Somos conscientes que la danza y la música folclórica mexicana están ligadas a un proceso histórico de nuestro país. En las diferentes etapas de la historia la danza ha evolucionado, es por ello que se tienen que cuidar los elementos creativos, en esta aventura apasionada se cuidaron los aspectos de orden artístico, estético, aprovechando el espacio, la magia de los colores del pueblo mexicano.
Cada generación tiene derecho de manifestar su propia forma de sentir de acuerdo con los sucesos que le rodean, con su entorno inmediato, según se vaya abriendo su círculo; sin duda alguna no hay nada que se le escape a la conciencia de un artista, y por lo tanto propicie en sus discípulos la necesidad de redimensionar el pensamiento conduciéndolo a un estado crítico, es por ello que cada generación tiene derecho a manifestar su forma de sentir y de pensar a través del arte que expresa.
Sin embargo la generación del presente, la del hoy, es la única facultada en el tiempo y en el espacio para materializar la obra del artista: llevarla a un escenario para transformarla en la realidad con un sello artístico y creativo que permita la trascendencia de un pensamiento, de un sueño y un impulso emanado del alma del coreógrafo.
Desde 1998 como bailarín del Ballet Folclórico Yoreme Al-Leiya del ITSON, he asimilado que la danza nace de la mano del hombre, y que ha acompañado a su espíritu noble con un ritmo que se expresa desde sus entrañas, a través de melodías santas que surgen como romanzas. Es el movimiento quien corre en la sangre, y la piel se contagia de energías que arden, en ella se tejen maravillosos lazos que se envuelven como torbellinos, en mares de emociones que se encuentran con un destino confabulado en el amor.
En este ensueño de poesía existencial, danzando conocí el amor de mi vida, entrega hasta la eternidad donde el universo conspiró para cobijarnos bajo su cosmos y así concebir a nuestro Dios del Viento que en su latir con ritmo expresa en sus alas, su magia y su nombre para trascender en la eternidad.
En este mes de junio se cumplen 8 meses de haberse estrenado el montaje escénico y coreográfico más reciente del Mtro. Javier Ayala, Director y Coreógrafo del Ballet Folclórico Yoreme Al-Leiya, “La Guelaguetza” un suceso de gran importancia presentado en el teatro “Romeo Gómez Aguilar”, en el que demostró el enorme talento que le distingue: sus propuestas escénicas y coreográficas son diseñadas con gran significación en la danza.
El inicio de esta nueva historia para “La Guelaguetza” fue trascendente: disfruté la dicha de ser parte del proceso creativo, de investigación y montaje. “La Guelaguetza” ha marcado un camino diferente, no nuevo ni extraordinario, simplemente abrió un camino en otra frecuencia, con una mirada distinta, integrando a los jóvenes del Ballet con vehemencia y pasión.
No hay nada más difícil que desarrollar un trabajo de esta magnitud: encontrarte con tus lápices, hojas… tus herramientas e iniciar una propuesta, obedeciendo a una gran necesidad creativa que deberá manifestarse en el montaje final, recurrir al fondo de las inquietudes en una hoja que encierre las noches de análisis y de lectura, escritura y debate con los creadores.
Comprendes que la investigación brinda sustento como artistas y permite que nuestras acciones sean más naturales, certeras, profundas, permitiéndonos elaborar un guión, la estructura del tema con un lenguaje escénico… corporal, el qué, el cómo, dónde y para qué; cuando estas preguntas se asimilan y se responden el cuerpo lo ha comprendido: es hora de bailar.
“La Guelaguetza” es una coreografía inspirada en un hecho histórico, desde tiempos ancestrales, los oaxaqueños celebran la Fiesta de los Lunes del Cerro de muy distintas maneras, su inicio era con los ritos y ofrendas a la diosa Centéotl o diosa del maíz, en el Teocalli, construido por los aztecas, en lo que hoy es la ciudad de Oaxaca. Este Teocalli, lo situaron en las faldas del Cerro del Fortín, que en ese tiempo lo llamaban Danina Yaloani, que significa Cerro de la Bella Vista, a este cerro también se le nombra Cerro de la Soledad y Cerro de Zaragoza. Guelaguetza es una palabra zapoteca, que significa honda amistad, ofrenda, simpatía, cariño, cooperación, es un don de gratitud, que no lleva más obligación que la reciprocidad.
