Por: María del Carmen Figueroa Soto
Diciembre 09/2020
Nacho, a quien recordaremos en esta historia, es un perro de la raza weimaraner quien vivió en Cananea, Sonora en el domicilio ubicado en avenida Benito Juárez No. 28.
Afortunados quienes tuvimos la dicha de verlo pasar muy airoso, serio y formal rumbo a la tienda a adquirir lo que su dueño le solicitaba, para lo cual llevaba en una bolsa que colgaba de su hocico una nota y dinero. Nunca se supo de alguien que hiciera el intento de quitarle ni el mandado ni el dinero, además Nacho ni de chiste lo permitiría.
Sus dueños hoy todos descansan, pero aquí estamos nosotros para recordarlos y traerlos a nuestro recuerdo de manera grata. El matrimonio conformado por Guillermo Valenzuela Machichi “El Boston”, su esposa Guillermina Cortez, Martin Gerardo “El Conito”, Oscar Guillermo Valenzuela Cortez “El Piri”, quienes fueron sus queridos dueños, y trataban a Nacho como un miembro más de la familia Valenzuela Cortez.
Su lugar de reposo dentro de la casa era un confortable sillón y como miembro perteneciente a la familia al salir o entrar le daba unos toquecitos a la puerta. Nacho fue un gran amigo y guardián muy bonachón y muy querido por sus dueños.
Platicando con un ex alumno de la Escuela Altamirano, hoy convertido en un profesional, comparte sus recuerdos cuando lo veían pasar por la parte de enfrente de la citada primaria y a todo pulmón le gritaban a Nacho, tratando de que este se arrimara a ellos, pero él nunca se desviaba del camino ni hacía caso a los gritos de los chiquillos, en esos momentos no estaba para juegos.
Nacho acudía con más frecuencia a lo que fue la también muy recordada y visitada tienda, “El Chavas”. En su hocico colgaba una bolsa con la nota y el dinero a pagar. – Permítanme atender a Nacho – les decía el Chavas, y abría las puertas que funcionaban como batientes de aquellas parecidas al viejo oeste. Tomaba la nota, le surtía, se cobraba, colocaba feria si había y va de regreso el Nacho con su mandado directo a su casa y con sus dueños que lo esperaban con la confianza de que las cosas con él, saldrían bien y así fue.
Haciendo una remembranza de la tienda El Chavas¨, se viene a la mente los días aquellos cuando los mineros acudían al local para adquirir chucherías y las revistas que no podían faltar, vaqueras de letritas, los comics, condorito, Kaliman y Memin Pingüín, siendo muy común el intercambio de revistas nuevas y de segunda mano, así como los dulces americanos, de acuerdo al gusto de cada quien y los cigarros de distintas marcas con los que siempre contaba en su local y sin faltar la tirada de la moneda del Chavas hacia atrás, el colocado frente al mostrador y de espaldas, la arrojaba hacia los botes que contenían el dinero encestándolo en la mayoría de las veces.
Siguiendo con el principal protagonista, el buen Nacho, cabe mencionar que acudía a otros negocios como Botica Iris, Cooperativa de la Sección 65, específicamente al área de carnicería donde entraba como Juan por su casa, siendo el único perro que podía entrar a las tiendas, ya dentro de ella se paraba a un lado del congelador y el carnicero le retiraba el apunte que llevaba en el collar junto con su cartera mismas atenciones e igual respeto en todas las tiendas a las cuales acudía tan noble e inteligente guardián.
La raza weimaraner, de la cual provenía Nacho, entre sus características es que son excelentes compañeros muy inteligentes, no están cómodos durmiendo en una casita aparte, ellos prefieren estar con sus propietarios. Esta raza necesita actividades que los mantengan ocupados para evitar comportamientos destructivos como morder y excavar, además necesitan mucha interacción con las personas, lo cual lo convierte en una raza ideal para propietarios que quieran un perro activo y grande, viven normalmente entre 10 y 15 años.
En el siglo XIX, los weimaraner pertenecían a los aristócratas de Weimar, Alemania. Howard Knightm, un deportista estadounidense y criador de perros, introdujo dos ejemplares de esta raza en los Estados Unidos en el año de 1929. El weimaraner obtenía excelentes resultados en las pruebas de obediencia, siendo reconocido en el año de 1943 por el AKC (American Kennel Club), registro de pedigrí de perros de raza pura en los Estados Unidos.
Después de una vida de solaz esparcimiento, Nacho deja de existir y con ello se va su grata presencia, sus restos fueron sepultados en el patio trasero de lo que fue su casa, donde hasta la fecha aún descansan.
Para todas aquellas fieles mascotas que hoy reposan, va el relato de Nacho con la intención de que se recuerde a todos nuestros fieles amigos que en su momento fueron parte importante de nuestras vidas.
Colaboración:
Profesor Jesús Gallegos Holguín
- Oscar Castellanos Santa Cruz
Bibliografía
