Siendo sin ser, y no siendo del todo, la nada también es algo cierto. Circunstancia del ser contraria al círculo (que encierra su contenido y es finito).
Sin cárceles de formas ni de espacios es toda plenitud inaprehensible. Invisible como el aire transparente, como la impenetrable noche oscura, o el rayo cegador del blanco puro.
Ni un Dios estremecido es capaz de sofocar con el aliento la llama de la nada, adherida al cerebro del universo apocalíptico.
Vacío puro y anclaje del Ser en el No-Ser. Esfera tan perfecta. Jamás podrá ser dibujada, ni en sueños, por el pincel del pensamiento.
(De mi libro: “A Través de la Luz y Otros Rincones”).
