Por: María del Carmen Figueroa Soto
Cananea Sonora, diciembre, 2021.- Mitad mexicana y mitad americana, pero cien por ciento cananense, María Laura Sanders Sosa, mejor conocida como la Profra. Mary, fue una mujer empática, valiente, trabajadora, y bastante adelantada a sus tiempos. Luchó activamente por las causas justas y defendió a las clases marginadas. Se manifestaba fervientemente en contra de todo tipo de discriminación y racismo. Rechazaba de manera rotunda al machismo en todas sus formas y abogaba por la igualdad de género. Trabajó arduamente dentro y fuera del hogar. Fue madre y padre ejemplar para sus dos hijos, a quienes sacó adelante con bastante empuje. Fue una excelente modelo a seguir. Nunca le interesó acaparar riqueza económica. Para ella, la verdadera riqueza radicaba en la familia y en las amistades. Era una persona genuina y quienes tuvieron la fortuna de conocerla podrán constatar la veracidad de la semblanza narrada a continuación por su hija, Cecilia:
María Laura nació en un día invernal, 23 de febrero de 1923, en Cananea, Sonora, hija de Carmen Sosa y Silva, originaria de Baja California Sur, y de William R. Sanders, originario de Estados Unidos. Los papás de Mary eran empleados de la compañía minera 4C y fue ahí donde se conocieron.
Se casaron en 1920 y al año siguiente tuvieron a un hijo varón a quien nombraron Guillermo (alias el Billy Sanders). Quizá por diferencias de edad, idioma y cultura, el matrimonio de Carmen y William se disolvió cuando Mary y Billy eran pequeños. William se regresó a Estados Unidos mientras que Carmen se hizo cargo de criar a sus hijos. Logró Carmen sacarlos adelante debido a su tenacidad y esfuerzo, y con el apoyo de sus padres. Melquiades, el adorado abuelo materno de Mary y Billy sería una figura crucial para ambos mientras crecían.
Cuando fue momento de acudir a la escuela, Mary y su hermano ingresaron a una primaria pública. Ahí, ambos inmediatamente resaltaron entre su grupo por su tez blanca, cabello rubio y ojos azules. Estas diferencias fenotípicas resultaron ser tremendas para ellos debido a que sufrieron de discriminación y humillación por parte de sus compañeros. A tal grado llegó el “Bullyng” que un día al salir de clases sus compañeros los empujaron hacia un barranco. Afortunadamente, el jefe de Carmen en la compañía minera supo de este conflicto y optó por ayudarlos, colocándolos en la Escuela Americana. Mary siempre fue optimista, incluso en momentos de gran adversidad. El desaire de sus compañeros en la escuela pública les brindó a ella y a su hermano la gran oportunidad de aprender inglés.
Al concluir exitosamente la primaria, Mary y Billy fueron invitados por su papá a estudiar la High School en Parker, Arizona. Ubicada en el bajo valle del Río Colorado, esa región estaba siendo transformada por la construcción de una nueva presa hidroeléctrica, la cual activaría la economía y la migración hacia esa área. El papá de Mary, por ejemplo, se había mudado ahí para invertir en una gasolinera, tienda, y viviendas para los trabajadores temporales. Mary y Billy se mudaron con él y con su nueva esposa a Earp, California, del otro lado del río, por lo que todos los días cruzaban el puente entre California y Arizona para ir a la escuela.