En esta gran experiencia coreográfica del Ballet Folclórico Yoreme Al-Leiya no se podía dejar de incluir los aspectos técnicos que se han desarrollado, en la danza, la música en estos 32 años de trabajo creativo en el espectáculo de la danza mexicana.
Fue interesante vivir que a través de la sensibilidad, el artista y coreógrafo convenció a los jóvenes navojoenses en lo musical, en el canto y la danza para disfrutar un nuevo reto en la interpretación de los estilos indígenas sureños, ajenos a su cotidianeidad pero si en un lenguaje que conocen. Sin duda alguna lo indígena tiende hacerse a un lado, se hace aburrido y simple en la mayoría de las compañías de danza del noroeste del país, obviamente esto tiene que ver con la falta de formación cultural de las escuelas de danza del noreste del país y consecuentemente de los seudoprofesores de danza mexicana con carencias conceptuales y analfabetismo funcional e inhábiles en la lectura e investigación de fenómenos socioculturales.
La coreografía nació de los movimientos al mismo tiempo, y esa es su razón de existir el movimiento mismo. Lo que motivó al coreógrafo en este montaje escénico fue el material humano con el que se trabajó, las condiciones se dieron en todos los sentidos para satisfacer a los jóvenes intérpretes.
El montaje escénico de una coreografía no puede darse si no existe la pasión y en estos jóvenes hay pasión, credibilidad en lo que interpretan, a pesar de que la preparación no es abundante y prodigiosa por las condiciones de un grupo universitario, esto se suple con el coraje, la rabia, con la entrega total que da la pasión. Si no hay pasión no puede haber clase, entrenamiento, ensayo, no puede existir todo lo demás!
La propuesta coreográfica es inspirada en la esencia indígena de Oaxaca, donde podemos apreciar la sensualidad, el complicado carácter interpretativo de los sones mazatecos, el misticismo, poesía y magia de los mixes, como también el erotismo y excitación de los ritmos costeños con sabor tropical, negroide, para finalizar con la virtud, majestuosidad, fuerza de la danza de la pluma. Es una propuesta contemporánea, pensada y diseñada para interpretarse en un escenario, porque todos los movimientos y todas las necesidades de tiempo y espacio fueron creadas bajo el patrón de interpretarse en un escenario con características teatrales.
Musicalmente se vivió también una gran travesía, el sentir la gran cultura musical del estado de Oaxaca, culturas indígenas, negras, la influencia española, una geografía musical riquísima. En el montaje de las coreografías no se utilizan grabaciones, siempre se monta con nuestros jóvenes músicos, el recorrido en el montaje musical lo inició el Mtro. Pablo Mendívil, pero seguida el Mtro. Miguel Álvarez asumió la batuta de este gran proyecto escénico.
En esta aventura coreográfica donde se montaron 38 piezas musicales, como también coreografías, duró un año y medio de montaje para llevar a la escena todos los elementos de fondo y forma para provocar al espectador un estado de aceptación anímico, visual para que lo sienta como un verdadero espectáculo.
Llevar a escena la Guelaguetza en estos tiempos de crecimiento del Ballet, donde la capacidad esta puesta hoy en día, donde las condiciones en todos los aspectos están dados, donde el reconocimiento y la confianza social nos favorecen, donde la capacidad de los artistas está ahí, donde el equipo de dirección está comprometido con lo que hace, donde el público necesita conocer la gran riqueza de nuestro patrimonio cultural, y donde nuestra institución el ITSON apoya a la cultura sin limitarnos, es un gran momento de nuestro grupo artístico universitario.
Dignamente el espectáculo de la “Guelaguetza” ha posibilitado el acceso a la cultura y valoración del patrimonio cultural en las poblaciones más vulnerables del Sur de Sonora, donde hemos iniciado un recorrido comunitario desde Quiriego, Villa Juárez, El Chinal, Masiaca, Basiroa y culminaremos este 23 de Junio en el Pueblo Viejo, Navojoa, Sonora.
Profesor de Desarrollo Intercultural,
Asistente de Dirección del BFY del
ITSON Unidad Navojoa
