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domingo, marzo 8, 2026

Lo tolerado y lo equivocado en la relación de menores de edad y recursos tecnológicos

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El  ser humano es eminentemente un ser social, es sencillo darnos cuenta de ello, pues desde el nacimiento, el ser humano requiere de cuidados, protección y cercanía de otras personas especialmente de sus padres para poder sobrevivir. Aunque todos desarrollamos una personalidad única e irrepetible es obvio que NO podemos vivir aislados. Como seres humanos nos comunicamos y deseamos comprender aspectos de nuestra vida y de la interacción con los demás.

En el texto anterior hablé de la relevancia del desarrollo humano, y de como los cambios que experimentamos son relevantes y nos van formando psicológica y emocionalmente a lo largo de nuestra vida, no solo en ciertas etapas como antes se creía, sino desde el inicio de nuestra existencia como seres bio-psico-sociales hasta avanzadas edades o al final de nuestras vidas.  Como padres, educadores y especialistas de la conducta; no existe discrepancia al referir a la etapa de la infancia como una de las más decisivas en la formación de la personalidad.

Así tenemos para retomar el hecho de que todo hombre se comunica, y trata de hacerse comprender por diversos medios, uno de ellos esta presente en cada espacio de la cotidianidad; estos son: Los recursos tecnológicos. La tecnología como la herramienta más utilizada de los últimos tiempos. Desde no hace muchos años el hombre ha reconocido la imagen de su descendencia por medio de sofisticados dispositivos tecnológicos, mediante  ecografias de hasta tercera dimensión los padres pueden ver la “primer sonrisa” de sus bebe. En los últimos años con el auge de “facebook” como principal red social,  el padre o madre toma fotografía  inmediatamente de conocer el resultado de “positivo” en pruebas de embarazo de farmacia, inmediatamente esta imagen se colgará en el espacio virtual. La cual posteriormente se llenará de elogios, comentarios y “likes”.

En un mundo de dispositivos y de “actividad social” nuestra infancia nace, crece y se desarrolla.

A este punto podrían cuestionarme: ¿Pero y eso que tiene de malo? Cuando la tecnología nos ha beneficiado y nos ha hecho la vida más amena, eficiente, informada, rápida, extendiendo redes de comunicación antes no imaginadas.

¿Y eso que tiene que ver con nuestros niños que conocemos sus caritas desde el útero? ¿Qué escuchamos su corazón y sabemos con exactitud su sexo antes de nacer? ¿No es esto maravilloso?

¡Claro, que es maravilloso! Es bien sabido como ciertos recursos tecnológicos impulsan el desarrollo y el aprendizaje de los niños, cuando estos son utilizados con fines educativos y de sano entretenimiento. La contraparte deviene al momento de pensar en los recursos tecnológicos como algo para ubicar en la delgada línea de lo “tolerado” y “rechazado” entre lo “acertado” y “equivocado”.  Sin temor a parecer extremista me atrevo a decir que son muy pocos los padres de familia que en la actualidad se cuestionan sobre lo perjudicial de la exposición y el abuso en el uso de los recursos tecnológicos. Televisión, música, video juegos, internet, telefonía celular, se han vuelto más que nunca en el sujeto omnipresente tanto en hogares como en escuelas. Llegando a impregnar la mente de aquellos que están creciendo, que están en vías de desarrollo de una personalidad sana. Conducta agresiva, violencia, permisividad y aceptación de consumo de alcohol y drogas, trastornos alimenticios, relaciones sexuales precoces, conductas sexuales de riesgo, machismo, misoginia, falsa imagen sobre la percepción del propio cuerpo, obesidad, pasividad, nula socialización, pérdida de tiempo e incapacidad de establecer conductas sociales constructivas, son algunos de los muchos ejemplos del acaparamiento descarado  hacia la mente de  nuestros niños y familias.

Se encuentran pues los menores inmersos en una maraña turbia de información de la cual como si fuese una sustancia de consumo generadora de dependencia, dicho de otra forma; como si de una drogase tratará,  nuestra infancia tardara  largo tiempo en rehabilitarse.

Brindar un crecimiento y desarrollo sano a nuestra infancia no solo implica el suministro de alimentación, vestido, calzado, proveer de una vivienda medianamente digna , y en la actualidad dotar del tan en boga acceso a los medios. (nuestros hijos deben tener computadora, tablet, ipad, celular touch-screen para que sepan que “nos preocupamos por ellos y queremos brindarles lo mejor para su educación) Brindar un crecimiento y desarrollo sano es moldear con buenos ejemplos, es pasar tiempo de calidad con los hijos, es proteger con amor y comprensión es generar redes de comunicación reales, fuera de espacios virtuales. Es interactuar por medio del tacto y la palabra hablada –no escrita- . Es abrazar, acariciar es multiplicar el dialogo, las demostraciones de afecto, la lectura compartida, la discusión de temas que en otros lugares les mal informan y malinterpretan. Exaltar y promover el factor “socio afectivo” intrínseco en el ser humano.

 

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