Al terminar la High School, Mary regresó a su terruño e ingresó a trabajar en la Unión Ganadera. Entre sus tareas estaba visitar los ranchos de la viuda de William Greene. Como parte de sus funciones, terminó Mary haciéndoles las traducciones de los documentos de los ranchos. Posteriormente, decidió ir a probar suerte en Douglas, Arizona, en donde trabajó en la tienda departamental J.C. Penney. Ahí conoció a Gilberto Vega, mejor conocido como Sonny, un veterano recién llegado de la Segunda Guerra Mundial. Mary y Sonny se casaron en 1947. Como resultado de esa unión fui procreada. Su matrimonio no funcionó, y durante su embarazo, Mary, con el valor que la caracterizaba decidió regresar a Cananea y posteriormente tramitó el divorcio, práctica poco común en aquel tiempo. Mary salió adelante con ayuda de su mamá y trabajando en lo que podía: tejía ropa de bebé preciosa que vendía, hacía pasteles, daba clases particulares y hacía traducciones.
Cuando yo era una niña de cuatro años, Mary decidió nuevamente probar suerte en Douglas y regresó a trabajar en el J.C. Penney, llevando la contabilidad de la tienda. Al tiempo, conoció al que sería su segundo esposo, Bill Allison, y de ese matrimonio nació mi hermano Juan Alberto. Pero nuevamente decepcionada, Mary volvió a Cananea, se divorció por segunda ocasión, y ahí se estableció con su mamá y su padrastro, Rafael Zavala. Ella había estudiado repostería en Douglas y empezó a hacer pasteles de novia con una delicadeza que la caracterizó toda su vida. En busca de mayores ingresos entró a trabajar a la compañía de gas. Fue ahí donde la descubrió el Profr. Jaime Sandoval, quien le pidió que cubriera un interinato como profesora de inglés en la Escuela Secundaria Mártires de 1906, para una maestra embarazada. Mary llegó a la secundaria y ahí se quedó. Lo demás es historia.
Como su hija, puedo decir que fue una madre excelente y una abuela aún mejor. Tuvo una relación tan hermosa con mis tres hijos y mis dos sobrinos. Verdaderamente fue su segunda madre. Tenía tantas cualidades que no se cual resaltaba más. Siendo maestra de la Escuela Secundaria Mártires de 1906, averiguaba qué alumnos tenían problemas económicos y entonces visitaba a los empresarios y gente pudiente y les conseguía becas. Si ella sabía que alguien tenía mucha necesidad, se llevaba a ese alumno a comer a la casa. Bromeando con ella, yo le decía que mejor pusiera un consultorio porque infinidad de alumnos pasaron por nuestra sala platicándole sus penas. Yo le decía también bromeando que de tantos secretos que sabía, podría escribir un libro muy jugoso. Se llevó los secretos a la tumba.
Aprendió a conducir automóviles de joven, cuando se mudó a Douglas, una práctica poco frecuente entre las mujeres de aquella época. A todas sus amigas que no sabían manejar ni tenían carro, ella las llevaba, traía, y les hacía mandados, siempre con una sonrisa. Pero, una de sus obras que más me impresionó fue la de darse a la tarea de darle desayuno a los señores que recogían la basura. Creo que era dos veces por semana, y para cuando llegaban y estacionaban el carretón en el callejón, ella ya les tenía en el porche de atrás un banquete con café colado, panecitos hechos por ella, y todo lo que incluye un desayuno tradicional, digno de un rey, así le gustaba a ella.
Durante las copiosas nevadas de invierno cananense, Mary acostumbraba juntar bolas de nieve y guardarlas en el congelador para que sus nietos pudieran disfrutar mientras jugaban con ellas durante su visita en la primavera. Pero Mary prefería el clima cálido. Su casa en invierno conservaba altas temperaturas, por los calentones, el comal y el horno de la estufa, que utilizaba durante largas horas del día. De su casa también emanaba una calidez de hogar. Aunque vivía sola, siempre tenía visitas, las cuales eran bienvenidas con abundante y deliciosa comida. Fue una de las mejores cocineras que he conocido y era un placer ir a tomar café con ella, no se diga desayunar y comer. Además, era detallista. La mesa siempre estaba adornada de acuerdo a la estación del año.
