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sábado, marzo 7, 2026

Un lugar convertido en leyenda, Hospital del Ronquillo

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principios de sigloWilliam Cornell Greene  igual pensó en sus habitantes ya sean los norteamericanos, mexicanos o de algún otro país, y una de sus ocupaciones fue la construcción del famoso e histórico Hospital del Ronquillo que era atendido por médicos americanos, en el año de 1902.

En este edificio el Doctor Carol Traveris presto sus servicios, el Doctor Carol Traveris era oriundo de Wisconsin y pariente lejano de Mr. Green, y fue contratado por el mismo Greene para que atendiera en el hospital de la empresa minera, esta historia la pudo corroborar el historiador Alfonso Torua Cienfuegos en su labor de investigar el archivo del Hospital del Ronquillo, en las memorias del doctor Traveris relata lo siguiente….

En 1909 yo era un joven de 28 años y recién había terminado mis estudios de médico cirujano, ante mí se presentaron diversas oportunidades, la que me atrajo fue la posibilidad de trasladarme a laborar en un alejado pueblo mexicano en donde se acababa de inaugurar un hospital para trabajadores.  Se trataba de Cananea, Sonora, un centro minero situado al sur de Arizona, muy cerca de Douglas donde yo tenía algunos parientes.  Sabia por ellos que en ese pueblo recientemente se había escenificado un movimiento obrero que dejo varios muertos y heridos, siempre fui adepto a solidarizarme con proyectos de mejorar las condiciones de vida de los trabajadores y los de ahí me simpatizaban por el empuje y combatividad que, según supe, presentaron a la hora de defender sus derechos.   Otra de las cosas que atrajo mi atención para trabajar en ese pueblo, fue la de poder aliviar un poco la dura situación en la que laboraban que no solo eran mexicanos, sino ciudadanos de distintas partes del mundo.

Llegue a Cananea como lo dije antes en el invierno de 1909, no sin antes pasar por Douglas, en donde visite a mis familiares. Después de permanecer varios días en esa población fronteriza, me traslade a Naco, allí aborde el «carro verde», un lujoso vagón de ferrocarril que servía de transporte a Mr. Green.  La vista era por demás hermosa, a través de las ventanas del vagón se extendía una gran llanura cubierta de nieve y en lontananza se contemplaban grandes montañas igualmente cubiertas de un manto nieve.  Todo era tan especial a la mirada de los viajeros entre los cuales se encontraba el mismo Greene, que inclusive el intenso frío no parecía incomodarlos demasiado.

Luego de varias horas de camino llegamos a Cananea, que en esos tiempos era un pueblo de cerca de veinte mil habitantes viviendo en carpas y habitaciones improvisadas.  A mí me asignaron una casa de madera que se encontraba cerca del hospital en donde trabajaría por espacio de dieciocho años.

Al otro día de mi llegada me moría de las ganas por conocer el nosocomio, y me apersone con el director del hospital, un viejo médico militar, el mismo se encargó de mostrarme las instalaciones que eran de primera categoría.   El edificio estaba construido de ladrillo rojo y sus pisos eran de una madera con un brillo tal que se podía reflejar en ellos como si fueran grandes espejos.  Esto unido al gran silencio que imperaba en las salas, fue algo que me impresiono positivamente.

Durante mi primer año en el nosocomio fueron muchos los casos que atendimos, siendo los derrumbes y caída en chute de los más aparatosos y fatales.  Había otros accidentes frecuentes y no menos trágicos como eran los atropellamientos por carro, que consistían en que al estar halando los obreros los carros con material, el que venía detrás golpeaba  al trabajador que iba enfrente, de tal manera que las lesiones se reflejaban en fracturas de pies, piernas y la región lumbar. No menos peligrosas eran las caídas a los precipicios, pues en ocasiones hacían rodar a los obreros hasta cuarenta pies abajo y sus consecuencias se reflejaban en laceraciones en todo el cuerpo.

Yo salí de Cananea allá por el año de 1923, cuando el torbellino revolucionario parecía que al fin se ponía en calma.  Me radique cerca de allí y por muchos años seguí frecuentando ese hermoso lugar en donde viví intensamente, disfrutando de sus gentes y de sus paisajes que me recordaban los de mi tierra natal.

Del Hospital del Ronquillo hay mucho que contar por lo cual no habrá únicamente 1ra. y 2da parte posiblemente 3ra parte y de volver algún día a ser lo que fue habrá entonces mucho más que contar.

 

Las memorias del Doctor  Carol Travis las escribió en cuadernillos que el Historiador Alfonso Torua Cienfuegos rescato del polvo y la humedad de un oscuro sótano de dicho nosocomio buscando expedientes perdidos., eso lo llevó a profundizar un poco más de este personaje y realizó toda una investigación para beneplácito de nosotros.

 

GRACIAS ALFONSO TORUA CIENFUEGOS POR PERMITIRME TRANSCRIBIR PARTE DE SU LIBRO Y ASÍ SEGUIR INMORTALIZANDO NUESTRA BELLA HISTORIA.

 

fotos y transcripción……..María del Carmen Figueroa Soto.

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