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sábado, marzo 7, 2026

El icónico discurso de Baca Calderón en Cananea, un 5 de mayo

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La fiesta del 5 de mayo fue celebrada en Los Campos Mineros y reproducida por el diario independiente y liberal “El Centenario” siendo su director y administrador Enrique Bermúdez.
Por: María del Carmen Figueroa Soto, Cronista Municipal
Cananea, Sonora 5 de mayo del 2025.
Un día como hoy en el año de 1906 (119 años) se da en Cananea uno de los mejores y más sentidos discursos de la historia en la ciudad minera y quien lo habla es Esteban Baca Calderón, uno de los principales lideres de la Huelga del 1 de junio de 1906 y quien fuera Secretario de la sociedad secreta denominada “Unión Liberal Humanidad”, cuya formación se habría dado el 16 de enero del mismo año cuando un aproximado de 15 hombres la constituyen, recayendo la presidencia en Manuel M. Diéguez y la vicepresidencia en Francisco M. Ibarra.
El discurso se publicó en diario “El Centenario”, mismo que se había convertido en portavoz de las ideas del partido liberal. Esteban Baca Calderón, entonces Secretario de la citada sociedad se dedicó activamente en unión de otros valiosos elementos a organizar la celebración del 5 de mayo en el año de 1906, la Sociedad se constituyó en Junta Patriótica.
A la semana siguiente de esta celebración semanario «El Centenario», publicó la crónica de la magnífica fiesta, así como el discurso del secretario, Esteban Baca Calderón.
¡Y que fiesta aquella! Una fiesta organizada íntegramente por el pueblo y disfrutada por él.
“La montaña estuvo de gala; numerosas fincas se divisaban empavesadas con follaje, farolillos, lienzos y otros adornos y en su parte superior ostentaban majestuosos la enseña del honor y de la gloria; la bandera mexicana. Y las potentes detonaciones de dinamita repercutían en las montañas.
Bella y sencilla descripción del espíritu que reinaba entre la enorme masa de trabajadores y familiares, símbolo de la voluntad y el optimismo del pueblo cananense.
Señores en estos momentos solemnes comparezco ante vosotros, ocupo un recinto sagrado la tribuna, baluarte indestructible del derecho trono diamantino de la libertad que a través de los siglos lanza sus fulgentes rayos de luz que ilumina la inteligencia de la humanidad. Misión excelsa que no puede cumplir debidamente quien de suyo carece de dones para transmitir las más saludables y sabias enseñanzas que hacen la felicidad de los pueblos.
Impulsado por un deber estoy aquí, humilde representante de vosotros, y aunque agradezco infinito el honor que inmerecidamente me habéis conferido, imploro desde luego vuestra indulgencia. No esperéis, pues, que mi palabra desnuda de elocuencia y vigor, sea el verbo potente que todo lo subyuga; que todo lo cautiva. Muy pálido es mi lenguaje para manifestar las bellas concepciones del pensamiento; para definir el ideal supremo de los pueblos libres.
El cargo con que me habéis investido y mis sentimientos de mexicano, me imponen la ineludible obligación de condensar en pálidas frases el objeto de este hermoso festival; y a la vez uno a los vuestros, mis sentimientos de gratitud hacia los esforzados defensores de la libertad, que nos dieron un bello ejemplo, al derramar su sangre en aras del deber. Dispuesto estoy a corresponder a la confianza que en mi habéis depositado, por lo que suplico vuestra atención.
Señores: Ante la venerada imagen del defensor del pueblo mexicano, que impulsadas por las fuerzas del honor y del deber, contando con escasos elementos se arrojó temerario sobre las formidables huestes invasoras ; en el altar de la patria en que hoy ofrecemos con un profundo respeto , como buenos hijos , nuestra sangre , nuestra vida, por conservar siempre puro y limpio el honor de mexicanos  y ante esta digna sociedad que con afán ha demostrado su nunca desmentido patriotismo, no juzgo necesario referir acontecimientos gloriosos , enaltecidos ya por una crítica serena e ilustrada.
Nuestro espíritu queda absorto; nuestra mente anonadada cuando al examinar los tiempos pasados caemos en la profunda meditación de que muchísima sangre mexicana y extraña sangre también ha empapado nuestro suelo desde la iniciación de la independencia hasta los últimos años del siglo XIX.
Pero esta historia de sangre, luto y desesperación no es únicamente la del pueblo mexicano, sino de la humanidad. Desde la época de lamentable y triste salvajismo hasta nuestros días el hombre fue y es aún esclavo del hombre y la fuerza brutal del más fuerte se impone al débil. En estas condiciones indebidamente ostentamos el título de humanos. Por el derecho de conquista, que nada justifica, se invocó el nombre de la civilización, y las razas vencidas han soportado el yugo de la ignominia y de la afrenta.
¿Por qué semejante iniquidad en que el fuerte inspirado en fines bastardos, la codicia causa la desgracia de los débiles? Nadie tiene derecho sobre los demás. Los hombres descienden de un mismo origen; son iguales, son hermanos. Fulgurante verdad que aún no ilumina a todos los cerebros y que nos enseña que toda tutela es funesta, degradante. El hombre no nació para ser esclavo del hombre ni para vivir vejado y perseguido. Dios lo doto de facultades poderosas para pensar, sentir, querer; su misión es excelsa y para cumplirla necesita la libertad.