A lo largo de su vida le fascinó la música y el baile. Tocaba el piano lírico y compuso muchas canciones, pero nomás una de ellas se llegó a escuchar. Escribía pensamientos para mis amigas, y sus conocidas, pero sobre todo para sus nietos, y como olvidar los cuentos navideños que hacía para la radio (sus grandes amigos los locutores de la XEFQ).
Sus últimos años los pasó en Hermosillo, pero nunca dejó de soñar con su Cananea, gracias a Dios, siempre había amistades que pasaban a verla, cosa que le ayudó mucho al final. También recibía llamadas de ex alumnos, sobre todo en Año Nuevo.
Finalmente, no puedo dejar de mencionar su amor por los perros, gatos y pájaros, a los cuales les daba de comer todos los días. ¡Volvía loca a la vecina de tantos gatos que se juntaban! De Cananea a Hermosillo se vino con cuatro de sus perritas, sus fieles e inseparables compañeras.
Dejó mi mamá un legado TAN HERMOSO para su familia, que nadie lo puede igualar.
Así era ella, hermosa por fuera y por dentro, y una eterna romántica que dejó una huella imborrable. En paz descanse.
Marilú Sanders, su amada sobrina, comparte: Cada recuerdo de mi infancia y adolescencia tienen que ver con esa señora de vocecita tan dulce y mirada cálida, se esmeraba para hacernos felices a mí y a mis 6 hermanos, en navidad nos obsequiaba regalos con una generosidad impresionante haciendo llegar obsequios incluso de parte de sus adoradas mascotas, fue nuestra consejera, amiga, siempre admire su amor al prójimo y a los animales, ella me enseñó a sobreponerme de un golpe a nunca rendirme “tu vales oro, nunca permitas que alguien te trate de otra manera que no sea como un tesoro”, “a veces los verdaderos valores los encontraras entre los más humildes”.
En una ocasión tuvimos una mala racha familiar, nos habíamos mudado a Guadalajara, mi papa se quedó sin empleo y ella estuvo pagando la universidad de dos de mis hermanos. No hay manera de explicar la gratitud que todos sentimos por mi preciosa tía Mary, siempre enamorada del amor romántica a mas no poder, en su casa siembre encontrabas corazones por doquier, le encantaba hacer el papel de “cupido”, siempre estuvo en pro de la PAZ y el AMOR.
Mi tía Mary, fue sin dudarlo un gran ser humano, que dejo huella en cada persona que tuvo el privilegio de conocerla, doy gracias a Dios por su vida, descanse en paz mi tiita hermosa.
La profesora Mary siempre será recordada por su dulce voz, su trato tan lleno de amor, no solo para su familia sino para sus alumnos a quienes siempre que se llegaba el momento de despedida al concluir los tres años, se daba el tiempo para obsequiarlas una carta de despedida:
Querido alumno: El amor, el cariño, todo lo que sea un sentimiento que emane del alma, se comparte, se convive… Así es que en estas líneas de despedida no es necesario decirlo porque ya esta comprobado, y es por ello que esta separación es mas difícil, mas dolorosa, y se que nos extrañaremos y que guardamos muchos recuerdos de los momentos que pasamos juntos, uno que otro tristes, pero la mayoría, momentos de felicidad, esa alegría que solo ustedes como juventud pueden darle a la vida, entre Ustedes no se puede sentir si existe el tiempo, porque todo lo que viene de ustedes lo hacen bello, lo hacen inolvidable, sus corazones son nobles y grandes y al final de la jornada nos hacen reflexionar, nos hacen sentir que bien valió la pena ser maestros.
Que Dios guie sus destinos y como hasta ahora que siempre sea el amor y el respeto al prójimo la meta principal en sus vidas. Que la felicidad los acompañe siempre.
Quien los quiere y los recordara con todo su corazón.
Su maestra y amiga. María Laura Sanders Sosa
Colaboración:
Cecilia Vega Sanders
Marilú Sander Zavala
María del Carmen Figueroa Soto
