Siempre activo y dinámico, se designa a Roberto Loya al frente del Instituto Municipal del Deporte. Seguro estoy de que hará un gran papel en este cargo, no solo administrando las instalaciones deportivas de la comunidad y coordinando las actividades de las diversas Ligas deportivas, sino llevando clínicas y torneos a las colonias, allá a todos aquellos niños y jóvenes que no tienen forma de trasladarse al Gimnasio Municipal. ¡Enhorabuena!
En esta última entrega de la serie de artículos sobre el “impuesto minero” estaremos analizando el caso de Noruega. La idea, como hemos externado anteriormente, es dejar plasmadas algunas lecciones importantes que nos dejan los errores y aciertos de otras personas que han estado ante la situación de bonanza como la que se viene para nuestro Cananea. En la primera entrega les relataba el caso mexicano, el descubrimiento de Cantarell y el gran riesgo de incurrir en una deuda excesiva esperando cubrir ese compromiso con los ingresos que se estima recibir en el futuro. La segunda parte la dediqué al caso Alaska, un estado de la Unión Americana que solventa todo su gasto gubernamental del impuesto petrolero. Irresponsable y populista, en este proceso no solo ha dejado de gravar el ingreso y el consumo sino que además reparte anualmente lo que le sobra.
Fue en el verano de 2009 cuando visité la península escandinava. Acababan de pasar las elecciones en las que había resultado electo el ahora tristemente célebre Guillermo Padrés. No era ningún secreto que yo había apoyado activamente al candidato del PRI, partido en el que milito desde mi adolescencia, por lo que sabía que mi empleo con el Gobierno del Estado tenía los días contados. Ante este panorama decidí verle el lado amable y compré un boleto a Oslo, la capital noruega donde residía uno de mis mejores amigos, personaje permanente de mis aventuras de la infancia.
Con escala en la Ciudad de México y Ámsterdam, llegué a Oslo e hice base en casa de mi amigo Carlos para dos semanas de excursiones de mochilazo armado de una Guía de Noruega de la editorial Lonely Planet, el mapa de trenes y sus horarios. Sería difícil precisar qué fue lo que más me gustó de ese viaje. ¿La agresiva belleza de los fiordos noruegos? ¿Bergen y su histórico barrio de Bryggen que data desde los tiempos de la Liga Hanseática? ¿Tal vez la cosmopolita esencia de Estocolmo? ¿O la tranquilidad y el apego a la Madre Tierra de Oslo?
Pero vamos al grano. Hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XX, los noruegos eran los pobres de Europa. El crudo clima invernal y un terreno predominantemente montañoso con escasos valles propicios para la agricultura obligaban al país a basar su economía principalmente en la pesca y la madera de sus bosques pero en 1969, descubrieron petróleo en el mar del Norte y todo cambió. De la noche a la mañana eran ahora los nuevos ricos. Es tan fuerte su moneda (el kroner) que en dos referéndums han votado en contra de ingresar a la Unión Europea porque no les conviene. Lo más destacable de este relato es la manera en que han sabido manejar esta abundancia.
Tal vez por una cuestión cultural basada en su ancestral necesidad de prever para las inclemencias de sus prolongados inviernos o quizás por simple sentido común, los noruegos han tomado varias determinaciones que constituyen nuestra tercera y última lección.
1. Decidieron que no más del 2% de sus ingresos petroleros se usará para sufragar gasto gubernamental. Todo sigue funcionando con los impuestos que con o sin petróleo seguirían pagando los ciudadanos.
2. Conscientes de que el petróleo un día se terminará, con el 98% restante han creado el Fondo de Pensión Gubernamental, coloquialmente llamado Fondo Petrolero. El objetivo de este fondo es invertir en acciones de empresas que cotizan en bolsa por todo el mundo, de tal manera que cuando se agote el petróleo puedan seguir recibiendo un ingreso adicional derivado de las utilidades que generen estas empresas. A julio de este año, el fondo tenía el estratosférico valor de 1.1 trillones de dólares. (The Government Pension Fund Global, 2015)
En conclusión, las grandes y graves carencias de infraestructura urbana en Cananea deben ser prioridad en los primeros años. Sin embargo, paralelo a ello ese dinero debe servir para sentar las bases para que el municipio resulte atractivo a nuevas inversiones que nos permitan una diversificación de la economía local real y tangible. Ese debe ser el verdadero espíritu detrás de esta modificación a la Ley y del ingreso adicional. De lo contrario, una vez que se agote el mineral solamente quedará un pueblo fantasma con un enorme hoyo en el suelo y otra enorme pila de desechos.
