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sábado, marzo 7, 2026

Miradas in-crédulas

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Tendría quizá 10 años cuando escuché por primera vez en boca de los adultos que Carlos Salinas de Gortari, quien en ese momento se perfilaba como el próximo presidente de México –el elegido por el dedo del dios presidente en turno-, había “fusilado”, siendo niño, junto con su hermano Raúl, a una joven empleada doméstica (niña en realidad, y según dicen notas de la época, de origen indígena). Versión que luego, de adulta, leí en publicaciones bastante serias.

Recuerdo que en ese momento me sorprendí mucho, y en la dimensión en la que mi edad me permitía entender, de que se hablara de esa manera de alguien que tendría el papel máximo en la vida política mexicana, tomando en cuenta además que en nuestro país tantas cosas giran en torno a la figura presidencial, sobre todo hasta antes del año 2000, aunque parece ser que ese estilo nuevamente se instaló en Los Pinos.

Sin embargo, mi edad no me permitía dimensionar los alcances acerca de que alguien que llegaría a ser el presidente de México fuera impune, y que además el suceso se conociera antes de su arribo al poder, y pasara lo que tantas veces ha sucedido en México ante casos similares: nada.

Lo que ocurrió después con Salinas de Gortari no tengo que relatarlo, ni siquiera tendría el espacio para hacerlo; ya es historia conocida. Lo más impresionante quizá es que todo apunta a que está de regreso, aunque en apariencia no protagonice la escena pública; de hecho, como señalan expertos tales como John Ackerman, varias de las reformas impulsadas por el actual presidente Enrique Peña Nieto, son muy similares a las impulsadas en su momento por Carlos Salinas. Para acabar pronto, Peña Nieto es un discípulo de Salinas.

Volviendo al punto inicial, la anécdota efectivamente no relata novedades, sólo pretende ilustrar básicamente la impunidad, el país del todo puede suceder, tema sobre el cual tantos libros se han escrito. Dicen, de hecho, que esa es una característica de nuestra región, América Latina; aunque tal vez –y no es consuelo- estos “males” no sean privativos de América Latina y tampoco son “males”, porque nada tienen que ver con designios divinos, sino con acuerdos de cúpulas de poder, con pactos, con sistemas, con grupos que quieren prevalecer por encima del interés común, etcétera (es decir que, si no es designio, es una realidad que podemos cambiar, pero de esos temas nos iremos ocupando en otros apuntes).

Escribo esto a una edad que dista en un buen trecho de mis 10 años, y aún sigo sorprendiéndome de lo que podemos llegar a presenciar en torno a la vida pública y en torno a lo que podemos considerar nuestra cotidianidad.

Hace poco murió, en lo que fue, como diría una compañera y amiga “una muerte evitable”, una compañera, Gabriela Garatachía Colín. Gaby murió de influenza AH1N1 en el Hospital General, aquí en Hermosillo. Varios artículos se han escrito al respecto, porque realmente es increíble: una mujer joven y llena de vida a quien le dicen en el Hospital General que repose para prevenir la influenza, luego un médico particular que le dice que lo que tiene es una “simple gripa” y posteriormente su vuelta al Hospital General pero al área de Urgencias, donde tuvieron que inducirle el coma; Gaby ya no salió del Hospital.

Gaby era docente de horas sueltas en la Universidad de Sonora en la carrera de Trabajo Social, y aunque trabajaba en la máxima casa de estudios de la entidad, no tenía servicios médicos. Fue así que varias cosas se conjuntaron para que esta mujer de 34 años, luchadora por los derechos humanos, particularmente de la causa de las mujeres, falleciera el pasado 14 de febrero, dejando mucha tristeza tras de sí, tanto para su familia como para sus amistades.

A eso me refiere cuando hablo de miradas incrédulas. Soy incrédula, porque no debería suceder esto en nuestro país, un país lleno de riquezas y de contrastes, que alberga (increíblemente) al hombre más rico del mundo; un país donde un ministro de la suprema corte de justicia llega a ganar cerca de 1 millón de pesos de aguinaldo; un país donde el gobierno federal gasta en 36 días de campaña, 10 millones de pesos diarios para convencernos de los “beneficios” de sus reformas; un país donde un senador hace un fiesta para su esposa en el Senado, como si fuera su casa particular o su local de fiestas, a la par que a ese mismo Senado le ponen vallas para que la gente, molesta por las reformas recién aprobadas, no se acerque; que proteste de lejos, en esa que tendría que ser una casa de todos-as y que todos-as. Pero es que precisamente ese es el asunto: es un país donde pocos tienen tanto y muchos no tienen nada, un país, el nuestro, sumamente desigual.

Podríamos continuar con esta escritura, pero cierro mi participación de esta semana con Soycobre.com, a quienes agradezco profundamente la invitación de escribir, pues me permite regresar a una reflexión ciudadana que tenía pendiente hace tiempo.

Un abrazo y nos  leemos pronto.

Escríbanme a:

celta110@hotmail.com

 

 

 

 

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