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domingo, marzo 8, 2026

María Celina una joven madre que embarazada se aferró a la vida tras contagiarse de COVID

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Nacozari de García, Sonora.- Hola, mi nombre es María Celina Aldana García tengo 26 años y soy originaria de Nacozari de García, Son; estoy casada con Sergio Lizarraga y formamos una hermosa familia con tres hijos.

Hoy te quiero contar mi relación con un virus que se llama COVID-19, una relación muy tóxica, este virus es tan celoso que te aparta de las personas que más quieres y que te quieren; esta relación no fue nada saludable me afectó el riñón y el pulmón; me mantuvo encerrada por más de 20 días hasta el grado de no dejarme ni respirar por mí misma. Sin duda tuve miedo, sin duda hoy creo que este virus es una realidad.

A finales del mes de octubre, me empecé a sentir cansada, en ese tiempo yo estaba embarazada y pensaba que era por eso sentía el agotamiento que solamente me daban ganas de estar acostada, pero yo quería seguir estando junto a mi familia, mi hogar era mi refugio… Y gracias a Dios no los contagié. Pero, en la primera semana de noviembre yo me empiezo a sentir peor de salud; le conté a mi esposo que no alcanzaba a respirar que estaba batallando mucho para jalar el aire, al grado que me hacía sentir incomoda; pero seguía resistiéndome a creer que estaba contagiada de coronavirus; pensaba que todo era mental o consecuencia de mi embarazo.

Llegó el momento de que ya no resistí y me animé acudir al hospital, traía las pulsaciones altas… me confirman que tengo que ser trasladada a Hermosillo para darme el tratamiento junto con mi hijo que estaba en mi vientre a punto de cumplir 8 meses de embarazo. Después del traslado ya no recuerdo con tanta lucidez, ya que mis energías y mis sentidos se enfocaban en proteger a mi bebé; me empieza a dar preclamsia a causa de que me entubaron ocasionando que mi bebé naciera ochomesino, pero con la bendición de salir negativo en su prueba del covid-19 y dándolo de alta antes que yo; entregándoselo a mi esposo… El primer vencedor salía de la batalla.

Pareciera que todo iba a mejorar, pero continué hospitalizada, colapsaron mis pulmones, me dio una falla renal, me mantenían sedada por el dolor de lo entubado; yo no quería ser parte de la estadística de mortandad… ya que, en el periodo de mi hospitalización, de 8 personas que estábamos en ese pasillo solamente sobrevivimos dos; pero yo seguía aferrada muy adentro de mí, con la energía suficiente para luchar por mi vida y la de mi familia, con el solo sueño de ver crecer a mis tres hijos. Duré hospitalizada del 2 al 24 noviembre, un periodo que se hace eterno cuando no puedes ver a quienes amas, un momento donde mi única cercanía con ellos era escuchar los audios que mandaban por celular y que las enfermeras me ponían para escuchar los múltiples mensajes de aliento que mis familiares y amigos decían; en lo profundo del efecto del sedante mi única reacción de alegría era mover mis pestañas, me platicaron después las enfermeras.

Sí hubiera sabido que por un descuido me iba a contagiar, hubiera sido más precavida y evitar todo este viacrucis; por ello recomiendo que escuchen todas las medidas de mitigación de contagios que las autoridades de salud recomiendan: el uso de cubrebocas, la sana distancia, lavarse las manos, el procurar lo más posible de quedarse en casa, la higiene y mantener limpio el lugar donde estamos y alimentarse sanamente son medidas que entre todas se hacen una para ser un gran escudo y evitar el contagio del COVID-19. Esto no es de suerte o de haber a quién le toca, esto es de responsabilidad social, de ser conscientes que es una realidad a nivel mundial, que, por chico o grande, famoso o desconocido sea el lugar en donde vives somos parte de las estadísticas; pero nosotros podemos hacer la gran diferencia porque cuidándonos por ende cuidamos a los demás de no enfermarse.

Por último, quiero agradecer a Dios por ser quien mantuvo mi fe de que todo se iba a solucionar, al personal de salud quien sinceramente se entregan profesionalmente porque seamos vencedores de esta enfermedad y a todos aquellos familiares y amigos que estuvieron pendiente de mi estado de salud. Hoy resumo con una sola palabra todo este proceso, porque no hay palabra que exprese de la mejor manera lo que he vivido, esa palabra es: MILAGRO

 

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