Ahí perdimos el brillo de la esperanza. En nuestra búsqueda encontramos finalmente el filón de oro, pero las lámparas de keroseno se agotaron.
Debajo de nosotros una galería se hundió, atrapando a varios mineros en el colapso.
Un esfuerzo vehemente se inició. Hombres enfrentando a la adversidad se apresuraron a partir hacia el rescate.
(Antes de caer inconscientes por la falta de oxígeno, una luz intensa iluminó aquel encierro).
Nos despertó el ruido de las voces, el golpeteo de herramientas removiendo escombros. Cuando fuimos rescatados, al reencuentro con los otros mineros nos dimos cuenta que sus lámparas también se habían agotado. Fueron guiados hasta nosotros por aquel resplandor.
En la veta el valor de la vida permaneció gravado en las entrañas de la tierra.
Y todavía, sin respuesta, la misteriosa luminosidad del filón de oro.
(De mi libro: “A Través de la Luz y Otros Rincones”).
