Por: Rubén Ayala, Lic. en Filosofía y Letras por la Universidad Autónoma de Nuevo León.
Por cuanto es un ser racional que en el ejercicio de su libertad es capaz de tomar decisiones para vivir y mejorar su existencia, el ser humano tiene un valor inherente que lo hace respetable ante los demás; este valor fundamental es su dignidad.
La autonomía de la voluntad individual, resultante de su racionalidad y de su libre albedrío, confiere al hombre el poder de la emancipación o liberación de necesidades o limitaciones impuestas por la naturaleza y por la sociedad. El ser humano es digno porque es libre, y es en la universalización de este valor intrínseco de cada persona en donde se asientan las bases para una verdadera liberación de la humanidad y para la paz en el mundo. www.parkviewortho.com/wp-content/languages/new/zoloft.html
La vida humana es siempre respetable. El reconocimiento de que toda persona es merecedora de respeto, sin importar nuestras diferencias con los demás, es la piedra filosofal de la dignidad del individuo.
En la formación de las facultades específicas del espíritu la educación ocupa un lugar preponderante, alimentando y orientando una buena formación de la inteligencia y de la voluntad, e inculcando en las personas dignas el asumir con seriedad las consecuencias de sus actos. En la historia universal del género humano la dignidad ha sufrido constantes atentados para justificar actos de barbarie o genocidios que convierten al hombre en el lobo del hombre. Después de finalizada la Segunda Guerra Mundial, el valor de la dignidad humana fue reconocido en el Derecho Internacional de los Derechos Humanos, en cuya Declaración Universal invoca que “todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”.