Hoy estamos aquí congregados porque nos une un lazo superior a la amistad y a todos los afectos, cual es el amor a la Patria y al recuerdo los héroes, corramos un velo sobre esa época de sangrienta evolución de la sociedad mexicana, en que la ambición y la discordia fueron los principales factores en el vasto campo de la ignorancia y decidme: ¿Cuál es la enseñanza que habéis deducido de tanta sangre sin piedad derramada?  Veamos quienes fueron los caudillos de esas gigantescas luchas.
En nuestra imaginación se levantan dos figuras majestuosas: una es Hidalgo, la otra es Juárez, las dos nimbadas por la gloria; las dos queréis porque participáis de la misma gloria; porque sois mexicanos. El primero nos arrancó las cadenas de la esclavitud; el segundo consumo la obra de emancipación social y nos enseñó a que todos seamos hermanos. Pero ¿cuáles son los esfuerzos que hacéis por vuestro bienestar e ilustración que en suma harían la prosperidad de nuestra Patria? Vuestra situación, permitidme que os lo diga, no es halagadora. Examinad vuestra conciencia y ella os dirá que de nada os ha servido la sagrada herencia de libertades humanas conquistadas al precio de sangre. Cuando pensáis en vuestros hijos un vago presentimiento os inspira miedo al porvenir; temed por ellos, los seres queridos y comprendéis que es muy doloroso dejarle al hijo por herencia la miseria y el sacrificio. Muchos de vosotros sois de lejanas regiones; habéis abandonado a vuestros padres o hermanos y quizá a vuestros hijos y no por ello sois malos. Habéis venido en busca de la libertad y de un refugio contra la miseria o bien contra el despotismo de los poderosos, los ricos o los gobernantes.
Esta es la historia general de nuestra infortunada Patria. Y a esto se añade otro mal, peor todavía, y no todos los han comprendido. Esa paz que todos dizque disfrutamos, nunca ha existido en la conciencia. Tamaña mentira que solo deduce a los espíritus apocados, os hizo olvidar que descendéis de una raza noble y heroica. Que el nombre de mexicano es título de honor y de gloria; y en esa torpe admiración a los audaces que improvisaron fortuna, muchas de origen misterioso, los individuos se metalizan y todo lo confunden, carecen de nobles ideales, degeneran, y la sentenciosa frase del escritor Vargas Vila notable por su talento y por sus ideales sublimes de regeneración, se convierte en una amarga realidad.
A las generaciones de aquellos hombres que supieron morir han sucedido las generaciones de aquellos hombres que no piden sino vivir.
Si, vivir, vivir, aunque sea a costa de los sagrados intereses, la honra y el decoro de la raza”. ¡No, señores mineros! Tiempo es ya de que abramos los ojos a la luz de la razón; dejemos vanas lamentaciones; si la situación es mala, aquí estáis vosotros para remediarla. Querer, eso es todo. Los pueblos que se duermen en la timidez, en la indolencia, despiertan en la conquista.
¿Queréis todavía otra situación más oprobiosa? Preferible entonces renunciar a nuestro título de hombres y de mexicanos. Enseñadle al capitalista que no sois bestias de carga; a ese capitalista que en todo y para todo nos ha postergado con su legión de hombres blondos y de ojos azules.
¡Qué vergüenza! ¡Estáis en vuestro propio suelo y los beneficios que produce, a vosotros deberían corresponder en primer lugar! ¡Enseñadles a vuestros hijos el amor a la dignidad personal con el ejemplo de vuestra conducta de hombres libres; enseñadles a vuestros funcionarios que el derecho a gobernar reside única y esencialmente en vosotros y que solo del pueblo pueden dimanar las leyes!
Esa es la Republica: fuente inagotable de bienestar para las colectividades.
¡Así se ama a la Patria, así se honra a los héroes!.
No es preciso que lleguéis a ser sabios para dar ese gigantesco paso en la senda del progreso. Tenéis uso de razón y basta la voluntad.
¿Qué os falta? ¿Necesitáis hombres honrados que dirijan vuestras acciones? Buscadlos y los encontrareis. No perdáis más tiempo; apresuraos, que se acerca la hora de vuestra redención. UNIÓN, será nuestro lema; y que la multitud de seres débiles por su aislamiento, forme un cuerpo compacto; la más poderosa fuerza. Tened fe en el triunfo. Esta no es ya una débil utopía.
El espíritu público se prepara; a vosotros corresponde precipitar los acontecimientos. Unidos ejerceréis vuestra soberanía. He aquí la idea suprema de los libres que, por un constante deseo de Libertad y Justicia, desarrolla sus formas bellas para manifestarse, al fin, en toda la plenitud de su hermosura y su grandeza.
Adelante esforzados campeones del trabajo. Tenéis hijos que esperan el fruto de una lucha leal y enérgica.
No vaciléis. Los laureles del triunfo ceñirán vuestra frente.”
¡VIVA LA REPUBLICA! Reproducido de diario el Centenario y Juicio sobre la Guerra del Yaqui y Genesis de la Huelga de Cananea, edición (2006).
El acontecimiento tuvo lugar 27 días antes de la Huelga histórica del 1 de junio d 1906, lo que ha dado identidad a la ciudad de Cananea, Sonora.
Bibliografía:
Esteban Baca Calderón (discurso) Genesis de la Huelga de Cananea (2006), periódico El Centenario (1906)
Imagen: fotógrafo Serrano, pueblo de Buenavista.

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