No debemos crear ilusiones para que no haya desilusionados, otro dicho popular muy común. En días pasados vimos una selección de México que desde los anuncios publicitarios pedían que creyéramos en ellos y, hasta sonaban sinceros al decir sus verdades como aceptar derrotas y que han defraudado a los seguidores. Esto puede reflejar claramente la culpa que vienen sintiendo y/o que sienten por no llegar a mejores lugares en los compromisos mundiales y que además alientan a la población a que ahora si es la buena y que en esta ocasión no la dejarán pasar. Al final es el mismo resultado. ¡Pero!, ¿debemos tomarlo como normal y aceptar una realidad pobre en esfuerzo y carente de sordera desmoralizadora? o ¿cambiar poco a poco nuestra manera de ver un partido de futbol desde las propias perspectivas?
Actualmente existen estudios que muestran como el ser humano ya viene con una culpa integrada de no creer merecer mucho, que desde el momento que pide algo, rápidamente ofrece algo a cambio, sin esperar siquiera que la otra persona lo solicite. No pudiendo así sentirse más ligero y pedir por el simple hecho de que así lo sintió, o expresó y saber que en algún momento de su vida deberá regresar el favor a persona distinta sólo por ser seres humanos con la obligación de existir y crecer generacionalmente. Vemos desde un típico -“me compartes de tu comida hoy y yo te comparto mi comida mañana”- aunque suena igualitario y equitativo no estamos siendo seres humanos con la capacidad de hacer algo por nuestro prójimo. Cuando rezamos, pedimos algo a nuestro Dios ofreciéndole rápidamente un sacrificio, por ejemplo -“…bájame de peso y prometo ir diario a la iglesia”- (jmm, una petición algo extraña y a favor de quien la pide sin pensar que debería ofrecer cuidar mejor lo que come y hacer ejercicio). Cadena de favores sugerente película para tomar en cuenta.
Existen otro tipos de estudios que mencionan que las desmotivaciones y las críticas negativas tienen un poder impresionante que logran bajar la moral de todo aquel que está o se sienta inseguro de poder lograr algo por si sólo o por confiar en Dios o en las capacidades propias (sino como justificaríamos la famosa abreviación de prostituto en el mundial, o porque a los caballos les dirigen la mirada hacia el frente para que no se distraigan del objetivo). Hay otra fábula que menciona a un cerdito que brinco decenas de veces intentando alcanzar un racimo de uvas que se le antojaba mucho, pero al no poder y darse por vencido, decidió irse y justificar su derrota con el “al fin y al cabos que estaban verdes y desabridas”.
Todo este conjunto de ideas, nos llevó a un sinfín de palabrerías y vaticinios sobre nuestra selección y ha habido hasta diputados que han querido llamar a los directores técnicos a la máxima tribuna del país (como si fuera comparecencia) a que expliquen porque nunca llegan a finales; una franca aceptación de derrotas por parte de la selección y mucha altanería por usuarios de redes sociales sobre cómo íbamos a comer helados y etcétera. (Los holandeses terminaron comiendo maíz) Aunque es parte de nuestra cultura, la realidad es NO FUIMOS MÁS ALLÁ DE LO QUE SIEMPRE LLEGAMOS. No fuimos capaces como selección de no caer en una desmotivación y redoblar esfuerzos ante el primer gol ni mucho menos humildes ante una realidad del cincuenta por ciento de ganar o perder. Al final quedamos como el cerdito, “al cabos que nunca llegamos” y terminamos con la famosa frase JUGAMOS COMO NUNCA PERO, PERDIMOS COMO SIEMPRE.
Sin darnos cuenta parece que estamos viviendo en un modelo de usos y costumbres que crean un paradigma, un modelo donde nuestras generaciones que están naciendo tendrán el sueño de ser los mejores para representarnos en un juego, pero un juego que no destinaríamos a ganar (cuando ganemos, no sabríamos como ser ganadores).
Por último y en relación a lo que aún se vive en la intensidad del futbol como dice el famoso Conductor Bermúdez, y juntando todo la fundamentación posible, llámese religiosa, política y de vida, nada está escrito y todo puede pasar. Creemos en la capacidad de los directivos, de los jugadores y de todo el conjunto que existe para que nos represente, pero también debemos creer que hace falta entrenar más la actitud y el empuje ante adversidades que pueden presentarse, no podemos ni debemos derrotarnos antes de que termine el juego, si nos meten un gol, esforcémonos por meter dos o tres; pero también para que esperarnos a que nos metan uno si tratándose de juego y donde las estrategias se valen, podemos hacer una mejor ofensiva para que nuestra defensiva sea más dócil. No justifiquemos derrotas ni nos auto-compadezcamos, mejor elevemos mayor esfuerzos actuando, y no así hablando sin que la razón nos acompañe, fábulas para justificar e invitarnos a la reflexión hay decenas, pero historias de lucha y esfuerzo, pocas. ¡En fin! que gane el mejor, el que mejor desarrolle habilidades, no que compita sino que demuestre la mejor capacidad de juego. Muchas gracias todos por su tiempo al leerme.
Saludos.
