Al parecer “el amor” es uno de los sentimientos más difíciles de definir. A través de la historia y desde diversos enfoques se ha tratado de dar una definición clara e integradora de un concepto tan complejo.
Amor hacia uno mismo, a Dios, amor hacia nuestros padres, hermanos, a nuestros hijos, amor al prójimo, a nuestra profesión, al trabajo, a la vida, a la pareja.
Podemos dar una definición más o menos clara y quedar en cierto grado satisfechos con ella. Lo misterioso y/o enigmático y poco preciso se vuelve al definir el “amor” desde una visión de una relación de pareja.
¿Existe entre un hombre y una mujer el “amor verdadero”? ¿El amor entre un hombre y una mujer puede durar toda la vida? ¿Realmente existe el “amor” en “estos tiempos”?
Se torna difícil dar una definición y tomar partido por EL AMOR (cuando hablamos de relaciones de pareja) cuando auspiciados por la cultura en la que nos toco vivir nos inclinamos a definiciones equivocadas creyendo que el AMOR es sinónimo de: “enamoramiento” “apasionamiento”, “sexo”, “euforia”, “anhelo”, “sumisión”, “excitación”, “sufrimiento”, “compañerismo” “lealtad” “diversión” “complicidad”, “comprensión”, “compromiso”, “confianza” “respeto”, etc. Tratando de incluir alguno de estos conceptos o de combinarlos en una sola definición a veces nos encontramos que son opuestos e incluso, algunos hasta excluyentes. Cuando nos queremos referir a la construcción de una definición de un “amor sano” de pareja.
La sociedad en que vivimos y la presencia de los medios de comunicación saturando nuestra vida, confunden constantemente nuestras concepciones y creencias en torno a este sentimiento. Nos prometen y promueven de mil maneras que una relación apasionada nos traerá plenitud y satisfacción. Los medios buscan engañarnos y nos envuelven en creencias y dogmas ilusorios. Ubicando las relaciones de pareja en una interacción de príncipes y princesas, de damiselas ávidas de protección, de relaciones impregnadas de sesgos absurdos. Los medios nos siguen queriendo hacer creer que el amor lo encontramos a la vuelta de una esquina o como lo plantean las novelas de las televisoras dominantes o las caricaturas de Disney. Llevándonos inconscientemente a la búsqueda de perfiles irreales en las personas. Lo cual a mediano o corto plazo nos llevará a la frustración y al rompimiento de los lazos una vez establecidos.
Por otra parte es relevante resaltar que en una construcción de pareja hacen falta intereses, valores y objetivos comunes, aunado a la capacidad para el establecimiento de un compromiso profundo si se desea que el encantamiento inicial, con el paso del tiempo se transforme en una interacción afectuosa y comprometida que soporte el paso del tiempo. Pues desde mi experiencia profesional y a través del análisis aquella frase que dice “polos opuestos se atraen” es incuestionable desde la física más en las relaciones humanas queda bastante corta. Para avanzar y permanecer en una relación de pareja satisfactoria para ambas partes, se ha de contar con suficientes similitudes y/o coincidencias en ideales, gustos, expectativas de vida y metas.
Pudiera decirse que son dos seres individuales que se encuentran para recorrer un camino común.
El amor no es ni será sinónimo de “sufrimiento” de “sacrificio” el amor hace que las cosas fluyan con facilidad. El amor desde este punto de vista te impulsa a desarrollarte como persona, te engrandece, te invita a descubrir horizontes nuevos. El amor no se puede forzar ni pedir, surge y se da por sí mismo. Amar no es adueñarse del otro(a), no es convertirse en 1 solo, es una elección mutua a conservar la individualidad, es reciprocidad, es libertad.
Todo lo que se aleja de ello generara tristeza, insatisfacción, sentimientos de frustración, de abandono y en ciertos casos hasta depresión.
No tengas miedo de analizar tus sentimientos hacia tu pareja, recapitulando lo que los ha unido. El miedo a la perdida contamina en muchos casos los vínculos amorosos. Que este no sea tu caso.
Caminemos en búsqueda de relaciones amorosas sanas.
