Crónica de Don Miguel Peralta Vázquez
Compilación: María del Carmen Figueroa Soto, Cronista Municipal
Cananea, Sonora 19 de abril, 2025.- Por estar en los más gratos recuerdos de niñez y juventud, por años tuve intención de escribir sobre Don Miguel como le nombrábamos con mucho respeto, fue el un hombre noble, respetuoso, tranquilo gran amigo de mi padre Daniel Figueroa Urías, era bastante común que la amistad fuera con lealtad y la confianza con entero respeto, porque la palabra empeñada tenia mucho valor entre los mineros y en este caso Don Miguel le apostaba a eso y hoy por fortuna a través de su hija Virginia es posible que la semblanza de Don Miguel quede para la posteridad, como un homenaje hacia su persona.
“Miguel Peralta Vázquez nació el 30 de enero de 1922 en Teonadepa, Sonora, en el seno de una familia trabajadora y unida. Fue el tercer hijo de seis hermanos: Efraín, José María, Miguel, Virginia, Roberto y Carmelita. Su infancia transcurrió en su tierra natal, rodeado de los paisajes y costumbres del campo sonorense.
Creció en un hogar donde se valoraba profundamente la comunicación. En su casa se recibía la correspondencia de la comunidad, y tres de sus hermanos se dedicaron a oficios ligados a este noble medio. Efraín, en Empalme, y José María, en Nacozari, trabajaron en el servicio postal hasta el final de sus días. Por su parte, Roberto – el menor – partió en busca del sueño americano. Trabajó en Ferrocarriles, en Estados Unidos, otra forma de conectar caminos, paisajes y personas.
Desde temprana edad, Don Miguel demostró un espíritu trabajador y un profundo compromiso con su familia. Cursó la primaria en Teonadepa y, al concluirla, se dedicó a la agricultura y la ganadería -actividades fundamentales en la región -, así como a la gambuseada: una afición que lo llevó a explorar la sierra El Picacho, en Bacoachi, Sonora, en busca de tesoros, aunque con escasos resultados positivos. En sus pláticas nunca faltaban las anécdotas de esas aventuras de gambusino, contadas con chispa y nostalgia.
Contrajo matrimonio con María Edna León González, juntos emprendieron su vida familiar en Nacozari de García, Sonora, donde nacieron sus hijos: Jesús, Marta Silvia y Ma. del Socorro. Más adelante, en busca de mejores oportunidades, Don Miguel se trasladó solo a Saltillo, Coahuila, y posteriormente a Durango, Durango. Finalmente, en su afán por lograr estabilidad laboral y familiar, decidieron establecerse en Cananea, Sonora. Dos meses después de su llegada a esta ciudad, nacieron sus hijas gemelas: Alma Angélica y Virginia.
Don Miguel trabajó durante 36 años en la Oficina de Correos, desempeñando labores administrativas y operativas dentro de la dependencia.
Y cómo olvidar las noches en que Don Miguel, tras una jornada de trabajo, se sentaba frente a su inseparable máquina Remington. El tintinear de las teclas rompía el silencio con un ritmo casi hipnótico, como si la casa respirara al compás de sus pensamientos. Aprendió solo a manejar aquel artefacto, sin más guía que su empeño y su voluntad de aprender.
En esas veladas, escribía con esmero los reportes de su trabajo, cuidando cada palabra como si fuera oro, y también redactaba cartas llenas de cariño para su familia, esas que llevaban noticias, consejos o simplemente un “te extraño” mecanografiado con el alma. Ese “tac-tac” constante no era solo el sonido de una máquina; era el eco de un hombre comprometido, amoroso y meticuloso, que encontraba en las teclas una extensión de su voz.
Además, fue un hombre multifacético; en su hogar también se llevaba a cabo la venta de calzado. Doña María Edna, su esposa, era quien se encargaba de atender a las clientas en casa, mientras que sus hijas con la energía y entrega que aprendieron de sus padres, recorrían las colonias para cobrar los pagos a domicilio. Esta dinámica familiar no solo reforzó los lazos entre ellos, sino que también tejió una red de confianza con su comunidad.
Además del calzado, Don Miguel también se dedicó a la venta de telas por catálogo, libros, enciclopedias, ropa y cuanto los clientes le encargaban de Estados Unidos. Tenía un gusto especial por la buena lectura, estaba suscrito al periódico El Nacional, la revista Siempre, Selecciones, y constantemente adquiría libros para enriquecer la biblioteca familiar, muchos de ellos provenientes de la misma editorial para la cual él laboraba.
Su vida estuvo marcada por el amor al campo, el respeto por la naturaleza y el fuerte sentido de comunidad que caracterizaba a su gente. Su trabajo no solo fue su sustento, sino también su pasión, y a través de él dejó una huella imborrable en su entorno.
Miguel Peralta Vázquez fue un hombre de principios, cuya vida estuvo guiada por la responsabilidad, la honestidad y el esfuerzo diario. Su historia refleja la tradición y la perseverancia que definieron a su generación: una generación que, con manos firmes y corazones fuertes, construyó el legado de nuestra tierra”.
La descripción de su hija fue en conjunto avalada por el resto de su estimada familia. El bien recordado y respetable ciudadano Don Miguel Peralta Vásquez, a través de su empleo en la empresa de Servicio Postal, dejó un grato recuerdo así como en todas las ocupaciones extraordinarias que de manera tan puntual y con el gesto de humanidad que lo caracterizaba hizo posible, pues calzaba y vestía a la comunidad cananense dando oportunidad a quien no podía pagar de contado que lo hiciera en pagos, sobre todo, con aquellas familias grandes de varios mineros e igual otorgaba crédito a quienes laboraban fuera de la empresa minera, aunado al buen trato recibido en la oficina de Correos a la comunidad en general. por todo ello ¡Gracias Don Miguel, misión cumplida en el plano terrenal!
Referencias e imágenes:
Virginia Peralta León y familia.





