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sábado, marzo 7, 2026

HACE 338 AÑOS EL PADRE KINO FUNDÓ EL PUEBLO DE VISITA DE «SAN JOSÉ DE LOS HIMERIS»  

Fecha:

EL 19 DE MARZO, DE HACE 338 AÑOS EL PADRE KINO FUNDÓ EL PUEBLO DE VISITA DE «SAN JOSÉ DE LOS HIMERIS»
Por:  Pamela del Carmen Corella, Cronista, Imuris, Sonora
Ímuris, Sonora a 21 de marzo de 2025.- La imagen que generalmente se tiene de este lugar es la de un pueblo de paso, de taquerías sobre la carretera internacional y, claro, las quesadillas. Considero que se ha creado un estereotipo de sólo una parte de la realidad, la otra no está totalmente estudiada y nunca lo estará. Es importante entender que más allá de las quesadillas, Ímuris -como todos los pueblos de Sonora- es un lugar lleno de historia, misma que forma parte de la cultura sonorense.
También cabe mencionar la marginación historiográfica de esta localidad, inscrita en una mayor, no sólo por estudios especializados de historia sino por la educación a nivel nacional. Al hablar de la Historia de México sólo se remite a Mesoamérica, dejando de lado lo que no está dentro de ese espacio cultural, como es el caso de Sonora, perteneciente a Aridoamérica.
Este es un problema que nos afecta directamente, porque ¿Cómo concebirnos dentro de una historia nacional en la que no somos considerados, y cómo entender nuestra identidad si durante años hemos sido excluidos de los libros de textos educativos?
Comenzaremos por el principio. En Ímuris -palabra que según opinan algunos investigadores significa “entre dos ríos”, y según otros “Loma en forma de pedernal”- un grupo de individuos se asentaron en la época prehispánica, formando así parte de lo que actualmente conocemos como Pimeria Alta, que, a su vez, los arqueólogos la incluyen dentro de la Cultura Trincheras cuando se trata de hablar de los rasgos culturales y sociales.
De la historia de los antiguos habitantes de Ímuris podemos mencionar, a manera de evidencia material, algunos sitios arqueológicos que da información acerca de nuestro pasado: “Las Letras”, “El Cerro de la Cruz”, “El Cerro del Aguacaliente”, “La Nopalera”, entre otros. Ahí se pueden observar petroglifos, pintura rupestre, trincheras, metates y otras evidencias.
En estos sitios estaban establecidos los antiguos pobladores llamados Himeris, quienes formaban parte de una sociedad que explotaba y transformaba los recursos naturales, mostrando con eso que ya conocían la agricultura; que tenían cierta organización social, en la cual había dirigentes y dirigidos; que mostraron sus aptitudes artísticas o por qué no, científicas, en el arte rupestre y la cerámica; y que, en conclusión, utilizaban técnicas de acuerdo a su propio desarrollo cultural que les permitían ir mejorando sus condiciones de vida.
Al igual que la historia de la mayoría de nuestros municipios sonorenses, llega el momento del contacto del conquistador con el conquistado: las “fundaciones” con la espada y la cruz. En Ímuris, este proceso tiene como imagen protagónica a un personaje conocido como el Padre Kino, quien fue un explorador, geógrafo, arquitecto, evangelizador, etnólogo, etcétera; pero principalmente su obra fue de carácter humanitario, ya que fue defensor de los derechos de los indios ante la corte y las autoridades españolas.
Fue en el año de 1687 que por primera vez este asentamiento humano fue visitado por el misionero jesuita Eusebio Francisco Kino. El 19 de marzo funda el pueblo de San José de los Himeris con la categoría de Misión de Visita e inicia de inmediato la construcción de una iglesia dedicada a San José. A partir de ese momento el Padre Kino organizó ese espacio geográfico y a sus habitantes dentro del sistema misional, mismo que consistía en un conjunto de pueblos indígenas que bajo la administración de los jesuitas llegaron a construir una unidad desde el punto de vista socioeconómico.
La formación del sistema de misiones fue un lento proceso iniciado en 1591 y llegó a su máxima amplitud en 1699. Ocurrió a medida que los jesuitas avanzaban hacia el norte y llevaban a cabo la reducción de los indios en pueblos de misión. Fue el medio por el cual los europeos lograron la evangelización y la sujeción indígena al orden político y social del imperio español. La última etapa de expansión del sistema misional del noroeste de lo que hoy es México, está comprendida entre 1687 y 1699, periodo en que, bajo la dirección del padre Kino, se fundaron 25 pueblos de misión en la Pimeria Alta.

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La Pimeria Alta formó parte de esos sistemas de misiones. Pero ¿Qué habría sido de esa etnia sin el Padre Kino? Posiblemente otro hubiera hecho un trabajo similar. O quizá no, no lo podemos saber. Sin embargo, en cuanto a la protección indígena, el padre Kino hizo una extraordinaria labor. Él intercedió por los pobladores naturales ante las autoridades virreinales y obtuvo grandes logros. Desde su llegada y hasta su muerte -que ocurrió después de oficiar misa en Magdalena, en la que se sintió enfermo- nunca dejó de trabajar por los territorios que le habían dado en consigna.
A pesar de la falta de ayuda, que él tanto solicitaba para las misiones, y aunque obtuvo la presencia de pocos misioneros para esa región, no sobrevivieron todas las misiones que Kino fundó. Entre los ataques de los indios nómadas, la falta de misioneros, la misma lucha por asimilar a los indígenas dentro del sistema misional y otras razones, la obra completa de este personaje, ya no está presente. El caso de Ímuris, no es uno de ellos.
Como ya se mencionó anteriormente, era una región con varios grupos asentados, es decir sedentarios, que ya conocían la agricultura y tenían su propia tecnología, y además, manifestaban su cosmovisión a través del arte rupestre. Pero sí hay una diferencia marcada entre antes y después del Padre Kino: desde la organización socioeconómica, hasta la manera de concebir el mundo por medio de la religión católica, se advierte cómo su obra está presente hasta el día de hoy. Y qué decir de la arquitectura, no sólo las construcciones de los templos, sino la misma organización espacial de las construcciones habitacionales, que son parte de ese legado misional.
Eso sí, nuestra cultura forma parte de un proceso de transculturación, porque no se puede negar que, si bien es cierto que somos producto de un proceso de asimilación occidental, este se dio como transculturación, es decir, nuestra cultura actual es el producto de la obra del padre Kino más la mezcla de elementos autóctonos indígenas. Hoy en día vemos cómo nuestra cultura está llena de sus enseñanzas, de su obra: desde la figura del vaquero, representando a la ganadería, hasta el vía crucis de Semana Santa, que evidencia la religiosidad popular, se da cuenta de la aportación de Eusebio Francisco Kino en uno de los pueblos que él fundó hace más de tres siglos: Ímuris.
Imagen: Litografía de Ímuris en el siglo XIX.  Colección particular de Pamela del Carmen Corella.

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