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lunes, marzo 9, 2026

“Violencia en femenino”…

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El título de entrada causara algo de incomodidad… Podemos cuestionarnos. ¿Porque si queremos erradicar la violencia contra mujeres y niñas, este texto comienza con semejante título? ¿Por qué hablamos de “Violencia en femenino”? Porque bien sabido es que la violencia ha impregnado nuestra vida diaria, nuestros hogares, las escuelas de nuestros hijos, los medios de comunicación, las calles, los servicios que nos ofrecen… Siendo plenamente realistas sin ser fatalistas.

El punto aquí es resaltar la violencia que se ejerce solo por el hecho de ser mujer. Amnistía Internacional menciona que: “En México, en promedio 6 de cada 10 mujeres son víctimas de algún tipo de violencia en el ámbito laboral, escolar, comunitario o en el propio seno de su hogar, mencionando además que la impunidad de tal violencia incluyendo la violencia sexual y el feminicidio es generalizada”.

La violencia de género es real, existe y lastima a nuestra sociedad. Pero especialmente daña a las mujeres. La cultura machista lamentablemente se encuentra vigente en cada estrato y contexto en que nos desenvolvemos. En lo público como en lo privado mujeres y niñas continúan siendo violentadas, humilladas,  violadas, sometidas. Obligadas a prostituirse. Y aunque es un problema social ubicado en mesa de debate, no hemos podido como sociedad plenamente comprometida dar solución a un problema tan grave.

Problemática social que nos incumbe a todos, no solo a los programas de gobierno exprés y limitados. Es una problemática que tiene y ha dado como respuesta una extrema desigualdad entre hombres y mujeres. No tienes que voltear a casos extremos como la ablación o mutilación genital femenina practicada en África, no tienes que imaginar a las cientos de niñas egipcias vendidas para casarlas con hombres mayores.

No necesariamente tienes que imaginar esas latitudes del mundo. Aquí en tu país, en tu estado, en tu vecindario. Lamentablemente hay una niña, una mujer víctima de violencia. Violencia física, sexual, económica, laboral, obstétrica. Violencia emocional. Todas y cada una de ellas marcan, lastiman.

Generan daños irreversibles en la mujer.

Todo esto solo manifiesta claramente lo mucho que tenemos que hacer desde nuestras familias, ahí es donde comienza el trabajo, para superar la amplia brecha entre los sexos. Las polaridades entre “hombre y mujer” “macho y vieja” “niño y niña”, erradicar el sexismo y el lenguaje violento que solapamos y reproducimos sin “darnos cuenta” frases del tipo: Es que no puedes porque tú eres niña, ni que fuera vieja, los hombres no lloran, aguántese como los meros machos, no seas maricon, el que-hacer es de viejas, no seas mandilón, pareces mujer –utilizado con afán de ofender a alguien-.

Luchemos desde nuestros espacios por aminorar por derrocar este lastre que nos frena como seres humanos, como instituciones. Que nadie tenga que sufrir a nuestro alrededor de cualquier tipo de violencia solo por el hecho de ser niña o mujer.

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