A los pies de la mina de cobre mas grande del país, se encuentran situados algunos de los pocos edificios históricos que quedan en Cananea, estructuras que muestran en su imagen lo que solía ser la arquitectura americana del siglo XIX, época en la que por estos rumbos se dejo venir una ola enorme de americanos cargados con dos cosas: Ambición por nuestras minas, y Dinero para invertir, lo que se vino traduciendo en un progreso tecnológico y social que para esos años ponía al solitario pueblo de Cananea, como una de las ciudades más importantes de México. Los americanos, muy a su estilo les gustaba sentirse como si estuvieran en una de esas ciudades modernas de Estados Unidos, al estilo Nueva Orleans, y aprovechándose de la situación política por la que atravesaba el país, el porfiriato para ser precisos, Comenzaron a urbanizar a mas no poder el pequeño poblado de Cananea, en especifico, fue el gerente de la mina de las 4C como se le conocía (Cananea Consolidated Copper Company), William C. Greene, quien para hacer sentir cómodos a sus trabajadores de mas confianza, americanos por su puesto, ayudo a construir bancos, tiendas, farmacias, cantinas, hospitales, parques, e incluso el palacio municipal y la famosa cárcel de Cananea, y entre todas estas novedades, se construyeron el primer parque de Golf del estado de Sonora, y de lo que trata esta historia, Uno de los primeros boliches de México, el cual era para uso Exclusivo de los trabajadores Americanos y fue llamado entonces ‘’El Club Cananea” hoy llamado “El Circulo”.
¿Cómo un joven de 17 años vino a parar en ese lugar? En aquellos años yo mostraba muy poco interés por la historia de Cananea, o por sus lugares históricos, había escuchado el rumor de que dentro de las misteriosas instalaciones del círculo, existía un boliche donde, hoy como hace mas de 100 años, solo socios y personas exclusivas podían disfrutar del juego, de una cerveza bien fría, o bien de un rato agradable jugando domino, billar o simplemente viendo un juego deportivo en sus televisiones.
Ese citado progreso que llego a Cananea con los americanos, se fue tan rápido como llego, y para mi el pensar que en el aburrido pueblo de Cananea, donde añoramos un cine o un centro comercial, existía un boliche, se me hacia una realidad muy lejana, y a la que al igual que todos, mostré muy poco interés.
A mis 17 años, solo pensaba en dos cosas, en divertirme y en conseguir novia, acababa de entrar a mi 5to semestre de preparatoria, y fue en uno de esos días de escuela, cuando mire a la mujer mas hermosa que había visto en mi vida, necesitaba hacer algo, hablarle o conocerla, no sabia que hacer, solo sabía que ella era la elegida. Pensé en invitarla a salir y fue mientras fantaseaba con eso, que me di cuenta que mi bolsas estaban vacías, no tenía ni un quinto, y como persona honrada, la única manera de conseguir dinero es valla, ¡trabajando!
Por mi ‘’Corta’’ edad y mis estudios, no podía comprometerme mucho en un trabajo estable, contrato, horarios y sindicatos, ¿para que? Por eso me fui buscando algo más sencillo. Fue después de pensar y preguntar por todas partes, que me recomendaron pedir trabajo en el Circulo, ¿de que?, de pinero, ¿Pinero?, ¿Y eso que?, por mi mente no pasaba que clase de puesto desempeñaba un ‘’pinero’’, sabia que tenia algo que ver con el boliche y con levantar los pinos después de que un jugador los derriba, pero nunca me imagine que en pleno siglo XXI, el Boliche no tuviera maquinaria automática para llevar a cabo ese trabajo.
Después de hacer unas cuantas llamadas, y hablar con un conocido que trabajaba ahí, logre conseguir el trabajo de pinero. La primera noche que me presente a trabajar, entre por vez primera en mi vida al misterioso Círculo social, y fue en ese momento que sentí algo que nunca había sentido, esa magia de la historia, esa desesperación e impaciencia por saber que había pasado ahí, quien había hecho ese lugar, porque era de esa forma, rincón tras rincón, el sitio estaba repleto por historia, desde su construcción, hasta letreros que indicaban a todos los campeones de boliche de la Historia de ese lugar, las pantallas del marcador, las cuales eran unas tablas de madera como de 3 por medio metro de alto, pintadas de blanco donde se reflejaba el ‘’Score’’ directamente de unos proyectores de acetato especialmente diseñados para ese deporte, la ultima tecnología para marcar la puntuación, de los años 20’s.
