Cananea, Sonora a 31 de diciembre de 2019.- Después de un periodo de 1 año 4 meses concluyó la restauración del conocido como Banco de Cananea, ubicado en la esquina de la Avenida Benito Juárez y 3ª Oeste, edificio emblemático de la ciudad cuya construcción inició en julio de 1907, según puntualiza la página Crónicas de Cananea del historiador Gustavo Moreno.
Los servicios bancarios re iniciaron desde este pasado lunes 29 de julio y la afluencia de clientes ha sido poca relataron empleados de la institución bancaria, quienes aluden a que aún hay desconocimiento de la re apertura.
Al tratarse de un edificio protegido por el Instituto Nacional de Antropología e Historia, el Banco de Cananea fue restaurado en su totalidad, es decir, todo el exterior e interior permanece en su estado original.
El banco, brindará la atención a los clientes de las 8:30 de la mañana hasta las 4:00 de la tarde de lunes a viernes.
Imágenes contemporáneas:
Exterior Dr. Francisco Ávila Hernández.
Interior: Arq. Roberto Carlos E.P.
A continuación se anexa el antecedente histórico del banco, que se encuentra publicado en el portal antes mencionado https://cronicasdecananea.blogspot.com de Gustavo Adolfo Moreno.
Nuevo edificio del Banco
Cuando Greene pierde el control de la empresa, no se tiene información si estaba planeado o fue causa de las nuevas estrategias de la empresa, se decide sacar el banco del edificio donde también se encontraban las oficinas generales de la 4C y todo parece indicar que para mayo de 1907 ya se habían comprado los terrenos de la esquina de Av. Juárez y Calle 3ª Oeste donde se encontraban algunos comercios de chinos.
La Compañía Bancaria Mercantil de Cananea S.A. seguiría siendo conocido coloquialmente como Banco de Cananea, incluso en los anuncios que se insertaban en los diarios así se manejaba, nombre que se sigue manejando hasta nuestros días para identificar el edificio, aun cuando lo han ocupado bancos con nombres que nada tienen que ver con el nombre local de la institución bancaria que originalmente ocupó el edificio.La construcción del edificio inicia entre julio y septiembre, y originalmente se había proyectado con dos pisos, pero en Junta Ordinaria del Consejo de Administración de Fecha 29 de septiembre de 1907, cuando el edificio ya estaba en plena construcción, decretan un tercera exhibición sobre las acciones emitidas hasta completar el 75% de dichas acciones, con el objetivo de aumentar un tercer piso al edificio.Una vez adquiridos los terrenos, desde mayo de 1907 se empezaron a insertar anuncios en los periódicos locales y de Arizona solicitando propuestas para construir el nuevo edificio del Banco, dando como término para recibir propuestas el 1 de junio.
Los altibajos que había estado sufriendo el banco desde principios de 1906, se prolongarían hasta mediados de 1908, cuando por una combinación de malas decisiones financieras del presidente de la 4C y la baja del precio del cobre, pierde el control de la empresa en 1907, provocando su cierre por unos 8 meses y de Cananea salen entre 7 y 8 mil personas (entre el 32% y el 36% de la población), quienes retiran sus ahorros del banco creando una crisis en la institución de crédito, ya que solo en junio de 1906, al momento de la huelga, los obreros tenían depósitos por unos 40 mil pesos, es decir, el 34% de la captación del banco en mayo de ese año, lo que nos da idea de los problemas financieros que tuvo la institución entre octubre de 1907 y julio de 1908, periodo en el que la ocupación de obreros y las ventas comerciales eran mínimas. El cierre de la 4C en Cananea, no solo dañó al banco y al comercio local, el impacto llego hasta sitios tan lejanos como Veracruz, un ejemplo:El edificio del banco por el lado de la Calle 3ª Oeste presentaba tres pisos, mientras que el frente que esta por la Av. Juárez, mostraba solo dos pisos, dada la pendiente de la avenida. Era un edificio sólido y moderno para la época, en el piso intermedio presentaba ventanas rectangulares con un arco en la parte superior, mientras que en los otros dos pisos las ventanas eran cuadradas. En el piso intermedio se encontraban las oficinas y servicios del banco, mientras que los otros dos pisos eran rentados para oficinas y consultorios médicos.
“Orizaba. Fábrica La Violeta.- La fábrica de puros con cuyo nombre encabezamos estas líneas, se ha visto obligada a reducir su elaboración y jornales, a causa de la crisis en Cananea, mineral que hacía gran consumo de esta mercancía y que últimamente mandó suspender un pedido de 70,000 puros que tenía hecho, según se nos dice. Los pureros que antes ganaban fuertes jornales, se han visto obligados a aceptar pagos muy reducidos”.
