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sábado, marzo 7, 2026

Miradas in-crédulas; En un 8 de marzo…

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“Ser feminista en la actualidad significa muchas cosas.

Para mí significa fundamentalmente defender la vida, defender la buena vida,

defender el derecho al afecto, el derecho a la libre expresión,

la libertad de movimiento, la economía de subsistencia (…)

También significa algo muy concreto: para mí, ser feminista significa

tener el derecho a no vivir en una familia tradicional,

tener el derecho de escribir y construir el imaginario para otras en mi literatura,

desde personajes femeninos; significa repensar la historia,

significa luchar contra la violencia contra las mujeres (…)

y en particular, hoy en día, significa mi aporte para la vida, por la paz.”

Francesca Gargallo

 

El 8 de marzo, día internacional de las mujeres, llegará a la par de la publicación de este artículo. En ese contexto, políticos y políticas pronunciarán discursos, algunos de estos discursos con compromisos por cumplirse hacia la población femenina; otros discursos en búsqueda precisamente de no comprometerse, sino más bien de ser políticamente correctos/as, recordar la fecha, su significado de acuerdo con la ONU y culminar diciendo a voz en cuello que “las mujeres podemos transformar al mundo”. No más, no menos.

La mayoría de estos actores políticos buscará aparecer en la fotografía del evento realizado y en algunos espacios sucederá también lo que las feministas hemos señalado en reiteradas ocasiones -el año pasado uno de los primeros en hacerlo fue el propio Presidente de la República-: se felicitará a las mujeres “por ser mujeres”, cuando la fecha no tiene que ver con felicitaciones, ni entrega de flores a colaboradoras y compañeras de sus áreas de trabajo o con piropos por  “lo guapas que nos vemos ese día”, y un largo etcétera.

El 8 de marzo, parecería estar tan dicho, y a la par es tan necesario recordarlo, tiene entre sus antecedentes la muerte de más de 140 jóvenes trabajadoras en la fábrica de camisas Triangle Shirtwaist de Nueva York, en el año de 1911, la mayoría emigrantes. La tragedia repercutió en la legislación de los Estados Unidos; es decir, se logró transformar el dolor y el horror en una fecha emblemática directamente vinculada a los derechos de las mujeres.

En México tiene que ser un recordatorio de todas las deudas del Estado con la población femenina. Un recordatorio de que tenemos que transformar urgentemente una sociedad machista que privilegia lo masculino. Por hablar de un tema que nos afecta tremendamente, de acuerdo con la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH 2011), “la violencia contra las mujeres, debido a su condición de género (es decir, por ser mujeres y pensar que por ello somos propiedad de o estamos destinadas a), se da en todos los ámbitos y por parte de agresores diversos, desde la pareja hasta desconocidos.” Y, de acuerdo con la misma encuesta, una de cada 10 personas en México (11.5% de la población) opina que está justificado golpear a una mujer.

La ENDIREH señala también que en México el 47% de las mujeres de 15 años y más ha sufrido algún incidente de violencia por parte de su pareja. “La entidad con mayor prevalencia de violencia de pareja es el Estado de México con 57.6%, le siguen Nayarit (54.5%), Sonora (54%), el Distrito Federal (52.3%) y Colima (51%)”. Sonora ocupa pues el vergonzoso y terrible tercer lugar.

Las mujeres también somos violentadas con el ejercicio de una ciudadanía incompleta: subrepresentadas en cargos de elección popular; contando con empleos que son remunerados de manera desigual de cómo se remunera a los varones; viviendo el denominado techo de cristal, esa barrera que no se ve, que en apariencia no existe, pero que está ahí para impedir el paso de las mujeres a los puestos de toma de decisión más altos en el ámbito público (gobierno, por ejemplo) y en la iniciativa privada.

En el tema educativo, la última Encuesta sobre Discriminación en la Ciudad de México 2013, arrojó que el promedio escolar de las mujeres es de 10.3 años en comparación con el 10.8 de los varones; casi pero no a la par, y cito el D.F. porque precisamente es una entidad en la que se han logrado los mayores avances para las mujeres.

Estas son sólo algunas de las deudas de nuestro país con las mujeres, la lista continúa.

Volviendo a mi punto inicial, en relación con los eventos a propósito de la fecha, hay que reconocer también como parte de los avances que en torno al 8 de marzo se detonan iniciativas interesantes, como el homenaje que varias mujeres de organizaciones e independientes realizarán en Hermosillo a la maestra Gaby Garatachía Colín, quien falleciera el pasado 14 de febrero víctima de influenza AH1N1 y de quien hablamos en nuestra colaboración anterior. Y otras tantas acciones de mujeres y hombres a favor de los derechos de las niñas y mujeres de todo el mundo, que precisamente duran no solamente un día, o un mes, son permanentes. Acciones a favor de una vida libre de violencia para las mujeres, a favor de la prevención del cáncer mamario y cervicouterino, a favor del derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo, entre otras; la lista es, por fortuna, interminable: pequeñas y grandes acciones en todos lados que hacen una diferencia.

Hay que subrayar también que muchas instituciones nacionales e internacionales, llevan a cabo iniciativas interesantes y sin duda, apoyan a muchas mujeres, teniendo en sus equipos a gente preparada y comprometida. Sin embargo, no siempre se aprovecha la fecha para presentar lo que verdaderamente queremos y necesitamos: esa agenda de la que antes hablamos, ese plan de acciones. Tal es el caso de Hermosillo, en donde para conmemorar el 8 de marzo, la Dirección Municipal de Atención a la Mujer, realizó una conferencia denominada “El reto de ser mujer”, a la que tuve ocasión de asistir.

La conferenciante Carolina Margarita Tremari, cuyas primeras líneas que se leyeron del currículum al presentarla fueron “señorita fotogenia” y como alguien que aspiraba “a ser como Lolita Ayala” (aclaro no tener nada en contra de alguna de las dos cosas, pero me parecen datos bastante menores en una conferencia de esta naturaleza), llevó a cabo una exposición en la que se dedicó a tratar de hacer lo que dijo que no haría: dar una charla de motivación de poco más de una hora.

Y me parece que lo dijo porque es sabido que las conferencias de motivación de poco sirven para cambiar actitudes, emocionan al público pero son pasajeras. Para cambiar actitudes y mentalidades se requiere en primer lugar de una propuesta real, que se lleve a cabo de manera sostenida (constancia), con objetivos claros y evaluación de resultados.

La conferencia fue carente de propuesta, de información, dejando sus propias ideas inconclusas y buscando enfatizar en el “puedo porque soy mujer” y por eso mismo “soy un ser maravilloso”. Reitero, para generar cambios se necesita mucho más que eso e imagino que las autoridades municipales lo saben.

Por cierto que en el evento hubo quien se manifestó “no feminista” y me llama la atención que el feminismo siempre sale a colación y tiene que ser porque aunque negado por muchas de sus herederas, es el trabajo de siglos de miles de mujeres en todo el mundo, solas y en grupo, trabajo que hoy y, a pesar de muchas deudas con las mujeres, algunas de las cuales se mencionaron arriba, rinde frutos en todas nosotras, las hoy presentes. Y toca a nosotras continuar la historia.

Como punto final quiero decir que a pesar de que lo digan políticos y políticas como frase aprendida y casi vacía, y a pesar de los eventos banales, las mujeres efectivamente podemos transformar al mundo. Y podemos empezar de alguna manera, quizá por el nuestro, por nuestro mundo, y en solidaridad (sororidad) con otras mujeres.

Nos leemos pronto.

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