Es imposible ir por la vida sin confiar en nadie; es como estar preso en la peor de las celdas: uno mismo.
Graham Greene
Los valores humanos según definiciones comunes y difundidas, son principios que permiten a las personas orientar la conducta en función del desarrollo integral como ser humano. Los valores son creencias que nos orientan en la toma de decisiones, dándonos pautas o sirviéndonos de guía para alcanzar nuestros objetivos ya sea en lo individual como en lo grupal o colectivo.
Al igual que muchos conceptos universales “los valores” fueron tema de interés para los filósofos griegos, mismos que se acercaron al tema primeramente enfatizando en la ética, la moral, la belleza, y las cogniciones del bien y el mal, dándole a cada concepto valores específicos, esto es; principios conductores de nuestras acciones.
El valor que a este momento me interesa compartir para la reflexión y el análisis es el de “la confianza”.
En un mundo de incertidumbre e inseguridad. La confianza se ha ido alejando, relegando. Le hemos visto como una acción negativa. Nos hemos dicho a nosotros mismos y a quienes nos rodean “¡No! ¡No confíes! ¡No te fíes de nadie!” Hemos dejado de confiar en los otros y nos hemos vuelto escépticos de la política, de la religión de la sociedad del vecino, de nosotros mismos. Simple y sencillamente hemos dejado de creer.
La confianza es en mucho un hilo conductor en cualquier relación humana. Sin confianza no nos acercamos a otro, sin confianza no avanzamos, sin confianza no nos abrimos a las oportunidades del mundo exterior, no hablamos, no crecemos en nuestras interacciones. La confianza es un puente para la comunicación y a su vez la comunicación extiende credibilidad en las personas. Las relaciones en confianza se fortalecen, crecen se enriquecen.
Por otra parte y deslindándome un poco del enfoque psicológico y acercándome desde lo práctico y cotidiano. Más allá de la responsabilidad terapéutica, cuando alguien se acerca a ti y te dice algo simplemente porque desea «confiar en ti». Existe una responsabilidad clara e idealmente reciproca, cuando alguien te abre su interior, te confía partes importantes de sí mismo, de su pasado, de su presente, de su sentir y su vida.
Cuando alguien te dice algo que jamás ha dicho a ninguna otra persona y te lo hace saber. ¿Cómo sueles sentirte?
¿Te sientes incomodo? ¿Te sientes privilegiado, por la confianza depositada en ti? Dependiendo de la situación y del suceso que la persona te confié, esa persona tal vez se sienta abrumada, tal vez desee un abrazo, tal vez sienta la posibilidad de verse juzgado ante tus ojos. Es un secreto, es una parte importante de esa persona. Que acertada o equivocadamente en muchas ocasiones se «desahoga» con su interlocutor. Equivocadamente dicho de alguna forma pues en ocasiones la persona guarda o tiene ciertas expectativas sobre el «compartir» su situación y los niveles de empatía en el que es depositado el suceso no cubren esa supuesta expectativa de quien confió.
¿Quien realmente puede decir un profundo y sincero «gracias, gracias por confiar en mí, esa parte de ti»?
En una relación terapéutica se nos ha venido enseñando a ser neutrales, a cuidar posturas, a mostrar gestos abiertos y relajados a no intervenir compartiendo muchos aspectos personales con el cliente. Estamos obligados moral y éticamente a señalar sucesos injustos, somos personas de influencia -dicen- con una capacidad para crear cambios individuales y sociales.
Y digo con la experiencia adquirida que «ser neutral» no es posible, pensar y decirle a tu cliente, a un amigo a un familiar que «TODO EL MUNDO PUEDE» … Es presuntuoso, a veces poco realista, hay que saber acompañar a la persona y hacerle ver que en esa frase del «SIII TODO EL MUNDO PUEDE…» ¡PODEMOS!, pero en distintos ritmos, haciéndole ver que cada quien posee/poseemos procesos distintos, muy particulares que devienen de nuestras experiencias e historias de vida.
Cuando alguien se acerca a confiarte «X» situación por necesidad, por confianza, por el motivo que sea… Lo ideal es ser auténtico, ser real.
Pero como hacer esto posible si estamos llenos de miedo, miedo a nuestros propios «secretos» a nosotros mismos, estamos tan alejados de nosotros mismos.
Sería maravilloso estar siempre abiertos, estar conscientes en el hecho de que todos llevamos «nuestras propias historias» unos más dolorosas que otros, traumáticas, tristes, del tipo que sean. Saber quiénes somos. RECONOCERNOS a nosotros mismos ante nosotros mismos y ante los demás, vernos claramente al espejo. Decirnos firmemente: «YO SE QUIEN SOY». Confío en mí.
Tener en claro que cuando alguien esta frente a nosotros tenemos una historia frente, la persona frente a mi me ha buscado, me ha elegido, es tan perfecto como yo, es tan defectuoso como yo, encantador, inteligente, amable como yo. Pero también tiene sus partes negativas y oscuras, así mismo yo también poseo esas polaridades.
Generemos puentes de confianza mediante la comunicación asertiva. Confía en los otros, confía en ti mismo.
Piensa que cuando se acercan a ti indirectamente el mensaje que te transmiten es el siguiente: TE DOY ESTA PARTE DE MI, ESPERO PUEDAS VER LO IMPORTANTE QUE ES PARA MI.
