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domingo, marzo 8, 2026

117 años de gesta heroica de Jesús García Corona, Héroe de Nacozari

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Por: LC María del Carmen Figueroa Soto, Cronista Municipal

Cananea, Sonora, a 06 de noviembre de 2024.- En el presente 2024 se cumplen 117 años de la hazaña de Jesús García Corona, reconocido como el Héroe de Nacozari, fue un 7 de noviembre del año 1907 cuando el tranquilo mineral de Nacozari, Sonora se cimbró con un gran estruendo, siendo el escenario de un acontecimiento histórico.

Cuauhtémoc L. Terán (1962), refiere “un pequeño patio contiguo a la concentradora, era el punto de partida del tren de la mina rumbo al “Porvenir”; como a 50 metros dando la vuelta al cerro y en pronunciada pendiente, se encontraba el patio de arriba, o sea la pequeña estación denominada “El Seis”, donde había almacenes de materiales, un cambiavía para movimientos del tren y una casa de sección de los trabajadores de la vía angosta donde vivían ocho familias. La casa quedaba precisamente enfrente del pequeño tajo “Puertecitos” que era la cima de la pendiente y que desembocaba en la planicie de “El Seis”. De este punto la vía para El Porvenir seguía por un corto tramo de planicie, antes de internarse en la parte mas escarpada de la sierra”.

Antonio M Elizondo, jefe de mecánicos de la “Casa Redonda”, relata cómo llegó Jesús García “con su buen humor de costumbre, pidiendo paso para su tren, compuesto por cinco góndolas de cinco toneladas; dos carros con 160 cajas de dinamita, con los detonantes en el fondo; dos góndolas de pastura seca y una de materiales, que conducía al patio de la concentradora para terminar la formación de su tren y partir en el primer viaje de la tarde rumbo a las minas”. Elizondo movió la máquina de vía ancha que obstruía el paso a García y así pudo este continuar el ascenso por la vía en zigzag que en el cambio de la concentradora habría de iniciar la corrida la tripulación del tren, además de García estaba integrada por: José Romero, fogonero, Hipólito Soto, Agustín Barceló y Francisco Rendón, garroteros.

¿Que pasara con el viejo Biel? Comentó el fogonero cuando pasaba por los talleres. “avisó la Aurora que sigue enfermo” repuso García, agregando: “así es que otra vez me tocó a mi dar las órdenes”. Alcanzaba ya el trenecito la parte superior del cambiavía cuando se escucharon los gritos del mayordomo norteamericano Phelps “El Panochas”, que gesticulaba desesperadamente con los brazos y señalando a los carros contiguos a la locomotora: “oye mira hay humo en la pólvora”.

Había ya entrado al cambio el tren y procedía al patio para tomar más carros y los pasajeros que estaban reunidos, esperando la partida. Se detuvo el tren, García ordenó a la tripulación que tratara de sofocar la incipiente combustión, buscando sin encontrar, tierra ni agua. El fogonero levantó una de las cajas de pólvora en sus esfuerzos por sofocar el fuego y esto hizo que surgieran las llamas con lo que la situación se hizo desesperada. Los hombres de la tripulación, comprendiendo que aquello ya no se apagaba, se veían desconcertados sin saber que partido tomar. “Ya no se apaga”, decía uno jadeante y sudoroso, al mismo tiempo que se volvía a Jesús para ver que órdenes daba.

García se dio cuenta de la gravedad del momento, al instante que la lumbre llegara a los detonantes en el fondo de la góndola, se produciría el desastre. Fue en ese momento de intenso dramatismo cuando Jesús García, con decisión suprema, voz firme y resuelta en tono que vaticinaba la alternativa inexorable, gritó a la tripulación y al pasaje “retírense todos, va a explotar la dinamita”, corriendo a la locomotora al mismo tiempo que agregaba “déjenme solo voy a jugarme mi suerte”.

De un salto tomó su puesto en la caseta y puso el tren con movimientos precisos que respondían al impulso de una mente disciplinada, imprimiéndole toda la velocidad que permitía la pendiente en un esfuerzo desesperado para lograr avanzar, ganar distancia, dar la vuelta al cerro y llevar su tren flameante lejos de Nacozari y sus pobladores.

Con mano firme empuñó la palanca rápida, mecánicamente; dio un vistazo a los instrumentos para cerciorarse que todo estaba en orden y que su locomotora No. 2, su compañera fiel de tantos años respondería pujante y vigorosa al toque de mando. […] Jesús García se acercaba vertiginosa e inexorablemente a su terminal – la eternidad”.

Bibliografía e imagen:

Terán, C. L. (1962). JESÚS GARCÍA (J. Terán, Ed.). talleres litográficos Comercial Nadrosa.

 

 

 

 

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