¿Alguna vez has dejado de hacer algo por miedo al “qué dirán”, o porque a tu pareja no le gusta, o porque temes al rechazo y a la crítica de los demás? ¿Has dejado de hacer lo que realmente quieres por complacer a los demás? ¿Te afecta lo que otras personas piensen de tu forma de ser, de pensar, de vestir o de actuar?
A lo largo de los años, la sociedad se ha encargado de generar expectativas para las mujeres, de convertirse en juez y de condenar a aquellas que no cumplen con lo que se espera de ellas. ¿Y qué es lo que se espera de ellas?
Empecemos por la vestimenta. “Se debe vestir conforme a su edad.” Eso incluye vestir minifalda, escotes, zapatilla alta, ¡bikini ni lo pienses! ¿Gargantillas? ¡No! Esas son para las jovencitas. Nunca he logrado entender quién define tales estándares, mucho menos el propósito.
Comportamiento. Es joven y es soltera, que salga a bailar y a divertirse. ¿Es casada y supera los 30? Entonces debiera estar en casa haciendo lo que se espera de una señora, atender su casa, a sus hijos y a su esposo.
Todos en algún momento hemos sufrido los efectos del “qué dirán”. Hace aproximadamente un año fui a la playa. Después de casi 20 años decidí usar un traje de baño de dos piezas. Había estado cuidando mi alimentación y además tenía un par de meses de haber empezado a ejercitarme, por lo tanto, era un momento en que me sentía bien con mi cuerpo. Al igual que muchas mujeres, no me sentía con seguridad al 100 %, un poco cohibida e insegura, pero lo hice. Me tomé una foto y después de pensarla mucho, decidí subirla a mis redes sociales. ¿Qué por qué la pensé tanto? La crítica obviamente. Después de pensarla mucho, sola me convencí de que eso no debía afectarme en lo más mínimo. Cómo la mayor parte de mis decisiones tomé en cuenta la opinión de mi esposo, no porque espere su aprobación o necesite un “permiso”, pero sí para sentir su apoyo. Y fue así como me liberé de esa inseguridad, no sé si habría alguna persona que me haya criticado por mi “atrevimiento de mostrarme de una forma en la que no se espera ver a una señora y madre de familia”, solamente decidí que eso no me importaría, que no necesitaba la aprobación de nadie, que no me regiría por las expectativas de la sociedad.
Preocuparse constantemente por el qué dirán son ataduras que nos roban libertad. Y la libertad es algo tan preciado a lo cual todo ser humano es merecedor.
En ocasiones las personas también aparentan algo que no son. Esto lo hacemos algunas veces por miedo, por encajar en algún grupo, otras por temor a ser rechazados, abandonados o por falta de confianza en nosotros mismos.
”Buscar siempre la aprobación de los demás, es señal que nos importa demasiado el qué dirán.” Lo triste es que ésta actitud nos lleva a vivir sólo de apariencias, convirtiéndonos así en personas vacías, frívolas, poco interesantes y con baja autoestima; pues se va desarrollando un descontento interior que a la larga es siempre perjudicial. Si te gusta esa falda, póntela. Si quieres publicar esa foto, publícala.
Escucha la música que te gusta, emprende el negocio que te apasione. Si te gusta expresarte de cierta manera, hazlo.
Si no tienes que aparentar algo que no eres, vas por el buen camino.
Está en uno mismo decidir ser una persona auténtica y mostrar siempre quien realmente somos, y no quien los demás esperan que seamos. De esta forma ganaremos muchas cosas, como respetarnos y sentirnos mejor con nosotros mismos, tenernos confianza, tener relaciones más genuinas y auténticas, enseñarles con el ejemplo a nuestros hijos para que también sean siempre lo que ellos quieran ser.
Aún estás a tiempo de dejar a un lado el qué dirán y ser una persona auténtica, no esperes aprobaciones de los demás, porque si estás pendiente de eso, te esperará un desgaste emocional y frustraciones que sólo llevan a la infelicidad. Tenemos que abandonar la idea de que los demás tienen que darnos su aprobación para que podamos sentirnos bien.
