Por: María del Carmen Figueroa Soto
Cananea, Sonora.- Arturo Maytorena Pain, primer dueño del negocio llamado El Trebolito, como el mismo lo bautizo, un hombre emprendedor inició en los años de 1940, nieto de Guillermo Maytorena y su abuela de descendencia francesa, con una característica que resaltaba en él, era el hecho de ponerle apodos a quienes se cruzaban en su camino, nadie se le escapaba de solo verlo sabía el apodo correspondiente, nació en el año de 1915 y se despide de esta tierra el 14 de marzo del año de 1985.
Vamos a un viaje, imaginemos el recorrido: El Trebolito en sus tiempos fue proveedor de petróleo y leña entre otros, de aquellos tiempo cuando la harina se compraba por quintal, el frijol y la azúcar por saco y cuando las latas cuadradas de manteca, “mi padre preparaba un chorizo de lo más sabroso, donde incluso de nuestro vecino país se daban cita a comprarlo en aquellos tiempos”, relata su hijo José Luis Maytorena, actual propietario.
En el Trebolito, se vendía el bacanora y acudían de diversas partes a comprarle la copita y entre charras y risas así como amenas charlas disfrutaban el trago.
“La leche la transportaban de un rancho del Ojo de Agua por el señor Francisco Flores, esa leche bronca que se transportaba en aquellos contenedores redondos y aquí en el negocio El Trebolito se les surtía en los frascos de vidrio, hasta que fue instalada la pasteurizadora propiedad del Señor Quiroga y fue hasta entonces que las entregas se hacían directamente de la pasteurizadora, pero curiosamente la gente ya habituada a comprarle a mi padre se brincaba esa tranca como decimos en Sonora y seguía comprándola en El Trebolito, tiempos aquellos de las carteras, los dulces en cucuruchos y me atrevo a decirlo mi padre aquí fue el iniciador del pilón, ahí te va tu pilón les decía”, relata José Luis.
“Recuerdo a mi padre en sus lecturas de Roy Roger, Red River, Llanero Solitario, Memín Pinguin, y a su lado su acostumbrada taza de café, así como a un conocido amigo de la familia Chico Milton así le llamábamos, el venía a quebrar leña y cuando lo hacía era un acontecimiento verlo, nos reuníamos a su alrededor solo para escucharlo cuando levantaba el hacha la dejaba caer y decía esta mina es mía, entre otras muchas cosas así desquitaba su coraje y a su vez quebraba leña que después era apilada para su venta”.
“Tuvimos en nuestra infancia una pequeña venadita, regalo de un amigo de la familia, era nuestra mascota muy querida y consentida, el Señor de la huerta de a un lado del asilo nos prestó a un venadito para cargarla tuvo 3, y se paseaban por mi casa, recuerdo verlos acurrucados y preguntaban ¿son de verdad? cuando al tocarlos se movían se sorprendían de su calma, pero todo cambio y después los «protectores» de los animales nos los quitaron, ya no volvimos a verlas, solo en fotos y sus recuerdos perduran hasta la actualidad”.
La fachada no ha modificada desde que Don Arturo la hizo hasta la actualidad, sigue siendo la misma.
“Hoy las cosas han cambiado El Trebolito continúa de pie y de sustento para mi familia, me retorne a mi pasado con deseos de un futuro tranquilo y aquí estoy en lo que mi padre nos dejó lleno de sus recuerdos y vivencia”, concluyó José Luis Maytorena.
