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sábado, marzo 7, 2026

JESUS GARCÍA CORONA EL HÉROE DE NACOZARI, SONORA

Fecha:

Por: LC María del Carmen Figueroa Soto Cronista Municipal
Cananea, Sonora noviembre 7, de 2023.
Cuauhtémoc L. Terán testigo presencial de los hechos acontecidos en Nacozari el día 7 de noviembre de 1907, narra la siguiente historia en su libro titulado Jesús García “Mártir del trabajo y del deber, benefactor de la humanidad. ¡Gloria a tu nombre y a tu hazaña!
En él, da a conocer aspectos y situaciones que como bien indica han crecido con el y fue así que un día decidió escribir la historia del Héroe de Nacozari, reuniéndoles en un solo volumen, mismo que se publicó el 15 de julio de 1962.
Al hablar sobre la familia García, refiere que esta llegó a Nacozari cuando este municipio se encontraba en su primera etapa de desarrollo. Doña Rosa madre de Jesús luego de la muerte de su esposo Francisco García se hizo cargo de su familia conformada por 8 integrantes entre ellos Jesús García Corona, en conjunto con ellos decide vivir en Nacozari, Sonora.
La impresión de Jesús García al llegar a Nacozari fue de lo más agradable y así se lo hizo saber a su madre, a quien apoyaba en las labores de la fonda que doña Rosa recién habría iniciado. Pasado el tiempo y ya en el ferrocarril su primer trabajo fue como limpiador de máquinas en el Porvenir y debido al gran desempeño que ponía en aprender las tareas que se le encomendaba, dio como resultado que se le nombrará fogonero; hasta un buen día que gustoso le dio la noticia a su madre de que pronto sería maquinista del trenecito, refiere el autor.
7 de noviembre, 1907, jornada trágica
El punto de partida del tren, era un pequeño patio contiguo a la concentradora rumbo al Porvenir. Como a 500 metros dando a vuelta al cerro y en pronunciada pendiente, se encontraba la pequeña estación llamada “El Seis”, ahí se encontraba un cambiavía y una casa de sección para los trabajadores de vía angosta donde vivían ocho familias. Antonio M. Elizondo, jefe de Mecánicos de la casa redonda relata como llegó Jesús García con su acostumbrado buen humor, pidiendo paso para su tren el cual estaba compuesto por cinco góndolas de cinco toneladas, dos carros con ciento setenta cajas de dinamita y con los detonantes al fondo, además, dos góndolas de pastura seca y una de materiales que conducía al patio de la Concentradora.
La tripulación del tren además de García esta compuesta por José Romero, fogonero, Hipólito Soto, Agustín Barceló y Francisco Rendón, garroteros.  Alcanzaba ya el tren la parte superior del cambiavía cuando se escucharon los gritos del mayordomo de origen norteamericano Phelps, de apodo “El Panocha”, que gesticulaba desesperadamente con los brazos y señalando a los carros contiguos a la locomotora les gritaba ¡Oye mira hay humo en la pólvora!.
En ese momento el tren ya había entrado al cambio de vía y procedía al patio para tomar más carros y los pasajeros que estaban reunidos esperando la partida, el tren se detuvo, García ordenó a la tripulación que tratara de sofocar la incipiente combustión, buscando sin encontrar tierra ni agua. El fogonero levantó una de las cajas de pólvora en sus esfuerzos por sofocar el fuego y esto hizo que surgieran las llamas, con lo cual la situación se hizo desesperada. Los hombres de la tripulación comprendiendo que aquello ya no se apagaba se veían desconcertados sin saber que partido tomar.
