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sábado, marzo 7, 2026

Sacudiendo los olanes… ¡Permíteme hablar!: 7 de junio, día de la libertad de expresión

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 Los roles de género, entendidos como lo que “deben” hacer las mujeres y lo que “deben” hacer los hombres no solo permean en el actuar, los lugares y espacios también se ven impactados por estas construcciones sociales.

El espacio público es designado para los varones y el privado para las mujeres, es por eso que cuando la mujer cruza la línea hacia lo público es una bruja y si sucede lo contrario, si el hombre cruza el espacio privado es un mandilón.  La reproducción de estos roles han impedido nuestro crecimiento hacia una sociedad basada en la igualdad y equidad.

Los estereotipos femeninos acerca de que las mujeres “deben ser” sensibles, amorosas, cariñosas, lloronas, chismosas y muchos etcéteras, se han traducido en dichos populares y por lo tanto en prácticas y acciones que relegan a la mujer a un segundo plano. “Calladita te ves más bonita”, “ella es perfecta, no habla”, “Cuando busques una mujer para casarte, búscala flaca y muda”, son frases que han violentado la libertad de expresión de las mujeres.

Para las mujeres, articular la frase “permítame hablar” ha significado un largo camino que recorrer.  Sheryl Sandberg en su libro “Vayamos adelante” escribe un capítulo titulado Sentarse a la mesa donde explica que ese hecho tan simple marca la vida profesional y por lo tanto laboral de las mujeres. En la mesa, casi siempre, el lugar primordial lo toma el jefe de la casa, el patriarca y si la mesa es redonda, éste ocupa el lugar desde donde pueda tener la panorámica de su familia; las mujeres en cambio se sientan donde pueden o quede lugar y en otras ocasiones ni se sientan, además de guardar silencio, ¿se imaginan este escenario traducido en una reunión de trabajo? .

La libertad de expresión es un derecho que no debe estar suscrito a un sexo o género. La Declaración Universal de los Derechos Humanos, la Declaratoria de los Derechos de las Mujeres y en México, la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos avalan ese derecho, sin embargo, es necesario que las mujeres se apropien, nos apropiemos y lo vivamos en la cotidianidad.

Tener la libertad de hablar, aún en estos tiempos, no es privilegio de todas.  Hay mujeres a las que se les impone como y con quien vivir,  mujeres que no tienen derecho a estudiar, que son golpeadas y no denuncian, vistiéndose como otros les dicen, mujeres comiendo chocolate cuando lo que les gusta es la vainilla.

Victoria Ocampo en su artículo “La mujer y su expresión” hace una distinción definitoria para entender la libertad diciendo que –por libertad, nosotras las mujeres, entendemos responsabilidad absoluta de nuestros actos y autorrealización sin trabas… el libertinaje no tiene ninguna necesidad de reivindicar la libertad, puede uno entregarse a él siendo esclava-. La libertad de expresión ofrece la posibilidad de hablar, de hacerte oír en los diferentes ámbitos pero también lleva implícita la responsabilidad de lo que se dice, exige coherencia y congruencia. Ten la libertad de sentarte a la mesa y si algo no te parece o quieres aportar tu punto de vista, toma la palabra y di: permítanme hablar.

 

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