de mejor causa, lejos de retroceder al principio del encuentro, logró avanzar. Hubo entonces un momento angustiadísimo, yacía por tierra la mayor parte de los artilleros mexicanos. Una de las posiciones nacionales a la derecha del cuartel y en su misma línea asaltada por el conde en persona, fue tomada hiriendo ahí al teniente de los urbanos de Guaymas Don Wenceslao Iberri, que defendía el punto con unos cuantos soldados de la misma milicia de los cuales algunos fueron gravemente heridos. Por el lado del cerro los franceses habían avanzado hasta caer sobre la calle principal, como apoderándose del camino que conducía a Hermosillo y de las norias que surtían agua al puerto. En aquella crítica situación los mexicanos, entraron en defensa para evitar que el cuartel cayese en poder del enemigo. En aquella movible escena se repitieron mil actos de valor entre los mismos mexicanos, los extranjeros no avanzaron más, aunque las operaciones se habían extendido en un radio de gran magnitud, los intrépidos oficiales veteranos y urbanos, y alguno que otro intrépido auxiliar persiguieron sin descanso las guerrillas de los extranjeros, causándoles gran daño, desalojándolos de varios puntos y haciéndolos prisioneros los conducían inmediatamente ante la presencia de Yánez. Raousset por su parte acompañando a sus hombres por la espalda del cuartel trató de reunir a los hombres para una carga a bayoneta, aunque solo unos cuantos se atrevieron a seguirlo, pero sin embargo en breve abandonaron la partida ante el fuego de los mexicanos. Todo parecía perdido y los franceses acompañados de su jefe, comenzaron a dispersarse corriendo hacia el consulado francés otros huyeron hacia los cerros. La huida de la compañía francesa dejo en libertad a Yáñez para concentrar su atención en el Hotel Sonora, lugar que se encontraba posesionado por los franceses. Con un cañón y soldados de infantería, los soldados franceses huyeron mientras que otros fueron hechos prisioneros. Con la captura del Hotel, como a eso de las seis de la tarde, cesó prácticamente la batalla.
En su informe el Gral. Yáñez, decía del comportamiento digno de los urbanos de Guaymas, batiéndose fusil en mano como si fuesen simples soldados y se refería entre otros a Don Cayetano Navarro, José Sandoval, Francisco Irigoyen, Ildefonso Huy, Tomás Robinson, Wenceslao Iberri, Sebastián Chacón, Antonio de la Cruz, Joaquín López y especialmente a Don Buenaventura Márquez, todos ellos acreedores de elogio.
Al amanecer del día 12 de agosto de 1854, el pueblo de Guaymas se agolpaba en la plazuela del muelle, junto a la playa de la bahía y gran número ocupaba los techos de las casas para ver mejor. Algunos soldados de la guarnición de la plaza formaban el acostumbrado cuadro para la ejecución, uno de cuyos lados era la playa; el resto habían sido estacionados en las calles inmediatas. A poco se vio salir de la prisión un pequeño grupo de hombres vestidos de negro, seguidos por un piquete de soldados. En medio de este grupo iba Raousset, un poco pálido, pero con paso firme y decidido. Le acompañaban el Capitán Borunda y el cura párroco de Guaymas, don Vicente Oviedo. Entre dos filas de soldados marcharon hasta llegar junto al mar. El conde se quitó su sombrero y dio la cara al pelotón que iba a ejecutarlo. Y entonces, al instante en que el sol naciente iluminaba el mar y la playa, cediendo las sombras el paso a la claridad, se escuchó una descarga de fusilería que puso fin a la vida tempestuosa del Conde Gastón de Raousset Boulbon, y con su muerte, concluyó el interés y la influencia de los franceses de california en Sonora.

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