El banco seguiría operando en forma normal y sin cambios hasta 1911 cuando la 4C realiza modificaciones importantes en su administración, y entre otras cosas, decide deshacerse del Departamento de Banca. Sería Ignacio Macmanus, cajero general durante 9 años, el encargado de liquidar el departamento que quedaría oficialmente desaparecido de la 4C el 1 de abril de ese año y a partir de esa fecha el banco quedaría exclusivamente bajo el control de Greene y socios. Meses después, el 5 de agosto William C. Greene muere a causa de la complicación de un accidente con neumonía, quedando el banco en manos de su viuda Mary Proctor de Greene y descendientes.
Hasta antes de la revolución, la 4C utilizaba mensualmente en sus transacciones de importación entre 10 y 15 mil pesos en monedas de plata, después de que los puentes ferroviarios fueron quemados por primera vez en abril de 1911 y después en marzo de 1913, esta segunda vez previo a la toma de Cananea por Álvaro Obregón, no se podía importar nada y los suministros comenzaron a escasear. Para septiembre e de 1913 sólo unos pocos cientos de pesos se mantuvieron en circulación. Las empresas no podían dar cambio y algunos querían cerrar, mientras que otras tiendas y cantinas emitían cheques al portador por uno y dos pesos cobrables en la Compañía Bancaria Mercantil, aunque ninguno de ellos sobrevivió. En ese entonces, los comerciantes y ciudadanos mexicanos buscaban culpables de la situación y hubo un gran resentimiento contra las pequeñas empresas chinas a quienes se acusaba injustamente de acaparar las monedas de plata.
De la misma manera, durante el resto de la revolución el banco tuvo muchos altibajos en materia de captación de cuentas de depósito, ya que la población fluctuaba mucho en función de cual bando se encontraba en control de la ciudad, por lo mismo muchos pequeños comerciantes tuvieron que salir de la ciudad, entre ellos muchos chinos, ya que eran el principal blanco de los revolucionarios cuando querían tomar dinero o mercancías del comercio local.
Otro de los eventos más críticos para el banco durante la revolución, fue cuando Pancho Villa después de la derrota que sufrió en Agua Prieta los primeros días de noviembre de 1915, se repliega a Naco, donde permanece unos días, después se traslada a Nogales dejando al Gral. José E. Rodríguez al mando de 7,000 hombres. Villa en su viaje a Nogales, llega a Cananea, acampando en la cuenca del Río San Pedro al norte de la población en una estación de abastecimiento de agua y carga de ganado llamada Villa Verde, ubicada a unos 35 km de Naco. Villa arribaba sin avituallamientos para alimentar a unos 11,000 hombres que le quedaban y era menester buscar la forma de mantenerlo en condiciones de ataque. Villa ordena al Col. Jesús Beltrán que se presente en Cananea a conseguir pertrechos al mando de unos 150 hombres. Se presenta en las 4C y exige al Gerente General que le entregaran $25,000 dólares como impuesto por la producción de la mina y 10 toneladas de harina. Así mismo, a la Cananea Cattle Company le dice que se proponía tomar toda su manada de 30.000 cabezas de ganado para el mantenimiento de su ejército. Mientras tanto, el Gral. José Rodríguez entró al Banco Mercantil de Cananea y exigió que le entregaran $50 mil pesos plata del banco y $43 mil de la compañía. Al parecer, poco después, Villa cambió de parecer y pidió 20,000 sacos de harina, 5 sacos de azúcar, 2 de sal, café, un camión para transportar esa mercancía y varios cientos de cabezas de ganado entre caballos y vacas.
Otro aspecto que se estaba sumando a toda la problemática que prevalecía en Sonora, pero particularmente en los grandes minerales del norte del estado, era la devaluación que estaba sufriendo el peso frente al dólar, ya que en 1915 el dólar se cotizaba a $11.16 y para mediados de 1916 se había duplicado y se cotizaba a $23.83, lo que iba directamente contra los bolsillos de los mexicanos, sobre todo en las poblaciones fronterizas o cercanas a la frontera, como Cananea donde casi todo se cotizaba en dólares, por supuesto, estas épocas solo eran buenos para los sistemas bancarios, ya que obtenían buenas ganancias en la compra-venta de dólares.
Para 1917 la violencia de la revolución se había alejado de Sonora y el estado entra en una etapa de cambios políticos, sociales y económicos. Los bancos entran en una etapa de estabilidad, ya que la población de los centros urbanos se estabiliza, al igual que el comercio y ya no existían los grandes movimientos de masas que se habían dado durante los años violentos de la guerra revolucionaria.
Solo habían pasado 2 años de estabilidad cuando el Banco y todo Cananea se vieron sacudidos por un extraordinario evento, cuando el 9 de mayo de 1919 un grupo de 22 delincuentes al mando de Toribio Caballero roban el Banco, 4 tiendas, caballos de la 4C y armas, además de matar a varios policías. Ya por la tarde de ese día en el recuento de los daños, según versión del Gerente Carlos Almada, la cantidad robada del banco ascendía a 22 mil dólares, además de los destrozaron que se hicieron en el banco al violar la entrada y querer abrir la bóveda.
