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sábado, marzo 7, 2026

Lo que nunca debió ocurrir… a 4 años del derrame de tóxicos al Río Sonora

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Cananea, Sonora a 04 de agosto de 2018.- Faltaba poco para las 5:00 de la tarde del 7 de agosto de 2014, cuando un helicóptero del Gobierno estatal aterrizó en el estadio Mártires de 1906 ubicado en la colonia Estadio en Cananea, de él, descendió el Ing. Carlos Arias, quién entonces fungiera como Director de Protección Civil en el estado.

Para entonces en la localidad ya era un secreto a voces que un derrame considerable de desechos tóxicos se habían filtrado al cauce der Río Bacanuchi, producto de las intensas lluvias que se habían generado en Cananea y en toda la región y que habían desbordado una de los represos de desechos de la mina Buenavista del Cobre.

El funcionario, venía proveniente de Agua Prieta donde había entregado apoyos para afectados por las lluvias y después de cargar combustible, inició junto con autoridades locales el sobrevuelo del área afectada para determinar los daños de lo que después se determinaría como un ecocidio sin precedentes en México.

Con el paso de las horas, se constató que 40 mil metros cúbicos de aguas residuales efectivamente se habían vertido afectado y llegando en poco tiempo a al menos 7 municipios del Río de Sonora, donde la odisea y el sufrimiento para sus habitantes estaba apenas a punto de empezar.

Restricciones en el uso del agua, riesgo latente para los animales, los cultivos, cambio radical en la actividad diaria y económica, es lo que los habitantes ribereños empezaron a sortear desde ese fatídico 06 de agosto, hasta la fecha.

Aunque entonces la versión oficial de las autoridades no dimensionaba el daño real, casos dramáticos no solo de negocios en quiebra y de pérdida de proyectos agrícolas y ganaderos  empezaron a ser la constante el Río Sonora, sino también y aún más doloroso, el gran número de personas que presuntamente a causa del derrame, estaban contrayendo raras enfermedades en la piel.

Esperanzados, los habitantes confiaron en una anunciada remediación y en el relativo beneficio que se les prometió a través de un Fideicomiso que el mismo Grupo México propietario de la concesión de mina Buenavista del Cobre, tuvo que formar con un cantidad de 2 mil millones de pesos y que en su ejecución dejó el mal sabor de boca por presuntos malos manejos, servilismo y corrupción de quienes tuvieron en sus manos el poder de dicho fideicomiso.

A la vuelta de 4 años, los reclamos y el desasosiego de los pobladores del río, lejos de terminar, ha permanecido y siguen amargamente exigiendo se remedie el daño a su agua, a sus tierras, a sus vidas, que se cumplan los compromisos más básicos como instalación de plantas potabilizadoras, la puesta en marcha del hospital de especialidades para que puedan ser atendidos médicamente, que se apoye a la economía de sus regiones y que se les regrese la paz y tranquilidad que era uno de los sellos distintivos de esta ruta que además contaba con una gran afluencia de turistas durante todo el año, por su belleza natural, sus paisajes, su cultura y sus tradiciones, la ruta del Río Sonora, hoy claro ejemplo de negligencia empresarial e indiferencia institucional.

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