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sábado, marzo 7, 2026

Don David González Heredia, sus memorias, sus recuerdos, sus anhelos

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Por: María del Carmen Figueroa Soto

chivateraUna vida de lo más interesante, una plática llena de matices, entre risas, lágrimas y emociones. David González Heredia, nos narra una historia de alguien que en carne propia vivió las diferentes épocas del pueblo de Buena Vista.

Lo que más me funciona es la mente ando volando bajo, pero de la mente si carburo menciona David.

Nace un día 4 de Julio del año de 1925 en el poblado de Buena Vista. Su padre Apolinar González Macedo, su madre Benita Heredia Arrizon.  Fue parte de una numerosa familia conformada por sus padres y 13 descendientes, mismos a los que en la actualidad David es el único que les sobrevive.

Sus hermanos lo fueron Asunción, Victoria, Benjamín, Consuelo, David, Apolonia, María, Leonor, Jacinta, Daniel, Manuel, Consuelo y David.   El Por qué se menciona Consuelo y David en dos ocasiones el mismo nos los relata:   “Al fallecer dos de mis hermanos mis padres se deciden de nuevo por los mismos nombres”, menciona.

Sus estudios inician en la primaria Carlos A. Carrillo, en el año de 1932, en el pueblo de Buenavista, donde de una manera grata recuerda a su maestra de nombre Luz Ruiz.

don-davidContinúa removiendo tantos recuerdos en su memoria, relatándonos, que en aquellos tiempos su papá les hizo unas chanclas con una banda y unas correas, ya que acostumbraban andar descalzos, aunque estuviera nevando.   Anduvo así hasta el año de 1936, donde la misma necesidad y dado a que ya trabajaba con unos “gringos” que construían y le reparaban casas a la compañía minera, lo hizo abandonar sus estudios, cuando cursaba el quinto grado, por lo cual mucho de lo que aprendió fue por ser inquieto y preguntaba cualquier duda que tenía.

Igualmente recibe un valioso regalo de un amigo de su padre, (Rafael Flores González) quien le dice; tu no terminaste la escuela, pero yo te voy a obsequiar toda una biblioteca, libros que se dedicó a leer y sin dudarlo les sacó provecho.

Menciona además que, de una tienda cercana a su casa, cuando les apretaba el hambre se metía espichadito había costales de maíz, garbanzo y frijol, tomaba unos puños de garbanzo y maíz, los colocaba dentro de las bolsas de sus pantalones y ya que consideraba que eran suficientes se los llevaba a su casa los tostaban en unos calentones y así ya no se acostaban con hambre.

Había un árbol que daba una fruta pequeña le llamaban saladito, parecía que estaba rociada de sal, cuando nos apretaba el hambre comíamos a puños de ellos, además de manzanitas, tunas, bellotas, la fruta del madroño en forma de uvas, capulines una fruta más chica que la uva y que se daba en los montes, recordando que uno de los manjares que comían era arroz con panocha.

“Te voy a contar cosas que no las puedes ni creer y quizás ni escribir.    En el pueblo de Buenavista vivíamos en un mundo de analfabetismo muy grande, de gran pobreza, no había ni baño con lo que se contaba era con   unas grandes piedras en forma de montículo y ahí íbamos a hacer nuestras necesidades, las mujeres tenían su lugar y nosotros todos respetábamos ese lugar. Un respeto absoluto hacia las mujeres, además nosotros no conocíamos el papel sanitario, escogíamos las piedras más redondas y lisas para sustituirlo”, platica.

“Éramos millonarios, pero de lombrices y piojos cuando se venían norteamericanos a Cananea, se paraban a las casas de nosotros huyendo de la ruina,  a pedir una tortilla pues sufrían la secuela de la guerra de 1914-1918, mencionando que esa crisis y el hambre la padecieron hasta el año de 1942.    Éramos muy pobres y con todo y que mi padre trabajo muy duro, pasamos bastantes penurias”.

“Mi padre sufrió su enfermedad estoicamente, falleció de ultimo grado de silicosis, fue un sufrimiento enorme verlo en esa situación.     Sus últimos días cuando yo apenas tenía 11 años de edad, él se vio postrado  en una cama donde a un lado,  tenía una petaquilla y de ella sacaba un hayal, (bola parecida al coco) casi todos en ese tiempo tenían uno en sus casas,  dentro contenía mezcal  él lo tomaba en sus manos le retiraba el tapón y se echaba un trago, lo que le permitía que se quedara un rato muy tranquilo,   la empresa tenía un médico que  solo les diagnosticaba un 5 o 10 % cuando la realidad era que tenía hasta un 95% de avance en su enfermedad”, relata conmovido.

Don Apolinar, falleció en el año de 1936 en el mes de febrero justo cuando estaba una Huelga la que duro 3 meses.   En el momento que falleció, llegaron dos de sus compañeros y amigos: Cayetano Rodríguez y Pedro Zavala, ya traían con ellos unas tablas y una manta, lo midieron y ahí mismo le hicieron su cajón y lo colocaron en él.

Ya en el año de 1942, Don David inicia con las cuadrillas de fierreros, albañiles y plomeros, tiempos en que todos los trabajos se hacían a pulmón y en donde trabajó un aproximado de 4 años, para después pasar a laborar a otros talleres de la compañía como lo fue el taller de tubería, al momento de fallecer su madre, decide irse a Mexicali y después se regresa y se compromete casándose después con Gloria González Rivera, con quien procrea a Alma Gloria, David, Yolanda y Máximo Alejandro.  En el año de 1973 ingresa en el taller del Tajo.

Resaltando un gusto de su juventud el cual disfrutó bastante y fue el baile, un verdadero arte el cual no todos podían presumir de ser un excelente bailador. Recordando que en la Empacadora se hacían lunadas y frecuentaba un salón de baile, llamado La Gruta, en ese salón en la parte central había un pilar que en cada lado tenía un espejo y ahí pasaban bailando y volteaban de reojo a ver su silueta, otro salón que recuerda es La Alianza Hispanoamérica, El Bohemia Club, El Montecarlo, El Monterrey.

Y continúa narrando…

“Te voy a decir una cosa y no quiero que parezca presunción, yo no tengo miedo ni al diablo, ni me asusto con el petate del muerto.  Y si algo me hace enojar es cualquier injusticia, ahí si en definitiva exploto”, recalcó enfático.

Menciona tener lista la fosa que el mismo cavó, no sin antes decir que no tiene ningún apuro por morir, tanto que sufrí en la vida y hoy que estoy tan bien, dejaré que todo llegue en su momento.

Indicando además tener lista la lápida al lado de su madre en la cual se lee lo siguiente:

SEÑORA BENITA HEREDIA ARRIZON 1879 -1957 Y SU HIJO DAVID GONZALEZ HEREDIA 1925 -201?

“EN LOS ULTIMOS DÍAS DE MI EXISTENCIA, HE LLEGADO A LA CONCLUSIÓN QUE NO SE PUEDE SER REALMENTE FELIZ SIN UNA DÓSIS DE INTELIGENCIA”.

Don David González Heredia, un hombre regio, valiente, directo,  a sus 91 años, coherente y congruente con sus principios, con sus ideales, con su vida, una vida que relata la historia de alguien que en carne propia, vivió las diferentes épocas del pueblo de Buena Vista.

 

 

 

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