Otro siniestro evento vendría a romper las operaciones normales del Banco casi seis años después, cuando la noche del lunes 20 de abril de 1925, pasadas las 11:00 p.m. inicia un incendio cuyos orígenes no están muy claros, pero se piensa que se originó en una planchaduría de chinos localizada en el Callejón Hidalgo, atrás del teatro Royal y del Banco, de tal forma que el incendio fue de grandes proporciones debido al fuerte viento que soplaba en esos días y como resultado se quemó toda la manzana donde se encontraba el teatro y el Banco, parte de Cananea Vieja, extendiéndose hasta donde se encuentra el Tanque Negro. Al final del incendio el teatro Royal resultó en pérdida total y el Banco resultó con graves daños en su tercer piso donde se localizaban oficinas y consultorios, por lo que tuvo que ser desocupado el edificio mientras se reparaba.
Los daños en el tercer piso fueron tan graves que tuvo que inutilizarse y el edificio quedó únicamente con dos plantas, tal como se puede ver actualmente. Como parte de las adecuaciones que se le hicieron al edificio se cambió la puerta de entrada que originalmente estaba en la esquina, para pasarla hacia el centro, eliminaron los escalones de acceso y cambiaron la forma de la escalinata sobre la acera. El Banco siguió prestando sus servicios, mientras se hacían las reparaciones, instalándose temporalmente en la esquina de Av.
Sonora y 2ª Oeste, donde posteriormente estuvo el Restaurant Central, enfrente del edificio de la Sección 65 del Sindicato Minero.
Después de su remodelación, el Banco siguió operando de manera normal hasta la gran depresión económica que inicia en 1929 y termina en 1932. Durante esta crisis la producción real registró una caída de 30%, el desempleo alcanzó un 33%, hubo una deflación de 25%, y 1 de cada 3 bancos comerciales cerró sus puertas. Pero el hecho más relevante de esta crisis, es que entre agosto de 1929 y marzo de 1933 se registró una reducción de 30% en la cantidad de dinero en circulación. Aunque la Compañía Bancaria Mercantil de Cananea aguanto los vendavales de la crisis, al igual que todos los bancos, sufrió grandes pérdidas. Probablemente dentro de todos los ajustes administrativos que tuvo que hacer al final de la crisis, tuvo que cambiar de nuevo la razón social y con fecha 6 de octubre de 1932, volvería tomar el nombre de Banco de Cananea, S.
A. y el 26 de octubre la Secretaría de Hacienda y Crédito Público le otorgaría la concesión para operar como banco de ahorro, depósito y crédito, para esta fechas el presidente del Banco era Charles E. Wiswal, presidente de muchas de las empresas creadas por Greene desde 1918 en que se casa con Mary Proctor Vda. de Greene.
De la mano de Wiswal el banco entraría en una etapa de estabilización y sería presidente de la institución hasta su muerte en 1952. Para diciembre de 1950 el capital social del banco era de $1’200,000 pesos y en su consejo de administración estaban todos los descendientes de Greene y su viuda, además de Frank D. Wilkey como vicepresidente y Emilio Segura Jr. como secretario y mano derecha de Wiswal desde hacía muchos años.
El último pilar del emporio creado por Greene era la doblemente viuda Mary Proctor, ya que los hijos de este, llevaban una vida disipada y solo Billy Jr., dicen, tenía cierta capacidad para llevar los negocios, pero desde 1952 enfrentaba una demanda de divorcio de su esposa Rosina Cotter y existían varias órdenes de aprehensión en su contra. Con la muerte de Mary Proctor el 27 de noviembre de 1955 y esta demanda de divorcio, empezaron a aflorar los negocios que había dejado el “Rey del Cobre” a su viuda y descendencia, información que se aprovecha para fundamentar la demanda de la expropiación del latifundio Greene, cuyo litigio culmina con el decreto del 5 de febrero de 1957. Expropiación con la que inicia la debacle de los negocios de la familia Greene en Cananea y después, perderían también el banco.
Don Basilio Hage, quien trabajó por 22 años en el banco, en sus memorias describe una estampa histórica del último día de los Greene en el banco, cito textualmente:
“Estuvimos viendo a los hermanos Greene entrar y salir de la oficina privada de la gerencia del banco, sus pasos lentos, sus rostros que no reflejaban alegría, pues salían de finiquitar probablemente su última transacción en Cananea, el traspaso de sus Acciones que los amparaba como propietarios del Capital Social del Banco, al comprador de las mismas: el Sr. Andrés O. Córdoba R.”
“Al pasar el Sr. Frank Greene por el frente de mi ventanilla, me atreví a llamarle para recordarle que hacía algunos años me había dado a guardar en una de las bóvedas de seguridad del banco, un precioso y finísimo rifle que había sido de su padre, William Cornel Greene; me sonrió y nos dirigimos por el arma que el recibió, me dio las gracias y se fue.”