Era increíble como después de tantos años ese lugar había conservado su magia, estaba anonadado y quería seguir explorando toda la noche, pero el trabajo es trabajo, y era hora de comenzar mi turno como pinero. Llego el encargado de la comisión de boliche, y me llevo hasta mi puesto detrás de las líneas de boliche, líneas en las que se veían marcadas las bolas de boliche de tantas personas que rodaron por ahí, durante lo largo de la historia. Ese lugar donde se colocaba el pinero, era un reducido espacio de madera, donde había una línea de madera a desnivel, como para sentarse, y unos tapetes de caucho bajo ellas, al igual que un pequeño carrilito que estaba como a un metro y medio de altura, y unas maquinas rojas donde se colocaban los pinos. El encargado me explico como funcionaba esto, me dijo que primero que nada debía cubrirme de las bolas que venían con fuerza y velocidad dispuestas a golpear a todos los pinos posibles, para eso era esa línea de madera a desnivel, tenia que subir y bajar de ella, para cubrirme los golpes, de igual forma me explico que debía regresar la bola por los carrilitos, y levantar tan rápido como pudiera todos los pinos, ponerlos sobre la maquina y jalar de un pequeño cordoncito que con un motor eléctrico, que no se cambiaba desde 1932, bajaba los pinos y los acomodaba a cada uno en su lugar, de vez en cuando, debido a sus tambaleantes y frágiles movimientos, que reflejaban los casi 80 años de uso, tiraba algunos pinos, y era necesario tirarse de panza sobre la mesa, y levantarlos manualmente.
Estaba asombrado y encantado de saber que en Cananea existía un lugar así quería salir, a contárselo al mundo, pero por el momento no podía, pues llegaba mi turno de pinear, para unos señores que se preparaban para un torneo que se llevaría a cabo al día siguiente, me indicaron que tenia que hacerme cargo de la mesa 1 y 2, y que en unos minutos llegaría alguien mas a suplirme en el lugar, para que así me hiciera cargo de las mesas 3 y 4, es decir, el total de las mesas.
Después de llevar a cabo ese trabajo por un tiempo, el cual se había ido desarrollando bien, sin mencionar que el subir y bajar de la tabla de madera, y levantar la pesada bola, me estaba causando un terrible dolor de espalda, llego el otro pinero, lo vi y quede sorprendido, un anciano como de 70 años de edad, que había visto vagabundear por ahí de vez en cuando en las calles del Ronquillo, le cedí mi puesto y me cambie a las otras líneas, donde me toco pinear para unos jóvenes de intercambio estudiantil, que venían llegando desde Alemania. Aun con dudas de si el otro pinero podía desarrollar el trabajo igual que yo, tomando en cuenta del fuerte dolor de espalda que te causaba, me puse a observar fijamente la manera como pineaba, no podía creer lo rápido que era, podía levantar 4 pinos con una sola mano, y tenia sus dos líneas terminadas, el doble de rápido que yo.
Termine mi día con un intenso dolor de espalda y cansado, pero con una buena propina en mi bolsillo, y pensando que pronto tendría lo suficiente para sacar a pasear a aquella muchacha que tanto me había gustado. Al día siguiente me presente para el torneo, con el mismo animo del principio, pero cual fue mi sorpresa, los torneos son lo mas cansado y doloroso que existe para un pinero, casi 6 horas de hacer el mismo movimiento, subir, bajar, levantar la bola, los pines, jalar el cordón, subir otra vez, y así sucesivamente, hacia esas rutinas 10 o 12 veces por minuto, era lo mas cansado que había realizado en mi corta vida. Al final y después de recibir mi recompensa, cien pesos y una soda de bolsita, conseguí el suficiente dinero para lo que era mi objetivo principal, le di las gracias al comisionado del boliche, me despedí de aquel anciano pinero, llegue muerto de cansancio a mi casa y solo espere que llegara el día en el que me volvieran a llamar, para volver a ver ese mágico lugar, seguir aprendiendo su historia, y conocer mas y mas de cómo era el trabajo de un pinero en el circulo.
Lamentablemente nunca me volvieron a llamar, y poco después me entere de que fui bastante lento para recoger los pinos, ¿que ironía no?, y que era la razón por la que se habían quedado con el anciano aquel.