“Ya no se apaga” gritó jadeante y sudoroso, al mismo tiempo que se volvía a Jesús en espera de sus órdenes. García se dio cuenta de la gravedad del momento en el instante que la lumbre llegará a los detonantes en el fondo de la góndola se produciría el desastre, fue en ese momento de intenso dramatismo que Jesús García con decisión suprema voz firme y resuelta, gritó a la tripulación y al pasaje ¡RETIRENSE TODOS, VA A EXPLOTAR LA DINAMITA! Al tiempo que corría a su locomotora les dijo déjenme solo, voy a jugarme mi suerte… De un salto tomó su puesto con movimientos precisos que respondían al impulso de una mente disciplinada, puso el tren en movimiento imprimiéndole toda la velocidad que permitía la pendiente en un esfuerzo desesperado de avanzar. Con mano firme empuño la palanca, dio un vistazo a los instrumentos, confiaba en que su locomotora No. 2 respondería pujante y vigorosa. El silbato ululante pregonando la emergencia siniestra hizo que Jesús se diera cuenta de la presencia del fogonero de nombre José Romero a quien le grita con voz decidida y fuerte José, brinca este es asunto mío déjame solo ¿para que sacrificarnos los dos?, el hombre ya había tomado una decisión y su propósito ya estaba pintado en sus facciones, con un cortante adiós Jesús se descolgó ágilmente de la máquina y desapareció en la nube de humo y polvo refugiándose en una alcantarilla salvándose de una muerte segura.
La explosión no se hizo esperar, apenas remontaba la locomotora la cima de “Puertecitos” y a punto de pasar por enfrente de las casas de la Sección que eran las únicas construcciones del “Seis”, un estallido sordo retumbó el espacio, sacudiendo la comarca entera. Un grito de espanto broto de mil pechos, nadie alcanzaba a comprender la causa de tan tremenda explosión, las personas vieron elevarse un remolino de hierros y maderas envueltas en una nube de humo, después todo fue confusión y pánico, los cristales de edificios y casas se hicieron trizas.
Iniciaba la multitud el ascenso por la cuesta cuando vieron que corría hacia ellos el garrotero, enloquecido gesticulando y gritando en forma incoherente se acabó Nacozari reventó la pólvora, fue necesario atenderlo y enviarlo al hospital, mientras que más adelante y de entre la maleza salió el fogonero José Romero intensamente pálido y con la cara desencajada, pero completamente lúcido explicaba como Jesús lo obligó a bajar y me metí ahí, indicaba señalando una alcantarilla.
La planicie del Seis presentaba una escena indescriptible de desolación y estragos había muertos y heridos, el comisario Don Pepe cayo desmayado de la impresión, entre otros las señoritas Trinidad y María Gutiérrez quienes se asomaron por la ventana al paso del tren quedaron ciegas y marcadas a consecuencia de las heridas que sufrieron.
Los animales que pastaban en las cercanías cayeron fulminados por el impacto y la hierba y maleza en amplísimo radio se encontraban barridas y chamuscadas.
Luego de que se hicieron las investigaciones quedo demostrado que el maquinista puso todo su alma y su ser en la consumación de un acto de insólito heroísmo.
Muy temprano al día siguiente llegó a la casa el señor Douglas quien se encontraba en las oficinas del doctor Ricketts en Cananea, con el semblante adusto y tenso se aproximó al féretro y después de contemplar por largo rato el rostro de García dejo que las lágrimas rodaran por sus mejillas al mismo tiempo que con palabras entrecortadas musitaba como si estuviera orando… “Eres un héroe Jesús”.
El pueblo entero asistió al entierro donde el profesor Monzón pronunció: Asistimos para rendir el último homenaje a un obrero que se a consagrado héroe poniendo un ejemplo de arrojo y abnegación, hombres de esa talla necesita la patria y ejemplos así deben infundirnos valor para alcanzar la redención de nuestros derechos cívicos. […]
Referencias:
Terán, C. L. (1962). Jesús García el Héroe de Nacozari. Litográficos Comercial Ladrosa, S.A.
Imagen: slp.gob.mx Jesús-García-Corona, -figura-representativa-del-gremio-ferrocarrilero.aspx

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