Es domingo, son casi las cinco de la tarde. Esta hermosa y enigmática ciudad se encuentra cálida y raramente limpia, se pueden ver los edificios más cercanos y respirar sin la preocupación de terminar tosiendo o que se colapse la nariz. –Camino sobre una pequeña calle que abraza ligeramente un centro hospitalario, paso exactamente por el área de urgencias. –Mientras camino puedo ver de cerca una camioneta tipo “van” de color oscuro; opacado por el tiempo; con señas de una vida bastante ajetreada y adaptada como cochesito de muertos (carroza). Lo puedo ver y asegurar porque me lo confirma una impresión barata en hoja blanca tamaño carta y adherida con diurex que dice “FUNERALES <PONGA USTED EL APELLIDO QUE GUSTE>”. Adentro, el conductor, un joven de amplio volumen que alegremente y con mucha seguridad deja ver su ampliado abdomen color moreno claro y escasa población de vello. –Al calor de la emotividad comía un típico sándwich regional al cual los lugareños llaman “torta chancluda”. –En la parte trasera se encuentra un pequeño clon del joven conductor imitando los mismos gestos, sólo que este libra una dura batalla/lucha contra un producto lácteo procesado en abundancia que se resiste químicamente a romperse (harto queso que hace hebra), sólo que a diferencia del chofer, este pequeño clonsito y futuro seguidor de pasos del que presumo es su “Padre” lo hacía al lado de una vieja y sucia caja mortuoria de color café oscuro.
Hola amigos y amigas, como ven, hoy empiezo este artículo con una historia que es basada en hechos reales. En esta ocasión estaría de más criticar lo que a todas luces e inhumanamente podemos ver con la escena anterior. No hay respeto propio; no hay respeto por los que mueren; no hay higiene personal y mucho menos educación a los más pequeños; no hay sensibilización sobre lo que la muerte significa; aunque sé que es algo tan natural, no se debe dejar de lado los respetos a los familiares. Lo más importante es que no hay siquiera un estándar de lo que debe ser un servicio funerario. Lo vi. Recuerdan la película “Morir en domingo” en caso que no, se las recomiendo.
Quiero hacer muchas preguntas: ¿Dónde están los permisos para operar como agencia fúnebre? ¿Dónde están las regulaciones? ¿Cómo puedo yo ciudadano de a pie pedir ver los permisos o documentos en regla?. –Que no puedo hacer eso-, ¡ah no! -; ¡Que no tengo autoridad para hacerlo o mejor dicho que debo hacerlo por la vía correcta! ¡hmmm! Okey, es verdad. Entonces, ¿Dónde está la oficina gubernamental responsable? ¿Porqué no están haciendo su trabajo bien? Digo estoy viendo una carroza hechiza, no creo que sea de una agencia en forma, por ende presumo que algo no huele bien y no me refiero a los restos mortales y/o al snack que se echaban Padre e hijo felizmente. No hay que ser muy inteligente para saber que no cumplen con las regulaciones.
Tampoco veo que los servidores públicos de la agencia de gobierno que se encuentra enfrente hagan algo. Hmmm hasta podría decir que se lanzan algunos albures entre ellos o se dan piquetes de ombligo. Podrían, aclaro porque no lo están haciendo, pero eso parece.
Creo firmemente que hay cosas que como sociedad debemos todos atender, como lo es la educación, la salud, la higiene, el amor por los valores y principios; ahí lo único que el gobierno pude hacer es invitarnos a cuidar y hacer nuestras tareas; pero hay otras responsabilidades que sólo el gobierno tiene el poder de hacerlo porque para eso los elegimos, y el estado le da toda la autoridad y fuerza para hacer valer lo que la ley a la letra y por criterio dice. Y como mi criterio es muy pobre, nomás no me cabe pensar que todavía en el 2016 no hayamos podido terminar de regularizarnos como sociedad.
Creo firmemente que si el gobierno (cualquier ámbito) se esforzará un poco más en su tarea, sin necesidad de estarles llamando y diciendo lo que deben hacer (¡vamos! una lista de tareas a cumplir y terminarla mediante procesos efectivos), no existiría el caso del niño jugando al lado de un ataúd exponiéndose a infecciones. Quizá estaría comiendo sanamente, haciendo tarea, lavándose las manos antes de comer y después de ir al baño. Como sociedad seguimos siendo surrealistas (no todos) pero el gobierno aun lo sigue permitiendo y dejando hacer (casi todos).
Amigos, como siempre muchas gracias por el tiempo de leerme. Les agradezco mucho sus atenciones. Reciban un fuerte y sincero abrazo… 😉
