Al cerrar el portón sintió un brillo descolorido sin edad.
Algunos lunares de su cara destellaron con timidez a la luz de la luna. Luego su ausencia se volvió infinita.
Sol y sistema se mantuvieron alejados de su rostro planetario, perteneciente desde entonces al olvido.
Bajo llave arrojó su último meteoro en las manos de nadie.
Cuando los vecinos derribaron el portón no encontraron su nombre en la placa de la puerta.
Ella se ocultaba anónima en el ático.
(De mi libro: “A Través de la Luz y Otros Rincones”).
