Por: María del Carmen Figueroa Soto
Cananea, Sonora a 11 de noviembre de 2020.- En el año de 1902 el Heraldo de Cananea reportó el accidente de seis góndolas de mineral, las cuales se descarrilaron al escapársele al maquinista. Más este accidente no fue el único, ya que hubo otros y más graves, como el ocurrido un día 1 de marzo del año 1903 el cual ocasiono la muerte del cambiavía John Madden y del empleado O.E. Foubre. Sin embargo, el mayor accidente de esos tiempos ocurrió en la fundición, con la muerte de los mineros Gerónimo Fontes y Manuel Encinas al no ser detenido a tiempo el ferrocarril que contenía desechos de la fundición, teniendo como consecuencia que la locomotora que transportaba cinco góndolas de material fundido se precipitara por la pendiente, sepultando a Fontes y Encinas bajo el material candente. (Alberto Suarez Barnet, notas de Sonora blogspot.com).
Otro de fatales consecuencias ocurrió el día 02 de agosto del año de 1923 en el kilómetro 14 del ferrocarril de vía angosta de la compañía 4C. Poco después de las tres y media horas se produjo el accidente registrando varios muertos y heridos debido a que el tren de pasajeros que salió para el campo de Puertecitos, fue desenganchado del carro de la máquina, antes de que bajara el pasaje, y aunque el maneador hizo todo lo posible por detenerlo no pudo lograrlo debido a que le fallo la manea y el carro corrió con más velocidad, cayéndose de la vía en la primera curva del kilómetro ya antes citado. (El Intruso 2 de agosto de 1923).
Afortunadamente hay hazañas que a pesar de su gran magnitud de riesgo tuvieron un resultado diferente como lo fue “La hazaña de Manuel Espinoza”.
Manuel Espinoza Arreola nace en Terrenate, Sonora, un 20 de enero de 1928, donde sólo vivió una corta etapa ya que a sus 7 años se viene a radicar en la ciudad de Cananea al lado de su querida madre Sra. María Arreola, sus hermanos Francisca (+), Socorro (+) y Roberto Espinoza (+), quedando a muy corta edad huérfanos y sobreviviendo únicamente Manuel y Roberto, a quienes les toco luchar por salir adelante.
Manuel inicia a laborar en la empresa minera 4C a la edad de 15 años como chofer, después de una experiencia en la grúa MT-3, donde los frenos fallaron, se le quedó muy grabado cómo tendría que hacerla si se viera involucrado nuevamente en alguna situación de riesgo.
Desafortunadamente ese día llegó en el año de 1946. Manuel Espinoza, junto con sus compañeros, Santos Curiel, José Mendívil, Ramón Bojórquez, Adolfo Prudencio, Santiago Yescas y Antonio Noperi, transportaban 403 cajas con dinamita cuando sobrevino la falla mecánica. Él les indicó que brincaran porque el troque plataforma MT-4 de 18 llantas que conducía se había quedado sin frenos. Manuel continuó frente al volante y alcanzó a escuchar a su compañero Vidal Silva que le gritaba que se arrojara del troque cosa que Manuel no hizo, más bien se afianzó y condujo hacia el banco donde tenía en mente llevar el troque.
Cuando ya se encontraba cerca apagó el motor y saltó fuera del troque que quedó asentado justo en el lugar donde él tenía planeado. Manuel menciona que nunca sintió miedo. La adrenalina había hecho presa de él y se arrojó hacia un cañón de la sierra La Elenita, como a 400 metros de profundidad, donde quedó hincado y así caminó hasta que se pudo incorporar. Después subió hasta llegar a la secundaria de la mina. Para ese momento ya había bastantes personas que se acercaron a observar lo ocurrido. Ya camino a los polvorines Manuel pudo ver que solo 3 de las 403 cajas conteniendo la dinamita salieron despedidas.
Manuel Taylor, Moisés Espinoza “El Chato Mois” y Juan Valenzuela, del departamento de seguridad de la mina fueron los encargados de llevar a cabo la investigación de lo ocurrido.
Días después Manuel Taylor, dando seguimiento a la investigación, llama a Manuel Espinoza y le pregunta si en algún momento pensó en abandonar el troque, contestándole que no, que ya tenía previsto a donde lo llevaría pues tenía conocimiento de que estaba próximo el lugar donde se encontraban 3,000 cajas de dinamita y quiso evitar una desgracia mayor.
Ellos asintieron en que todo coincidía, por lo que invitaron a Manuel a una reunión mensual de la empresa donde se le reconoció como héroe juvenil e hijo predilecto de Cananea. Pues su acto no solo salvo la vida de sus compañeros, sino además a la ciudad de Cananea. Reconocimiento que fue constante en el tiempo en que estuvieron los mayordomos americanos, que asombrados, no dejaban de reconocer como ese joven tuvo agallas para hacerle frente a la situación. Sin duda una hazaña de gran magnitud que desafortunadamente ha quedado en el olvido.
Hoy Manuel cuenta con 93 años de edad, y al lado de su esposa Adela Verdugo, sus hijas María Albertina, Diana, Lorena y Manuel, goza de excelente salud y una memoria envidiable. En cada oportunidad que tiene aprovecha para visitar Cananea, mencionando su deseo que al final de sus días sus restos sean depositados en esta ciudad la que considera por siempre “Tierra de sus amores”.
Fuente:
Testimonio viviente, Manuel Espinoza Arreola
Periódico El Intruso 2 de agosto, 1923.
http://notasdesonora.blogspot.com/2012/12/cananea-entre-1901-y-1905.html‘, ‘La hazaña del minero Manuel Espinoza, que logró parar un carro cargado de dinamita
