Por: Profra. Luz Marina Morales Bustamante.
Primero voy a hacer referencia a otro aspecto que también se truncó de pronto, el deportivo. He escuchado que desde los años cuarentas a los setentas del anterior siglo, Cananea fue SEMILLERO de basquetbolistas y de beisbolistas y quienes mejor saben de ésto, nos mencionan nombres de jóvenes que destacaron a nivel estatal y nacional en forma asombrosa. ¿Qué sucedió? ¿Porqué no continuamos en ese ritmo de producción de grandes deportistas? Veamos: Por un lado, los equipos de otros lugares, donde había dinero, jalaron a los mejores ofreciéndoles mejores condiciones de vida que los que tenían aquí y se fueron. Por otro lado, en el boom de los setentas, cuando los mineros mandaban a sus hijos a universidades particulares, universidades de renombre y tecnológicos, jalaron a los mejores jóvenes deportistas. Los becaban al 100%. Así, los mejores se fueron y no volvieron. En esas universidades compartían con jóvenes de una clase social diferente a la de ellos y en ese ambiente, se fueron colocando en importantes empresas ya como profesionistas. Cananea, se les olvidó. Los beisbolistas escalaron a ligas mexicanas, destacando muchos de ellos y hubo quien logró llegar a las ligas mayores. Es un gran orgullo para todos los cananenses esta historia, pero es también la causa de esa línea que divide los buenos tiempos de esos dos preciosos deportes. También sucedió, en los ochentas, el impulso deportivo entre los trabajadores de la Compañía Minera de Cananea, en las ligas interdepartamentales, con participación masiva en beisbol y softbol, pero, lamentablemente, desde la privatización de la mina, en 1990, todo esto desapareció.
Algo similar sucedió en la vocación de lucha, parte esencial de nuestro SER CANANENSE. Durante muchas generaciones, los hijos de mineros crecimos escuchando a diario :” voy a la sesión” (todos los jueves), “el principal punto que se trató fue…”, “los de fundición vamos a apoyar a fulano de tal porque el perro del mayordomo…”, “compadre, eso no te lo pueden hacer porque el artículo tal del reglamento interior de trabajo dice que….” “voy a la junta previa porque ya vamos a nombrar a los de la cooperativa…”, “ si nos vamos a huelga por un mes, alcanza bien el fondo de resistencia…” etc, etc. etc. ESTA FUE NUESTRA ESCUELA EN CASA. Las mamás escuchaban y sentían que lo que pasara “allá” repercutiría en ella y en nosotros sus hijos.
En los años setentas, los hijos de mineros ya no aspiraban a trabajar en la mina y los mismos mineros decían: “no quiero que pases por lo mismo que yo”, y los enviaban a universidades, a la UNAM, a Guadalajara (ITESO), al Tec de Monterrey,a Texas y otros lugares caros.
De ese modo se cortó el aprendizaje sindical en casa.
Esos jóvenes estudiaron en esos ambientes, se acomodaron en empresas de renombre y en el gobierno y se olvidaron de Cananea.
Se quedaban aquí los hijos a los que no les gustaba estudiar y ellos si entraron a la mina y siguieron la tradición laboral y sindical de sus padres, logrando mejorías en el contrato colectivo de trabajo, pero ellos a su vez, enviaban a sus hijos a la universidad y se repetía el ciclo.
Así llegó el tiempo de la globalización y con ella el golpe de 1989, de la fraudulenta quiebra. Lo que sucedió entonces, a partir del 20 de agosto, es tema aparte, pero si debo mencionar que todos los mineros, todas sus esposas, sus hijas e hijos, todas las mujeres de Cananea, todos los comerciantes, constructores, empleados, maestros, todo Cananea, formados en esa escuela de vida en nuestras casas, nos unimos como si fuéramos uno solo y enfrentamos al gobierno de Salinas. De los que se habían ido, muchos formaron grupos en solidaridad con los mineros y trajeron ayuda de muchas partes. Cientos de organizaciones políticas (todos los partidos de entonces), sociales y religiosas se unieron a la Secc. 65 y Salinas de Gortari tuvo que dar marcha atrás, pero nunca nos perdonó. Privatizó la mina y otra historia empezó.
La salida de los 719 en 1990, fue el detonante para partir la historia de nuestra ciudad, porque salieron los mineros de más años en la lucha sindical, los expertos. Se quedaron mineros jóvenes de los que ya no escuchaban, de los que poco les importaba cómo se formó el contrato a través de los años y de los sacrificios de sus antecesores, de los que terminaron con el siglo envueltos en la tecnología, de los que tenían a sus hijos en la escuela del enemigo. No se dieron cuenta hasta que empezaron a sentir los estragos: mucho menos salario, diferentes condiciones de trabajo, organización sindical endeble por problemas internos, su líder nacional viviendo sus últimos años, fuerte carestía de la vida, devaluación del peso en el 94, inflación galopante.
En ese inter, las condiciones políticas de la ciudad cambiaron y la sociedad se dividió en dos, los unos contra los otros. Todo mundo empezó a echar culpas, a denigrar gente. SE HABÍA TERMINADO LA UNION, LA SOLIDARIDAD.
En esas condiciones se llegó al momento de luchar por condiciones laborales de higiene y seguridad y por autonomía sindical, el año 2007. El golpe no fue sólo desde el gobierno, el golpe fue de muchos cananenses hacia la secc. 65 e incluso de miembros de la sección que se liquidaron y se fueron a servir al patrón. Triste historia.
Al pasar de los años, mucha gente se ha dado cuenta de su error. En este momento, la esperanza de dar vuelta atrás y reconquistar el derecho al trabajo, la dignidad del obrero, la jornada justa de trabajo y colocar el Contrato Colectivo de Trabajo en su lugar, ha renacido. Las condiciones políticas del país han cambiado y éstas nos favorecen. Nos toca, como sociedad, ponernos al lado que nos corresponde, el de los trabajadores, porque al fin de cuentas todos somos trabajadores, de diferentes patrones, pero trabajadores. Es tiempo de UNION Y SOLIDARIDAD entre nosotros.
